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Lo que más se conoce de la guerrilla son las verdades a medias de la policía: Gallegos

 Presenta hoy su libro La guerrilla en Guerrero en la que habla del grupo urbano FAR

 Ricardo Castillo Díaz  

Arturo Gallegos Nájera piensa que otros que participaron en la guerrilla igual que él, deberían escribir sus memorias para entregar su versión a las nuevas generaciones sobre lo ocurrido en el movimiento armado en México, y en particular en Guerrero.

Fundador y uno de los dirigentes del grupo rebelde urbano Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR), Gallegos Nájera ya hizo lo propio. Hoy miércoles presenta su libro La guerrilla en Guerrero, en el que cuenta su historia en el clandestinaje, desde que conoció a Lucio Cabañas, sus contactos con la Brigada Campesina de Ajusticiamiento, la detención y desaparición de su suegro Petronilo Castro y de sus cuñadas Fabiola y Guadalupe Castro, la fundación de las FAR, hasta el episodio del secuestro y muerte de la empresaria Margarita Saad, que propició su encarcelamiento.

“Una de las razones por las cuales me atrevo a escribir es porque hasta ahorita lo que el pueblo de México conoce son las verdades a medias de la policía”, explica en entrevista.

El ex guerrillero, quien en distintas etapas utilizara los seudónimos de Edil, Saúl y Juan Manuel, agrega: “La policía sabe perfectamente la verdadera historia de la lucha armada en México, y nosotros, tal vez por temor o por otro tipo de cosas, no queremos decir nada y les permitimos que sigan inculcando a las nuevas generaciones que la lucha armada en México no tenía ideología, que los guerrilleros eran delincuentes comunes, que no tenían principios…

–Que eran gavilleros.

–… que eran gavilleros roba vacas, por eso yo quiero dejar constancia de que teníamos nuestros principios. Hay que contar la historia como la vivimos desde adentro para que los mexicanos valoren lo que tenemos ahora y entendamos que estos espacios políticos de participación no son dádiva de nadie, no son dádiva del gobierno.

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La marcha fue silenciosa, lenta y prácticamente en tinieblas por la escasez de lámparas y porque sólo se debía de alumbrar a los pies lo absolutamente necesario.

Para utilizar al máximo las pocas lámparas quienes las llevaban debían mover la mano de manera pendular, hacia delante y hacia atrás, para que aprovecharan la luz más de tres marchistas.

Al salir de La Pascua tomamos rumbo al campamento El Venado por donde pasamos la media noche. Romper monte hizo la marcha más pesada y lenta. Así, llegamos a una parte intransitable de la ruta. No quedaba otro camino que el de un arroyo milenario que había dejado descubiertas gigantescas rocas por donde subimos con dificultad. Imagino que no avanzamos mucho.

La fatiga empezó a hacer estragos en los elementos de recién ingreso, por lo que a las 2 de la mañana se decidió acampar. (Página 75).

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Gallegos Nájera –quien después de que fue hecho prisionero se incorporó a la lucha legal en el Partido Revolucionario de los Trabajadores, PRT– considera que el movimiento armado le arrancó a Luis Echeverría su bandera de la apertura democrática. “Claro, eso tuvo sus pros y sus contras”, dice. “A muchos los engañó y a otros no porque nosotros no caímos en su juego y continuamos en la lucha. (José) López Portillo con su reforma política da libertad a presos políticos pero con la otra mano golpea al movimiento, desapareciendo personas y a la fecha hay más de 600 desaparecidos políticos, unos por luchar y otros ni siquiera, porque también le tocó a los amigos, a los parientes, vecinos, testigos de quienes sí participaron en la lucha armada.

–Incluso tu fuiste detenido con un vecino de un compañero tuyo.

–Exacto, era amigo de un compañero de causa. Inocentemente va a visitarlo y la policía ya estaba ahí, pero no les importó si era inocente o culpable. Estuvo más de un año en la cárcel y a su mamá le costó mucho dinero sacarlo, y en honor a la verdad él era inocente.

Más adelante, Gallegos señala, sin embargo, que así como hubo detenidos, torturados y desaparecidos, “hubo muchos” guerrilleros “que entraron a la dirección equivocada y finalmente salieron convencidos de que no era el camino la lucha armada y pensaron que mejor era dar la graciosa huida y hasta aliarse al sistema”.

“Tenemos muchos casos, no quiero dar nombres pero bueno, muchos casos de éstos los tenemos no sólo en Guerrero, sino en todo México. Hubo otros también que participaron en la luchar armada y luego salió por el voto útil de Vicente Fox. Yo eso no lo entiendo. En una reunión en Guadalajara se lo dije directamente a uno de los del voto útil”.

–¿A quién?

–Se lo dije a mi amigo Rechy, y él hablaba de que la juventud entraba en una etapa romántica, con espíritu aventurero, que cree que el mundo es suyo y llega a la acción armada sin pensar que es un error, o sea, un discurso renegado el cual yo no pude aguantar y le tuve que decir que respetaba su punto de vista pero no estaba de acuerdo con su postura de renegado y menos con su postura de apoyo a Fox mediante el voto útil.

Gallegos se refiere al sociólogo de izquierda Mario Rechy, quien fue miembro de la Liga Comunista Espartaco y preso político, y que ahora es coordinador de Asesores del secretario del Trabajo y Previsión Social del gobierno federal, Carlos Abascal.

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Después de la hora de la comida, ya repuesto del viaje, fui con Aurelio y le informé que la pistola 22 que me había prestado inexplicablemente no funcionaba porque el “carro” no corría.

En eso estábamos cuando se acercó El Doc y empezó a revisarla. Encontró que tenía sarro blanco que impedía su funcionamiento, por lo que procedió a limpiarla, con tan mala suerte que al tratar de desarmarla y por la presión que hizo para sacar las piezas una bala salió por el aire y fue a parar a la hojarasca, que era tanta que jamás la encontramos.

Después me enteré de que cuando la tuvo Andrés comedidamente la “aceitó” con manteca de marrano, de tal modo que esa grasa al secarse se convirtió en sarro. (Página 78).

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En la entrevista insiste en que en estos días “no hubiera democracia ni los cambios actuales si no hubiéramos tenido la participación de los valientes que dieron su vida en el movimiento armado”.

Pero al hacer un balance de esos frutos, Gallegos señala: “A veces me pregunto qué pensaría mi compañero y amigo Carmelo Cortés (ex jefe de la Brigada Campesina de Ajusticiamiento con Lucio Cabañas, y luego fundador de las FAR) de que hoy tenemos en las cámaras de diputados a personas que van solamente a cobrar y que se dicen líderes. Yo creo que él y los que encabezaron la lucha armada estarían pensando en hacer nuevamente una revolución pero ya no en contra del Estado sino contra ellos, contra esos diputados, la concertacesión ha sido su modo de vida”.

Dice que le da coraje “ver tanta facilidad, tanta docilidad y tanto servilismo hacia el Ejecutivo porque las cámaras no tienen independencia. Lo estamos viendo en este estado, René Juárez hace lo que quiere con el Congreso, con la oposición, y todavía hay diputados de la oposición que avalan lo que dice el gobernador de manera cínica. Eso yo no lo comprendo”.

“Por eso podemos decir ahora que todavía existen las condiciones que dieron origen al movimiento armado. Sólo cambiaron los espacios de participación, que se abrieron, pero no ha sido lo que se esperaba. Sigue el estado de miseria, de represión, de corrupción, el nivel cultural. No ha cambiado. Condiciones las hay”.

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De manera unánime la dirección de la organización tomó la decisión de ejecutar a la secuestrada (Margarita Saad) y dar por concluido ese episodio de pesadilla.

En ese momento se tomaron las medidas de seguridad necesarias. Distribuyeron a los ahí presentes, de manera individual, en domicilios diferentes y desconocidos para cada uno a fin de evitar que con una detención cayeran otros a consecuencia de las investigaciones de la policía.

En el lugar sólo quedaron los miembros de la comisión encargada de cuidar a la secuestrada; tenían indicaciones precisas de que en caso de que llegara la policía cumplieran la orden de pasar por las armas a la retenida y de que trataran de escapar por la parte de atrás de la casa.

Asimismo deberían evitar que la policía conociera el nombre del arrendatario que, aunque era un seudónimo, lo utilizaba para cuestiones legales como la firma del contrato de renta. Cumplieron la disposición a las 5 de la tarde y sacaron el cuerpo como a las 8 de la noche. (Página 223).

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El libro –que ya se vende en las librerías Macondo de Acapulco, Chilpancingo e Iguala– detalla por primera vez de manera pública el episodio de la muerte de la empresaria Margarita Saad, en voz de uno de sus secuestradores.

“Son de las cosas que te digo que son heridas que siguen cicatrizando. Por eso te digo que hice este libro un poco para contrarrestar la versión oficial de que se ensañó la guerrilla con ella, de que la martirizó, de tantas otras estupideces”, dice de entrada acerca de este tema del que no disimula que le incomoda.

“En lo personal lo lamento porque nosotros no queríamos llegar a algo tan drástico como ejecutar a la señora. No quisimos hacerlo en la primera ocasión que nos fallaron. Cuando caen tres compañeros en Tierra Colorada (en la operación del pago de rescate), no quedó de otra. Las condiciones estaban bien claras: no intervención policiaca, entre otras cosas, y bueno, con eso se demostraba que a la policía no le interesaba cómo terminara esto. No quedó otra”.

–¿Pero por qué la ejecutaron? La operación no salió bien, pero se podría pensar que más bien tenían una especie de presión sicológica por el hecho de que en esos días acababan de rescatar a (José Guadalupe) Zuno (suegro del presidente Luis Echeverría), y a (Rubén) Figueroa Figueroa.

–Nadie podía poner en riesgo a toda la organización y en este caso la decisión fue tomada por dos razones: una, por el asesinato de los tres compañeros, estoy hablando de Manuel, Esteban y Lorenzo; y otra, pues sí, porque ya había esos antecedentes de los sendos triunfos que se había anotado la policía y el Ejército, con las FRAP (que tenía secuestrado a Zuno) y de Lucio (Cabañas, cuyo grupo tuvo a Figueroa). Pero bueno, eso creo que ya fue un hecho juzgado, y al final yo creo que la familia comprendió que el error no fue nuestro, ellos pusieron en riesgo su vida; bueno, ellos no, más bien Marcos (Saad, hermano de Margarita) aconsejado por (Mario Arturo) Acosta Chaparro, porque quien acompañó a Marcos a entregar el rescate era policía y atrás de ellos iba Acosta Chaparro al frente del grupo de policías que iban a asesinar a los compañeros. Qué te puedo decir, eso es algo difícil para mí. Se salió de nuestras manos y terminó como nosotros no queríamos.

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