Periódico con noticias de Acapulco y Guerrero

Anituy Rebolledo Ayerdi

El teatro de las Máscaras

 Un movimiento cultural con honda huella en Acapulco

Los sesenta

El escándalo suscitado en Acapulco por una obra de teatro trascenderá incluso a la capital cultural del país. Demoledoras líneas de prensa no harán otra que exhibir la pudibundez de algunos medios al servicio del poder. Se vivían los primeros años de la década de los 60 y nadie imaginaba entonces el terrible cierre que le deparaba a los mexicanos.

Acapulco era gobernado por el litigante Canuto Nogueda Radilla, abrigando la esperanza de ser el último alcalde analfabeta de Acapulco, fallida finalmente. Etiquetado por el PRI como comunista, había sido uno de los miles de guerrerenses que habían echado del gobierno de Guerrero al general priista Raúl Caballero Aburto.

Las cosas habían ocurrido de la manera siguiente: el comité municipal del Instituto Nacional de Protección a la Infancia (IMPI hoy DIF) acepta la oferta del Instituto Regional de Bellas Artes de Acapulco de una puesta en escena en beneficio de sus desayunos escolares. El IRBAA era dirigido entonces por el pintor Luis Arenal, cuñado de David Alfaro Siquieros y coautor de un primer atentado sin sangre contra León Trostky, el coco de Stalin, en Coyoacán. Lo acompañaba en esa tarea su esposa, la notable luchadora socialista Macrina Rabadán, primera legisladora de oposición en el Congreso mexicano.

A caballo dado no se le ve el diente, dice bien la sabiduría popular. Entonces ni el Ayuntamiento ni el DIF tendrán reparos sobre el título, contenido y propaganda de la obra. Los murales y programas de mano invitaban: “El ayuntamiento de Acapulco, en coordinación con el IRBA, presentan a beneficio de los desayunos escolares del IMPI la obra teatral La prostituta respetuosa, del filósofo y literato francés Jean Paul Sartre, con la primera actriz Rosa Mondragón”. Bla, bla, bla.

Eso bastará para que una jauría mojigata y feroz se lance sobre la yugular del alcalde Nogueda Radilla, exhibiéndolo como un depravado al                                    relacionar un tema de “inmoralidad intrínseca” con la inocente niñez acapulqueña. Los modernos inquisidores demandaban la suspensión de la obra y la destitución del alcalde inmoral, ninguna de las dos cosas cumplidas, por supuesto. Canuto, por su parte, cuyo filoso ingenio reconocían aun sus más enconados enemigos, descubrirá entre sus detractores a dos que tres “padrotes profesionales”, según los calificó.

La gazmoñería utilizada como argumento disuasivo tendrá en este caso como en todos los anteriores y posteriores el efecto sorprendente de un bumerang. La representación de la sarteana Putain respecteuese llenará el cine Playa Hornos, constituyendo un clamoroso éxito artístico y de público. Los hipócritas se quedarán con las morbosas ganas de verla.

Roberto Ceballos

Por aquellos tiempos de borrascas moralinas se planta aquí el teatro de las Máscaras (TM), como un proyecto cultural amplio y diverso. Una agrupación que estimulará durante las dos décadas siguientes el interés de los porteños por las bellas artes, pero particularmente por las escénicas. Su creador y director, Roberto Ceballos Delgado, un poblano que tuvo que radicarse en el puerto por recomendación médica y que aquí formarán una familia acapulqueña.

El Teatro de las Máscaras había nacido cinco años atrás en la ciudad de México, fundado por los actores Erick del Castillo, Jacqueline Andere, Arcelia Chavarría y el propio Ceballos. Habrá después filiales en Puebla, Tecamachalco y Guadalajara.

José Luis Medina Manzanares, uno de los  valores surgidos de aquella experiencia, recuerda haber recibido talleres de actuación y disciplinas colaterales de gente muy importante. Como la actriz Carmen Montejo, entonces esposa de Cevallos Delgado; el director Fernando Wagner, el dramaturgo Emilio Carballido y los actores Fernando y Andrés Soler, así como doña Sara García. Para Medina, también pintor, compositor y cantante, el actor nunca es producto de la improvisación, sino de una largo y tesonero proceso de estudio y trabajo escénico.

El maestro Ceballos, dice, realizó una tarea didáctica y creativa de mucho valor frente a un grupo de jóvenes que tuvieron fe en él y lo siguieron en un proyecto nunca antes intentado aquí. Las enseñanzas obtenidas en el TM no sólo nos sirvieron arriba del foro sino en el gran escenario de la vida, acota.

Figuran en la lista de precursores: Juan Gilberto León, Hilda Saavedra, Edelmira de la O, Héctor Caro, Gregorio Balboa, José Santillán y el propio José Luis.

Llegarán luego, para cubrir la etapa más activa del grupo, Alejandro Álvarez, Lola León, Tadeo Arredondo, Sandra Bustamante, José Suástegui, Leonel Rendón, Yolanda Rendón, Aída, Edith y Edmundo Espinobarros, Emilio Vizarretea, Jesús Rodríguez y su esposa Silvia Escalona, Vicky Abarca, Alicia Martínez, Gabriel Abarca, Trini Ponce, José Luis Salas y el doctor Víctor Manuel Montemayor.

Trashumante

La etapa trashumante del teatro de las Máscaras significa sin duda el más rico aporte a la cultura popular de un grupo sin subvención oficial. Alejados de las facilidades escénicas de los teatros Juan Ruiz de Alarcón y Domingo Soler, los jóvenes actores habrán de enfrentarse a carencias totales e incluso con dramáticas barreras lingüísticas.

Quechultenango, Mochitlán, Tlapa, Chilapa, Arcelia y Tixtla, así como las cabeceras de ambas costas, figuraron en la bitácora de giras de la organización. La reacción de esos públicos frente al fenómeno escénico será analizada luego de cada función, destacando junto al enorme poder de comunicación del teatro la notable sensibilidad de los espectadores.

Los escenarios naturales de los barrios de Acapulco serán aprovechados por el TM para poner en ellos dramas y comedias de autores locales, nacionales e internacionales. Se dará el caso de una obra escrita especialmente para escenificarse en el Pozo de la Nación: Recuerdos de mi barrio, de Marissa Garrido. También El relojito de Dios, del inolvidable periodista y escritor porteño Ernesto García Moraga, para el patio del Domingo Soler. Esta última obra visitará diversos escenarios populares constituyendo sucesos artísticos en cada uno de ellos.

En esas y muchas otras obras mostrarán sus dominios escénicos Vicki de Victoria, Enedina Cabrera, María Elena Baca, Nicolás Rodríguez, Elodia Rodríguez, Abraham Ramírez ( pintor); Pompeyo Flores, Pedro Peláez (cantante); Alicia y Viridiana Cruz Gatica, Francisco Santiago, Alicia Ballesteros, Carlota Mastache, Martha Ballesteros, Rosa Elena Estrada y Rosaelena Cruzabeiro.

Teatro escolar

Otro   acierto grande del TM fue su programa de Teatro escolar, del que surgirán no pocas promesas del arte escénico y que en algunos casos reforzarán las filas de la agrupación. Los concursos en las escuelas primarias, secundarias e incluso preparatorias, contaron con el patrocinio del DIF municipal contando por ello con los escenarios más importantes de la ciudad.

Otros militantes: Juan Francisco Berdeja, Celia Castañón, Vicky Berdeja, Carmen Salas, Mary Barrientos, Irma Nava, Blanca Moreno, Ramón Bruno, Roberto Escudero, Teo Escobar, Isabel Fuentes, Rodolfo Campos, Jorge Galicia, Virgilio Medina y Ana María Castellanos.

El éxito histórico del teatro de las Máscaras es sin duda la obra Sumergidos, de Stuart y Levergue, presentada cinco mil veces en el teatro Domingo Soler y el cine Playa Hornos. Sus actores José Suástegui, Aarón Ruelas, José Luis Medina, Juan Gilberto León Berdeja, Gregorio Balboa, Alejandro Álvarez y el propio Ceballos.

Los actores de Las Máscaras trasegaron por el teatro de todas las épocas y todas lenguas. Otros momentos importantes del grupo se dieron con obras como La cuerda, de Patrick Hamilton, cuya versión cinematográfica hizo James Stewart. Las manos de Eurídice, de Pedro Bloch; Antes del desayuno, de O’Neil; Obsesión fatal, de Pedro Mora; El hombre de la flor en la boca, de Pirandello; El zoológico de cristal, de Williams; El golfo, de García Moraga; El peluquero del rey, de Ibarguengoitia: Cita en Palenque, de Pablo Salinas  y Cómo triunfar en la vida, de Andrés Soler.

Orgullo del grupo haber estrenado la comedia de Ermilo Abreu Gómez, Un loro y tres golondrinas, así como el montaje de un espectáculo extraordinario con la poesía de Federico García Lorca y Pablo Neruda, titulado Olimpiada 68.

Gorostiza

Celestino Gorostiza, el prolífico dramaturgo tabasqueño, miembro de Los Contemporáneos y director del Bellas Artes, conoció y estimuló el esfuerzo de los muchachos del TM. Cada vez que tuvo oportunidad compartió con ellos su profunda sabiduría teatral abrevada en sus años como creador de los celebérrimos teatros Ulises y Orientación.

Los gobiernos –rememora el actor José Luis Medina– han regateado históricamente recursos para la cultura. Quizás convenga a los gobernantes mantener vendados los ojos de los pueblos ante las expresiones culturales, referidas básicamente a la belleza y a libertad. El Teatro de las Máscaras rompió en su momento con ataduras oficiales pues prefirió ser fiel a su público. Fue entonces cuando la sala del domicilio particular del profesor Ceballos se convirtió en escenario.

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