Arturo Solís Heredia
CANAL PRIVADO
* Los cambios que sí han llegado
En estos tiempos en los que todo mundo habla de cambio, en sus múltiples y variadas esferas, sobre todo en lo que se refiere a política y políticos, economía y economistas, liderazgos y líderes, ideología e ideólogos, se antoja redactar una lista de aquello que a los ciudadanos de a pie nos parece ya inservible, disfuncional, en desuso, innecesario, anacrónico y arcaico.
Olvidemos pues, aunque sea por un momento, los cambios políticos, tan prometidos y tan escamoteados por nuestra clase política toda, y revisemos en cambio los ingredientes de nuestra vida cotidiana que han cambiado, deben cambiar o cambiarán, si queremos integrarnos al reformismo del nuevo milenio.
La idea me parece más atractiva, especialmente cuando se tiene la obligación, como yo, de escribir un artículo para la edición de fin de semana de El Sur, sin que los temas convencionales logren despertarme un razonable y mínimo interés. Valga pues la excusa para mi indolente entrega sabatina:
Las estaciones de radio de amplitud modulada (AM)
Asunto del pasado, aunque algunos receptores incluyan todavía esa frecuencia, condenada a servir pronto las necesidades de comunicación de taxistas y uno que otro nostálgico fanático del ci-bi.
El correo tradicional
La llegada del e-mail nos rescató de la dimensión surrealista e impredecible en donde las cartas se perdían en el limbo, por tiempo indefinido, para llegar finalmente a sus destinos viejas, despojadas de su sentido original.
Los floppy disk
Por alguna estrategia maestra de los fabricantes de computadoras, de repente nada suficientemente importante cabe en un espacio de 1.33 megabytes… quizás sólo un texto como este.
Cigarros, ceniceros, cerillos y encendedores
A veces tengo la impresión de que soy el último fumador que sobrevive en el mundo occidental. Parias, señalados, acosados, víctimas de una cultura obsesionada con la salud a salvo de cualquier tipo de humo. Adiós cigarros, parafernalia incluida.
Las baladas en la disco
Militantes fundamentalistas de la época disco, resígnense: los chavos de ahora no necesitan de pretextos ni rituales para permitirse un liberador fajecín.
Las bubis naturales
¿En qué momento los escotes están inmersos en la globalización del silicón?
El yeso para fracturas
Qué días aquellos cuando se podía filosofar de manera barata en las fracturas de los amigos.
Las videocaseteras
Beta, VHS, DVD. Nuevas siglas, nuevos aparatos.
Los audiocasetes
La música ahora se graba y almacena en un disco duro, se convierte a mp3 y se oye en cidis.
Las tarjetas navideñas
¿Se acuerdan cuando nuestros padres llenaban las repisas y el pino de navidad con las tarjetas de felicitación? Una víctima más de la crisis económica y de la frialdad de la sociedad contemporánea.
Las fiestas en las que el anfitrión ponía todo
“Traigan lo que van a tomar, ¡ah!, no seas malo, traen los hielos plis”. Ahora los anfitriones ponen los refrescos y los vasos.
Las pestañas postizas y los tubos para el pelo
Aberraciones que nunca debimos permitirle a las señoras.
El pelo en pecho
Es un hecho, ni modo. Lo de hoy son los hombres lampiños… o rasurados. ¿Quién le entra?
La privacidad
La profecía del big brother se cumplió. Si no creen, pregúntenle a Bejarano.
Las bibliotecas domésticas
¿Se preguntan por qué sus hijos no leen, por qué están pegados a la televisión?
Es cierto, la política y los políticos siguen igual, no cambian aunque aseguren lo contrario. Pero en lugar de frustrarnos o deprimirnos, que de nada sirve, mejor redacten su propia lista de las cosas que sí han cambiado en su vida. En estos días, puede ser un ejercicio liberador.




