Fue como encontrar un tesoro, dice uno de los buzos del velero que rescató al pescador
Fue como encontrar un tesoro, dice uno
de los buzos que rescató al pescador
José Vázquez Mendoza indicó que junto con sus tres primos salieron a navegar para disfrutar de su día de descanso cuando a unas 10 millas de la isla de La Roqueta vieron a Raymundo Rodríguez dentro de la hielera, quien movía las manos en señal de auxilio. Cuando estaba en altamar pasaron barcos grandes y ninguno le hizo caso, les comentó el náufrago
Mariana Labastida
“Fue suerte haberlo encontrado”, afirmó José Vázquez Pedroza, uno de los buzos que iba en el velero que rescató al pescador Raymundo Rodríguez, quien llevaba ocho días en altamar.
El pescador les relató que pasaron barcos “grandes” junto a él pero ninguno le hizo caso a sus señales.
José Vázquez indicó que el viento inusual que venía del sur por los fenómenos naturales fue el que acercó al pescador a la costa y no se lo llevó hacía Oaxaca o más abajo, como sería lo común.
Pepe Vázquez, como pidió que se le llame, salió a altamar con su hermano Nai y sus primos Ulises y Roberto a las 7 de la mañana para disfrutar su día de descanso; él es director de Acapulco Scuba Center.
Indicó que se alejaron a 25 millas del puerto (40.2 kilómetros) y a su regreso, como a las 5 de la tarde, a unas 10 millas de la Isla de La Roqueta (16 kilómetros) vieron lo que les pareció un cayuco (embarcación pequeña). A esa distancia se veía el puerto.
Explicó que los cuatro vieron la embarcación que estaba a unos 5 kilómetros de la suya mientras buscaban troncos o lirio, que es arrastrado por la la lluvia al mar “y a veces hay pez Dorado o Vela con ellos”.
Agregó que pudieron pasarlo de largo, sin embargo les llamó la atención y con ayuda de los binoculares vieron que el pescador movía las manos en señal de auxilio.
“Conforme nos fuimos acercando nos dimos cuenta de que era una hielera, como de uno y medio por uno y medio y él estaba adentro, nos hacía señales con una gaviota que se estaba comiendo”, narró Pepe, y dijo que se acercaron con miedo de que fuera un narcotraficante que se hubiera quedado varado con alguna carga, por eso al acercarse le preguntaron qué traía y la respuesta fue: “nada, me estoy comiendo una gaviota, me estoy comiendo un pájaro”.
Añadió que por una falla no podían detenerse, así que al pasar junto al náufrago “lo trepamos, “nosotros estábamos muy nerviosos, eufóricos, queríamos saber todo de él, queríamos empaparnos de experiencia, no tanto por amarillismo sino porque estábamos sorprendidos de habernos encontrado a alguien así”.
Pepe calificó el haber encontrado a Raymundo como un “tesoro” del que eran su última esperanza; “cuando te dedicas al buceo siempre sueñas con encontrarte un tesoro, un galeón hundido, habernos encontrado a este hombre ahí, nos encontramos un tesoro que nos va a durar toda la vida el recuerdo de haber salvado la vida a alguien”.
Indicó que el pescador les relató que estaba con su compañero, que falleció, a unas 30 millas de Acapulco (48.8 kilómetros aproximadamente) cuando una ola se metió adentro del cayuco y lo llenó pero no lo hundió.
Dijo que “al encontrarlo él estaba muy consciente, él nunca perdió la esperanza, él nos dio una lección muy grande, la esperanza nunca la pierdas”.
Al subirlo al velero, recordó Pepe, Raymundo “olía a gaviota, olía a mar, a náufrago, el olor de las plumas se le impregnó a él”, y que también lo rosado de sus brazos.
Pepe explicó que el pescador les dijo que había estado agarrando a su compañero hasta que murió y lo amarró al cayuco en el que iban por si encontraban la embarcación.
Agregó que después de asegurarse de que era uno de los pescadores perdidos, además de informar a las autoridades llamaron a amigos porque querían que se localizara a la familia y decirle que estaba bien.
Ellos llevaron al pescador con los marinos que llegaron en una lancha rápida con médicos a bordo para darle atención; “me dio mucho gusto porque si alguna vez nosotros necesitamos ayuda estarían ahí muy rápido”.
Pepe consideró que les tocó suerte el haber encontrado a Raymundo porque “es muy difícil la búsqueda en altamar, es como buscar una aguja en un pajar, este hombre es un sobreviviente, le echó muchas ganas a la vida, no sé si hubiera durado un día más por la deshidratada”.
Dijo que no los han buscado las autoridades, pero eso lo considera bueno porque no tienen que pasar por un trámite burocrático, y pidió que así fuera con todas las autoridades cuando son casos similares, porque el pescador les platicó que barcos “muy grandes, de carga” lo vieron y no se detuvieron.
La conclusión a la que llegaron los cuatro primos es que para las embarcaciones sería pérdida de tiempo el alejarse de su destino para entregarlo al puerto más cercano, “tal vez es un rollo burocrático y por eso prefieren seguir”.
Pepe y sus familiares documentaron el encuentro de Raymundo en dos videos que compartieron en las redes sociales, en los cuales se ve la hielera azul en la que flotaba y les dice que se comió cuatro gaviotas y una tortuga para sobrevivir y que su compañero había fallecido un día antes a la 1 de la tarde, y les pareció curioso la exactitud de la hora porque el pescador no traía reloj, pero también había perdido la noción del tiempo al decir que había pasado cinco noches en altamar, cuando tenían 10 días fuera.
Raymundo Rodríguez y Mario Morales, que falleció en altamar, zarparon en la embarcación de nombre Tiburonero III el pasado 12 de septiembre de la playa Manzanillo y regresarían el 14, lo cual no ocurrió, por lo que fueron reportados cuatro días después y se inició la búsqueda, la cual terminó el pasado lunes cuando se encontró al mediodía el cayuco con el cuerpo del pescador que murió y por la tarde se dio el reporte del rescate del otro que flotaba sobre una hielera cerca de la isla de La Roqueta.




