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Revive compañía venezolana la defensa de la dignidad humana en La Verdad Sospechosa de Alarcón

Anarsis Pacheco Pólito

Taxco

La destreza y versatilidad de los actores venezolanos que participan en esta nueva edición de las Jornadas Alarconianas, estuvo presente con la lectura de cada diálogo de la obra La verdad sospechosa, del celebrado dramaturgo taxqueño, Juan Ruiz de Alarcón, en la presentación realizada  en el teatro del hotel Posada de la Misión.
El dramaturgo Juan Ruiz de Alarcón destacado por la creación de sus figuras dramáticas que representan tanto una defensa de la dignidad humana como una crítica de los defectos humanos y un antecedente de la moderna comedia de caracter, fue celebrado por primera vez con una de sus obras más conocidas.
Los actores venezolanos que participaron por segunda vez en esta edición de las Jornadas Alarconianas, después de presentarse en el Corral Plateresco con la obra Lírica, la tarde de ayer montaron la obra mencionada con variaciones en su escenario, en el tema y en el desempeño actoral.
En La verdad sospechosa es Don García el personaje principal, interpretado por Luis Domingo González, también director de escena, quien metido en su papel se convierte en un ejemplo del mentiroso empedernido que acaba siendo víctima de sus propias mentiras y engaños.
Es la obra más afamada del autor guerrerense, considerada una fábula de intención moralista, aunque la mayoría de los estudiosos plantean otra visión: la crítica a la mentira es la intención dominante, pero no puede catalogarse como un texto didáctico ni moralizante.
La obra tiene como escenario principal Madrid, donde el mentiroso Don García conoce a Jacinta, interpretada por Verónica Arellano, y a Lucrecia, interpretada por Carolina Torres. El personaje principal está realmente enamorado de Doña Jacinta y a fin de ganársela inventa toda una red de mentiras que dan sentido a la historia. Al final Don García reconoce sus errores y recibe un merecido castigo por sus embustes.
Cabe mencionar que la obra afamada del dramaturgo taxqueño fue leída en su prosa original, con un acento venezolano que no le resto mérito alguno a la historia que fue escrita entre 1618 y 1621, y que se dice que fue escrita antes de la muerte de rey Felipe III, a quien la dedicatoria supone vivo.
El escenario montado para la lectura de la obra constaba de catorce atriles, cada uno con el nombre del personaje escrito en el frente para mejor compresión del público que atendió el desarrollo de la lectura durante más de una hora.
Los actores llegan a representar dos papeles a la vez sin perder el sentido de la lectura de los diálogos con la claridad necesaria para que el público mantuviera el interés.
Además del nombre, cada uno de los atriles contaba con alguna prenda que identificaba a los personajes, como sombreros, flores, abanicos, rebozo, chales, guantes y abrigos, dispuestos para que los actores recrearan la caracterización correspondiente, pues las tres mujeres y el único hombre que integran el elenco de la compañía de teatro San Martín de Caracas, deben desarrollar su versatilidad y habilidad para encarnar a 14 personajes.
Sin embargo y a pesar de la calidad de los actores venezolanos su voz se perdía en perjuicio de la claridad, quizá por esa razón poco a poco el público se fue retirando hasta quedar casi la mitad de los que inicialmente llegaron atraídos tanto por la obra del ilustre taxqueño como por la calidad de los actores.
Vale la pena comentar que para el decorado de los escenarios han tomado las flores fabricadas a base de hoja de mazorcas hechas por manos de artesanos guerrerenses, las que pintadas de color plateado le dan una novedad fantasiosa al diseño, sobre todo cuando se iluminan con luces moradas.

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