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Al menos 40 de los estudiantes que están desaparecidos fueron detenidos por policías de Iguala, afirman testigos

*Jóvenes que se refugiaron en un cerro tras el primer ataque del viernes declaran que vieron que subieron en patrullas a decenas de sus compañeros, y escucharon que se los llevaban a “sol azteca”

Jacob Morales Antonio

Iguala

Estudiantes de la Normal Rural Raúl Isidro Burgos de Ayotzinapa, que sobrevivieron a los ataques de policías municipales de Iguala y de un grupo armado relataron que tuvieron que esconderse y permanecer en los cerros de la ciudad para sobrevivir.
Afirmaron que unos 40 de los 58 estudiantes que se encuentran desaparecidos fueron detenidos por los policías municipales tras el primer ataque y se los llevaron en patrullas, a un lugar conocido como “sol azteca” pero no supieron precisar si es una colonia; este nombre lo escucharon los testigos de los mismos policías municipales que participaron en el ataque.
Hasta ayer se informó de tres heridos de gravedad; uno en estado de coma con un balazo en la cabeza, Aldo Gutiérrez Solano, originario de Zihuatanejo, de 19 años, estudiante de primer año de la Normal. Edgar Andrés Vargas del estado de Oaxaca, tiene un balazo en la boca.
La maestra integrante de la Coordinadora Estatal de Trabajadores de la Educación (CETEG) Fátima Bahena, se encuentra delicada pero estable, resultó herida en el ataque del comando armado. Además hay otro estudiante herido por bala que le cercenaron dos dedos, del que no se tiene su identidad.
Se confirmaron hasta ayer tres decesos durante el segundo ataque cometido por sicarios a la media noche: Daniel Solís Gallardo, originario de Zihuatanejo, de 25 años, que ya fue recogido por sus familiares. Ayer se encontraba en el Semefo de Chilpancingo el cuerpo de otro estudiante que antes había sido identificado como Yosimar Guerrero, de Omeapa, Tixtla, pero ayer los familiares no reconocieron el cuerpo, y plantearon que está desaparecido; falta identificar el cuerpo de este segundo alumno.
Ayer se informó que el nombre del estudiante apodado El Chilango corresponde a Julio César Mondragón, de entre 18 y 20 años, del DF, que fue dejado desollado y tirado a unos 500 metros de la emboscada.
Los jóvenes, la mayoría del primer año de la escuela Normal, llegaron en grupos de diez a 15, entre las 4 y las 8 de la mañana de este sábado a las instalaciones de la Procuraduría General de Justicia del Estado de la región norte, y ante el agente del Ministerio Público daban su versión de los hechos.
El sábado por la noche la dirigencia estudiantil de la Normal informó que había una lista de 67 estudiantes desaparecidos, pero este domingo la lista se redujo a 58 porque en la primera había nombres repetidos. De acuerdo con los jóvenes unos 30 policías participaron en el ataque e identificaron las patrullas 018, 020, 023, 027, 028 y la 302 en el momento de la agresión.

Corrimos de las balas de los municipales

Uno de los sobrevivientes del ataque de los policías municipales, relató que minutos después de las 20 horas efectivos policiacos les cerraron el paso a los tres autobuses donde se desplazaban para regresar a la Normal de Ayotzinapa, Tixtla; dos de la empresa Costa Line y uno de Estrella de Oro.
Minutos antes los estudiantes retuvieron los tres autobuses en la central de autobuses ubicada frente al mercado municipal, donde comenzó la persecución de la policía municipal. Durante ese tiempo y hasta después de la 1:30 no hubo presencia policiaca ni del Ejército en el lugar.
El estudiante dijo que en la esquina de la calle Juan Álvarez y la avenida Periférico, los policías comenzaron la agresión y algunos estudiantes decidieron bajar para dialogar con los elementos, pero éstos les apuntaron con las armas y comenzaron a disparar alcanzando a Aldo Gutiérrez Solano que recibió un disparo en la cabeza y hasta la tarde de ayer estaba en terapia intensiva en el hospital regional de la ciudad.
“Corrimos, para todos lados, unos se fueron entre las calles que van al centro y otros seguimos por la avenida (Periférico) hasta llegar a los cerros, oíamos que los policías en sus patrullas nos seguían y a lo lejos escuchábamos las ráfagas de los disparos”, rememoró el estudiante con lágrimas en los ojos.
Dijo que un amigo y él se refugiaron en el monte, no recuerda con exactitud cómo llegaron al lugar. Indicó que ahí bajo una intensa lluvia que comenzó desde la media noche, permanecieron hasta el amanecer, cuando lograron contactar por mensajes de textos a sus compañeros quienes les indicaron que tenían que trasladarse a las instalaciones del Ministerio Público.
Alrededor de las 7:30 llegaron al inmueble unos 15 estudiantes entre ellos el joven que relató los hechos. En ese mismo instante el procurador Iñaki Blanco Cabrera dejaba las instalaciones de la Procuraduría donde llegó después de las 2 de la madrugada. Y a pesar de que los reporteros presentes trataron de entrevistarlo se escabulló en las oficinas.

El segundo ataque

Luego del primer ataque por policías, los estudiantes que quedaron en los alrededores comenzaron a reunirse y a las 12:30 de la noche, cuando integrantes de la dirigencia estudiantil ofrecían una conferencia donde denunciaban los hechos y daban a conocer la primera víctima que abatieron los policías, sin embargo al día siguiente se supo que estaba herido, grave.
Un grupo de civiles armados comenzó a disparar desde el carril que va de sur a norte a los estudiantes, ciudadanos transeúntes, maestros de la Coordinadora de Trabajadores de la Educación Guerrero (CETEG) y reporteros de la fuente que se encontraban en el lugar.
Todos corrieron para resguardarse de los disparos que duraron unos 15 minutos de acuerdo con los jóvenes normalistas. En el lugar quedaron decenas de cartuchos percutidos de diferentes calibres, 9 milímetros y AR-15.
Los integrantes de la dirigencia indicaron que todos corrieron, otros más se tiraron al piso mientras las balas rozaban cerca de sus cuerpos, y oían los gritos de mujeres y civiles que pasaban por el lugar.
En el ataque murieron los estudiantes Daniel Solís Gallardo originario de Zihuatanejo y quien inicialmente fue identificado como Yosimar Guerrero, pero sus familiares confirmaron que el cuerpo no corresponde a él. Los dos cuerpos quedaron boca bajo en el pavimento, fulminados por las balas.
Tras el ataque y más de cuatro horas después del primer atentado cometido por policías contra los normalistas arribaron tres patrullas del Ejército que resguardaron la zona, mientras esperaban el arribo de los peritos de la Procuraduría del estado.

Policías se llevaron a unos 40 estudiantes

Declaraciones recogidas de los propios normalistas que llegaron a las instalaciones del Ministerio Público en Iguala, señalaron que los policías municipales detuvieron a unos 40 estudiantes, los subieron a las patrullas y se los llevaron a un lugar conocido como “sol azteca” no supieron precisar si es una colonia de Iguala.
Indicaron que cuando los policías realizaron el ataque en contra de los jóvenes que iban en los tres autobuses algunos quedaron en el piso y otros corrieron en calles cercanas donde fueron detenidos y trepados a las patrullas que los llevó al punto desconocido.
Los maestros de la CETEG y los integrantes de la dirigencia reclamaron el sábado por la mañana al subprocurador León Maldonado, la presentación de los estudiantes desaparecidos.

Cinco horas después los cuerpos fueron recogidos

Minutos después de la 3 de la mañana policías ministeriales y peritos del Servicio Médico Forense (Semefo) llegaron al lugar y realizaron las diligencias, tomaron fotos y recogieron los cartuchos percutidos que dieron muerte a los dos estudiantes.
La lluvia que no dejaba de caer desde la media noche, mojó lo cuerpos de Daniel y del otro joven.
El silencio que había en el lugar era interrumpido por la alarma del Urban blanca placas HDF8314 del estado con el parabrisas destruido por completo por la balas.
Al lado quedó un carro Chevy placas del estado de México MBC 9797 azul marino, con las ventanas abiertas, tenía algunas balas incrustadas en la cajuela. A unos metros estaba el primer cuerpo que vestía pantalón de mezclilla, y playera color verde militar.
Unos cinco metros al fondo estaba el segundo cuerpo del normalista que vestía un pantalón deportivo negro con franjas rojas verticales y una playera roja. A su lado quedó estacionada una motoneta. También se contaron al menos cinco casquillos que fueron tapados con igual número de vasos de plástico.
En la esquina de las calle Juan Álvarez, quedaron en fila los tres autobuses, los primeros dos de Costa line, y el otro Estrella de Oro. Al fondo interrumpió el sonido de la alarma de la combi las consignas de los maestros de la CETEG y estudiantes normalistas que exclamaron “Lucha, lucha, no dejes de luchar por un gobierno obrero campesino y popular” además de “no has muerto, no has muerto camarada, tu muerte, tu muerte será vengada”.
Minutos después de las 5 de la mañana los cuerpos de los dos estudiantes fueron levantados y trasladados al Semefo.

Resguardo policiaco en el MP por la llegada de Iñaky Blanco

Desde el arribó del procurador del estado Iñaky Blanco Cabrera, la Policía Ministerial cercó las entradas del inmueble y mantuvo una sigilosa vigilancia, ahí también estuvo el subprocurador de control regional y procedimientos penales Víctor Jorge León Maldonado quien está al mando de las investigaciones.
También llegó el presidente encargado de la Comisión de Defensa de los Derechos Humanos del estado, Ramón Navarrete Magdaleno, quien estuvo supervisando las diligencias que se realizaban a los estudiantes. Representantes de la CETEG encabezados por los maestros Antonia Morales y Salvador Rosas estuvieron acompañando a los estudiantes.
Al interior del inmueble los efectivos policiacos también resguardaron los pasillos, mientras los jóvenes futbolistas del equipo Los Avispones y los estudiantes de la Normal de Ayotzinapa declaraban al agente del Ministerio Público.
Sin comer, sin tomar agua, y temerosos conforme fueron llegando los estudiantes, durante la madrugada y la mañana fueron pasando a los escritorios donde agentes de la Procuraduría les tomaron las declaraciones de los hechos del viernes en la noche.
Los rostros de los jóvenes normalistas que esperaban en los pasillos para declarar, otros en el patio y estacionamiento, tenían un temple incrédulo de lo que ocurrió. En sus ojos se veía tristeza por la muerte de sus compañeros y por no saber de los otros estudiantes que están desaparecidos.
La ropa de los normalista estaba húmeda por la lluvia que hasta las 5 de la mañana dejó de caer. Los pantalones estaban embarrados de lodo, el calzado de los estudiantes en su mayoría huaraches y tenis estaban lleno de tierra y lodo.
La desesperación de no saber de sus compañeros que se dispersaron por diversos puntos de la ciudad, por mementos resquebrajaba el ánimo del dirigente de los estudiantes, Pedro David García López, que estuvo con sus compañeros en la Procuraduría y en el hospital.

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