Periódico con noticias de Acapulco y Guerrero

Fernando Lasso Echeverría

Don José María Izazaga… el insurgente relegado

Don José María Izazaga Martínez fue un distinguido precursor y participante de la guerra de Independencia; nació en 1786 en Coahuayutla cuando ésta era la Hacienda del Rosario, propiedad de su padre José Juan de Izazaga, un español de origen vasco casado con una señora de apellido Martínez, de quien se ignora su nombre completo y su origen.
Cuando Izazaga nació, Morelos –ya de 20 años de edad– trabajaba como arriero en esta hacienda, oficio que desempeñó cerca de cinco años, ganándose el afecto y la confianza de la familia; ello provocó que el viejo hacendado decidiera ayudar en 1790 al necesitado y animoso joven, dándole una recomendación para el rector del Colegio Nicolaita de Valladolid, Miguel Hidalgo, y apoyo económico para que pudiera dedicarse a la carrera eclesiástica.
Concluido su sacerdocio en 1795, Morelos –recomendado también por el viejo Izazaga– se coloca como profesor de gramática y retórica en Uruapan –único centro educativo de la región en esa época– donde se encontraba realizando sus estudios básicos su hijo José María, de 9 años de edad. Poco después, Morelos es nombrado también adjunto del cura de dicha población.
Cumplidos los 12 años, José María Izazaga fue trasladado al Colegio Nicolaita para que realizara sus estudios de bachiller en Valladolid, misma institución educativa en donde en 1799, inicia sus estudios superiores de jurisprudencia, formando parte de la primera generación de esta carrera, pues coincide la apertura de ésta con su inicio como estudiante de leyes; sin embargo, el último año de estudios lo realiza en la Universidad de México, donde se gradúa en 1803.
Izazaga Martínez vuelve a su terruño ya como abogado, conoce la realidad social de principios del siglo XIX, y se da cuenta de las graves diferencias de vida entre la mayoría y la minoría que integraba la clase social alta de la que él formaba parte. Documentos de la época describen a Izazaga “alto, fornido, de mirada penetrante, rico, y siempre atento y dispuesto a ayudar al necesitado”. Poste-riormente, con el apoyo paterno Izazaga sale hacia Europa, vía Estados Unidos; en su viaje, recogió información de las luchas que en esos lugares se estaban dando. En España, vivió de cerca la invasión francesa de la península.

Primeras actividades insurgentes

De regreso a la Nueva España en 1808, Izazaga Martínez, con una visión clara sobre la situación de su región, empieza a organizar actividades para lograr la independencia. Después de un análisis de los lugares que conocía muy bien, seleccionó Zitácuaro para establecer allí el centro de la lucha y formar la junta local. A esto le siguió la selección de hombres destacados y con arraigo en comunidades como Uruapan, Pátzcuaro, Mara-vatío, Tlalpujáhuac, Angangueo y en especial en Valladolid, simpatizantes de la causa libertaria y con quienes se reunía con frecuencia. Pronto, en esos pueblos se formaron también juntas con grupos de amigos de Izazaga trabajando sobre la misma causa.
El cuerpo directivo de la junta conspiradora de Valladolid (hoy Morelia), fue delatado y detenidos sus miembros, pero en el juicio que se les siguió como conspiradores contra España, todos declararon que lo único que perseguían era “organizarse para defender a la Nueva España, si España sucumbía ante los franceses, que la ha-bían invadido”, audaz confesión que indujo al Virrey y Arzobispo Lizama a ordenar que se les retirara la acusación.
Izazaga se refugia en la Ha-cienda del Rosario, en donde por su aislamiento y difícil acceso, se sentía más seguro, y consciente de que los sucesos ocurridos no dejaban otra alternativa más que la lucha armada, activa la recaudación de fondos, el reclutamiento de campesinos que servirían como soldados, así como la fabricación de instrumentos bélicos para la tropa. Mantiene una comunicación activa con sus amigos de la costa, los Álvarez, los Galeana, los Bravo, los Ayala, los Guzmán y otros más que tenían la posibilidad de reunir gente para la lucha. Existen también evidencias de las reuniones de Izazaga con Morelos –enlace entre Hidalgo e Izazaga– en diversas poblaciones de la intendencia de Michoacán, para intercambiar impresiones sobre los preparativos para iniciar el movimiento armado libertario.
Al descubrirse el movimiento independentista, Izazaga salió rumbo a Apatzingán, que era el lugar más próximo del sitio donde conoció la noticia. Allí reunió a los jefes cercanos, quienes con los partidarios comprometidos, sumaron 400 insurgentes; Izazaga manda avisar a Hidalgo que estaba ya en pie de lucha, y como respuesta lo nombra coronel del Regimiento de Nuestra Señora de la Purísima Concepción, que tenía el objetivo de impulsar la lucha insurgente en parte de la costas mexiquense y michoacana. De Apatzingán se traslada con sus fuerzas a Ario, en donde apresa a los administradores de Rentas Reales y logra que se le unan nu-merosos simpatizantes de la causa. En esta población, Izazaga recibe la noticia de que las fuerzas encabezadas por Hidalgo se acercan a Valladolid y dispone que su regimiento –formado ya por 2 mil hombres– se prepare para salir y sumarse a las filas del caudillo.
Después de tomar la plaza de Valladolid el 17 de octubre de 1810 prácticamente sin oposición, y de dejar a nuevos administradores fieles a su causa, los insurgentes, con Hidalgo a la cabeza, se trasladan al Monte de las Cruces, en donde el realismo con Torcuato Trujillo al frente sufre su primera gran derrota; sin embargo, una semana después los insurgentes son derrotados en San Jerónimo de Aculco (Estado de México). Izazaga participó en ambas batallas, pero Hidalgo al ver tan comprometida la situación de la insurgencia, después de la derrota en Aculco, le pide que deje el mando de sus fuerzas y regrese a la costa, para trabajar en la consecución de apoyos para sostener la causa, organización de maestranzas para fabricar armas y municiones, insumos para el sostenimiento de la tropa y el reclutamiento de patriotas que ingresaran al ejército insurgente, actividades que continuó realizando Izazaga inclusive cuando, ya muerto Morelos, Vicente Guerrero asumió la Jefatura del Ejército del Sur.
Mientras esto sucedía, Morelos estaba en plena campaña hacia Acapulco; pasa por la Hacienda del Rosario y con todo el apoyo del padre de Izazaga sale a Zacatula con 25 hombres mal armados de la hacienda, y ahí se le incorpora un contingente realista bajo las órdenes del capitán Mar- cos Martínez, al parecer familiar de los Izazaga por parte de la madre; prosiguen a Petatlán donde coincide con Izazaga, quien logra que ahí también se sume otro pe-queño grupo de milicianos. Es un hecho inobjetable que en la actividad insurreccional de Mo-relos en la costa rumbo a Aca-pulco, obtuvo un apoyo invaluable de los Izazaga, quienes tenían mucha influencia sobre los hacendados y gente acomodada de la región.
Cuando el licenciado Izazaga Martínez recorría la costa michoacana tratando de lograr recursos para la causa, recibió la fatal noticia de que Hidalgo, junto con Allende, Aldama, Jiménez, Abasolo y otros, habían caído prisioneros de las fuerzas realistas, en las norias de Acatita de Baján. Esta funesta noticia lo obliga a buscar a Morelos y, casi un mes después, se reúne con él en Paso de la Sabana en donde le comunica la mala nueva. Morelos, sumamente consternado decide continuar la lucha insurgente y le pide a Izazaga que se traslade a las provincias del centro e investigue sobre la grave situación de los prisioneros y le informe cuanto antes el resultado de su pesquisa. Otro objetivo de su comisión, era informar lo que Morelos estaba haciendo en el sur y sus planes a futuro.
Al llegar al estado de Guanajuato, Izazaga se topa con Ignacio Rayón, quien le notifica detalladamente de lo ocurrido en las norias de Acatita de Baján y le informa que por decisión del Generalísimo Allende, él había quedado como Jefe Supremo del ejército independiente; de ahí se regresa con Rayón a Michoacán para ponerle en contacto con los jefes que operaban en la región y con quienes el nuevo jefe insurgente tuvo algunos problemas de autoridad, que fueron resueltos gracias a la intervención de Izazaga. Con ello, Rayón se da cuenta de la estimación que se le tenía a Izazaga en su región, hecho que infunde un profundo respeto de Rayón por nuestro personaje.
Izazaga mantenía comunicación permanente con Morelos, y lo tenía bien informado de todo lo que sucedía a través de personas de su absoluta confianza, como el señor Francisco Buenrostro. Fi-nalmente, Izazaga se traslada a Chilapa para encontrarse con Mo-relos e informarle personalmente de la situación en Michoacán; después –comisionado nuevamente por Morelos– regresa a la costa y continúa exitosamente su labor de proselitismo y consecución de recursos, que eran entregados a los que lo solicitaban mediante la anuencia del caudillo. Izazaga se fue tornando indispensable para Morelos y la insurgencia, pues sus actividades mejoraron el estado del movimiento, situación que motivó a Morelos a nombrarlo su consejero privado; esto le trajo a Izazaga difíciles conflictos con personajes importantes que rodeaban a Morelos, entre los que se en-contraba Rossains, el mismo que después traicionara a Morelos, acogiéndose al indulto ofrecido por el Virrey.
Cuando ocurre el sitio de Cuautla, Izazaga –enviado por Morelos– se desplaza rápidamente a Uruapan y convence a Rayón para que las fuerzas que operaban en esa zona hostigaran a las fuerzas realistas ubicadas en Toluca, y pusieran un bloqueo con la finalidad de impedir que esos contingentes bajo el mando del Brigadier Rosendo Porlier fueran a apoyar a Calleja para romper el sitio, objetivo que se logró.
Posteriormente se desata una serie de acontecimientos, en los cuales Izazaga participó en forma destacada: la distribución de zonas geográficas de la colonia entre los miembros de la Junta de Vocales (máxima autoridad de los insurgentes, de la que ya eran miembros Morelos, Verduzo, Liceaga y Rayón), para continuar el movimiento revolucionario.

Morelos, Capitán General del Ejército Insurgente del Sur

El ataque para recuperar Vallado-lid fracasó totalmente porque el sacerdote y Vocal de la Junta, José Sixto Verduzco, responsable de esa zona, no esperó a las fuerzas de Rayón y Liceaga para realizarlo, pues las rencillas por el poder entre los tres se habían agudizado.
A Izazaga también le toca participar con Morelos en la toma del Fuerte de San Diego, donde se em-pezó a tratar la convocatoria para el primer Congreso insurgente. Morelos deseaba que Izazaga fuera diputado por Valladolid, pero éste se negó debido a las intrigas y conflictos que persistían con la gente que rodeaba al caudillo, situación que Izazaga entendía como un rechazo, y ello lo obliga a retirarse a Uruapan, no sin antes aconsejar que el Congreso Insurgente ya formado se trasladara y se asentara en esta población –por la cercanía a Chilpancingo de importantes contingentes realistas–, pero “los aduladores de Morelos lograron minimizar la propuesta de Izazaga, y quien más la censuró fue el Sr. Rosains, individuo fatuo e intrigante, que en esos días gozaba de mucho ascendiente con el Generalísimo”; sin embargo, ante la seria amenaza que resultaban las fuerzas realistas, finalmente salen a Tlacotepec, donde permanecen por corto tiempo para salir después rumbo a Uruapan, en donde Izazaga les consiguió asilo seguro.

La Constitución de Apatzingan

En Uruapan, los consejeros de Morelos –contra la opinión de Izazaga– recomiendan que tome Valladolid para que fuera asiento del Congreso y sirviera de base para atacar Nueva Galicia y el Bajío; Morelos es derrotado el 25 de diciembre de 1813, y pierde todo el material de guerra acumulado con mucho esfuerzo en Chilpancingo. En Zacatula, convalece por las heridas recibidas en la batalla. Luego, ya presente Morelos, el Congreso promulgó la Constitu-ción de Apatzingán el 22 de octubre de 1814 e Izazaga recibe el nombramiento de Brigadier.
En la cansada e incómoda tarea que soportó Izazaga para proteger al gobierno insurgente, tuvo el apoyo del pueblo suriano que simpatizaba con la causa libertaria. En esa época se incorpora como diputado por la Provincia de Michoa-cán al Congreso insurgente, y por sus destacadas intervenciones en las reuniones legislativas pronto fue nombrado secretario de la directiva de este organismo. Hay constancia de su participación como secretario de la legislación en varios decretos importantes.
Además de formar parte del Congreso que huía hacia Tehuacán, Puebla, fue nombrado después Mariscal de Campo; fue integrante de la primera legislatura del México independiente, y formó parte de Los Ocho, grupo de diputados que iniciaron el enfrentamiento republicano con el emperador Iturbide, para terminar con sus abusos de poder y que finalmente lo derrocaron; formó parte también –como secretario­ de la comisión encargada de elaborar la Constitución de 1824 en la primera legislatura republicana, durante el gobierno de Guadalupe Victoria.
El 19 de julio de 1823, el Congreso declaró válidos y meritorios todos los servicios prestados a la patria en la guerra, y concedió merecidos honores a los insurgentes. Carlos María de Bustamante y otros independentistas le pidieron a Izazaga, una relación de los hechos en que había tomado parte, y éste se negó cortésmente: “Qué podemos decir nosotros, si se perdieron los documentos que crucé con los Sres. Hidalgo y Morelos y otros caudillos, en los incendios de Uruapan y Chimilpa, aparte de que en las persecuciones sufridas, destruí correspondencia valiosa, para no comprometer los planes y a los amigos; además, hicimos tanto en los 11 años de guerra, que aún siendo insignificante la parte que nos correspondió desempeñar, sería tarea enorme escribirla y probablemente por apegarnos a la verdad, no quedarían conformes los traidores que tanto mal nos causaron y que ahora, triunfante la República, pretenden hacer valer merecimientos muy discutibles. Es mejor dejar cimentar a la Nación y alejarnos de la vida pública con la conciencia tranquila, por tener la convicción de haber cumplido nuestro deber, dentro de lo que humildemente pudimos hacer por la independencia”. Se desconoce la causa y la fecha de su muerte, aunque existen documentos fechados en 1850 que informan que estaba gravemente enfermo, por lo que es posible que haya fallecido ese mismo año o en 1851.
Francisco Buenrostro, colaborador de Izazaga, escribió gran parte de las actividades de éste, aunque su texto Bosquejo histórico sobre la actuación del Mariscal José María Izazaga, en la guerra de Independencia ha sido poco difundido, a pesar de que los Talleres Gráficos de la Nación editaron un facsimilar en el sesquicentenario de la Constitución de Apatzingán de 1814.
En Chilpancingo y otras ciudades de Guerrero tenemos importantes avenidas con el nombre de gobernadores contemporáneos, pero ningún modesto callejón con el nombre de este insurgente guerrerense, a pesar de que en el DF una céntrica avenida se denomina José Ma. Izazaga Martínez.

* Presidente de “Guerrero Cultu-ral Siglo XXI”

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