Cuauhtémoc Sandoval Ramírez
En memoria de Pablo Sandoval
Hablar del fallecimiento de mi hermano Pablo Sandoval Ramírez ocurrido el 22 de octubre del 2000, hace cuatro años, me remite a un problema como articulista ya que siempre evito hablar de temas personales. Porfirio Muñoz Ledo escribió este lunes en su artículo de El Universal sobre el fallecimiento de Gerard-Pierre Charles, destacado patriota haitiano con quien tuve una estrecha amistad desde que fue mi maestro en la facultad sobre la realidad latinoamericana y recibí varios cursos sobre marxismo. Lo tituló El duro combate y empezaba diciendo: “La desaparición de los amigos es testimonio implacable del paso de las generaciones y de nuestra propia finitud”. Más adelante remataba su idea: “A todos debiéramos ofrecer el homenaje de nuestra reflexión y el refrendo de nuestra fidelidad a las causas que nos unieron”.
Por eso, retomo este último planteamiento sobre la fidelidad a las causas que nos unieron. La vida de Pablo fue una constante fidelidad a la causa del socialismo, de la democracia, de un nuevo rumbo para Guerrero, así como su infinita lealtad al cardenismo y a la izquierda militante, afluentes fundamentales del PRD.
Su muerte ocurrió luchando en coherencia con lo que hizo toda su vida. Ésta le llegó al asistir a organizar un acto con motivo de la presencia en Acapulco del ingeniero Cuauhtémoc Cárdenas Solórzano, quien había asistido esa mañana a un acto convocado por Alberto López Rosas y el Movimiento Cívico de Acapulco. Como perredista coherente y comprometido Pablo no podía admitir que buscaba que su partido no lo recibiera dignamente y también tuviera una interlocución formal con el ex candidato perredista y se dio a la tarea de reunir al perredismo en un hotel acapulqueño.
Era un momento difícil para el PRD, después de la imposición en Guerrero de René Juárez Cisneros en 1999 y de nuestra derrota electoral el 6 de julio de 2000, que permitió ganar a Vicente Fox la Presidencia de la República. Pablo en un análisis visionario, sabía que el perredismo en Guerrero gozaba de cabal salud, a pesar de las artimañas y del voto (in)útil. Eran momentos en que era fácil buscar culpables y con facilidad se podían fabricar chivos expiatorios, y muy difícil el camino de encontrar respuestas claras a nuestro estancamiento electoral
Pablo recorrió durante sus últimas cuatro décadas la vida política de Guerrero. Se inició como líder estudiantil desde la secundaria, pero su debut se dio en el movimiento estudiantil-popular de 1960, que forjó toda una generación de luchadores sociales, muchos de los cuales hoy son cuadros probados del perredismo en nuestro estado.
Le tocó asimismo la resaca de este movimiento, ya que en esa etapa de la vida política guerrerense no existía una organización política que condujera a buen puerto el victorioso movimiento del 60. Algunos líderes fueron cooptados por el sistema; otros se radicalizaron y se fueron a la guerrilla, de tal modo que mantenerse dando la pelea en la legalidad era un oficio demasiado complicado y Pablo sin duda estuvo a la altura del desafío.
Nuestro padre agobiado por la carga financiera de su familia, hostigado por la burocracia que le quitó sus empleos de médico y acosado por la persecución judicial que lo quería ligar con las nacientes guerrillas de Genaro y Lucio, optó por salir del estado y del país y encontró refugio en la naciente revolución cubana.
Pablo, en una actitud ejemplar fue el único de la familia que decidió quedarse en Chilpancingo, a fin de continuar con la lucha en su amado Guerrero. Los hijos de Pablo cuentan que él se enorgullecía de haber preferido consolidar la lucha en su país, y de sus estudios de derecho decía: “En Cuba la Revolución ya triunfó, en México mañana también triunfará”.
Expulsado por razones políticas de la escuela de derecho de la UAG, Pablo encontró asilo estudiantil y continuó sus estudios en la Facultad de Derecho de la UNAM donde finalmente concluyó la licenciatura. Ahí se ligó con los cuadros estudiantiles de la Juventud Comunista y de la Central Nacional de Estudiantes Democráticos, que aportaron su experiencia en el movimiento estudiantil de 1968. Tuvo la oportunidad de vivir movimientos sociales en otras latitudes del mundo, en uno de los periodos más importantes para Europa del Este. Vivió en Sofía, Bulgaria donde consolidó sus estudios de marxismo y adquirió nuevas experiencias.
De regreso de Europa se encontró con gran parte de sus amigos y camaradas en la cárcel como resultado de la represión al movimiento del 68. En un acto de osadía, en la Universidad Nicolaíta de Morelia en 1970, durante la campaña electoral de Luis Echeverría, lo obligó a guardar un minuto de silencio por los caídos el 2 de octubre en Tlatelolco, hecho que casi le quita la candidatura presidencial a Echeverría. Por poco nos salva de este abyecto presidente que hoy está a punto de ser enjuiciado por los crímenes que cometió.
En los años 70, Pablo fue un protagonista central en Guerrero a donde regresó y colaboró de manera destacada en la insurgencia universitaria que llevó a Rosalío Wences Reza a la Rectoría de la UAG y su propuesta de la Universidad-Pueblo, tesis más voluntarista que puede ser debatida con real fundamento en términos académicos, pero en términos políticos dejó una huella indeleble en nuestra Universidad. Al mismo tiempo llegó a la gubernatura Rubén Figueroa Figueroa, quién debido a la lucha e inteligencia de Pablo, le tuvo un odio acendrado. Sin embargo, Pablo se vanagloriaba que nunca cayó en las garras de Acosta Chaparro, Acosta Viques y los represores de la época.
Pablo nuevamente salió exiliado de Guerrero, lo cual aprovechó para cursar su maestría y doctorado en la UNAM y al mismo tiempo desarrolló una intensa vida sindical, tanto en el STAUAG como en la organización que impulsaron los sindicatos universitarios a nivel nacional. Nunca dejo de ir y venir de Guerrero, y la amnistía del gobierno de Alejandro Cervantes Delgado, finalmente lo asentó nuevamente en nuestro estado.
Pablo fue muchas veces, candidato a diputado y senador, en los tiempos más difíciles de la vida política de la izquierda en Guerrero y en el país, y con ello abrió los caminos democráticos que hoy podemos transitar tranquilamente. Fue hasta 1997, cuando la transición empezaba a dibujarse, que Pablo obtuvo un escaño como se convirtió en diputado federal, ganando de mayoría por el distrito IX de Guerrero que hasta entonces había sido baluarte priísta. Con aplomo y volcando toda su experiencia, llegó a ser presidente de la Cámara de Diputados.
Pablo estaría orgulloso del actual movimiento político-electoral en Guerrero. En estos momentos, cuando el perredismo unificado levanta la candidatura de Zeferino Torreblanca como una opción viable desde la izquierda para reencauzar a nuestro estado por una nueva ruta, que deje atrás el autoritarismo, los estilos salvajes de gobernar y se abra un nuevo capítulo en su historia. Nuestro triunfo será el mejor homenaje a Pablo Sandoval Ramírez y desde luego nuestro triunfo se lo deberemos a él y a todos los caídos en nuestra lucha, por haber abierto los caminos (todavía inconclusos) de la democracia.




