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Cruz Morales, celoso guardián de la tradición del son y los bailes de tarima tixtlecos

 El octagenario líder del grupo As del Sur recibirá un homenaje en Tixtla el próximo 16 de octubre

 Ismael Catalán Alarcón  

Cruz Morales Ramos, fundador y director durante muchas décadas del grupo de sones de tarima As del sur, será homenajeado éste 16 de octubre en Tixtla dentro del Cuarto Encuentro de Músicos y Bailadores del Son de Tarima tan tradicional todavía en esa población.

De complexión delgada, tez blanca, vistiendo una camisa blanca impecable y de abundante cabellera blanca, don Crucito –como le dicen sus amigos– nació el 3 de mayo de 1919 en la comunidad de Omeapan, muy cercana a Tixtla. Cuando tenía 10 años de edad, fallece su padre y él tiene que hacerse responsable del cuidado y manutención de sus hermanos y madre.

A esa edad emigra a Tixtla donde trabaja de mozo. Con el tiempo retorna al terruño a trabajar los terrenos familiares y a extraer mezcal del maguey. Pensaba:

–En mi tierra hay muchos productores de mezcal; muchos de ellos en cuanto empiezan a sacarlo, se emborrachan y desatienden el trabajo, lo que les ocasiona que no salgan del atraso. Yo no voy a ser así. Y con el tiempo, se comprobó que cumplió.

La música

Cruz Morales desde temprana edad amenizaba los bailes de la comunidad tocando solamente su guitarra pues no había aparatos de sonido. Cierto día le dice su madre: “Ay hijo, yo tengo una preocupación. Me dicen que todos los músicos son borrachos y tu ya agarrastes la guitarra”.

–No se preocupe madre, no seré borracho –y cumplió.

–¿Cómo se aprendía las canciones si no había radios?, indago:

–Tenía un tío que se llamaba Eleuterio García, él me enseñó a tocar, a cantar y a bailar sones de tarima; él tenia su grupo. Mi padre también bailaba y cantaba.

Recuerda que con el tiempo murieron los señores mayores y hubo una época en que la tradición de la música de tarima estaba casi desaparecida. Fue su tío, que aun vivía, quien un día le dijo: “tienes buena voz; aquí ya se perdió la tradición de los sones de tarima. Yo conozco los sones, sé bailar, tengo la tarima. ¿Por qué no la revivimos?” y acepté.

Así, formaron un dueto sin nombre y revivieron en el gusto de la gente los sones de tarima. Cruz apenas tenía 16 años.

Recuerda que cierto día, llegó a la comunidad proveniente de Tixtla el señor Tacho Ramírez con quien había trabajado en su fábrica de mezcal y le dijo “oye chamaco, ¡tu conoces los sones de tarima?; me gustó cómo estabas cantando. Yo toco, canto y bailo”. En ese momento ambos sellaron una relación de amistad que perduraría por mucho tiempo.

La charla con don Crucito es en una terracita donde hay algunos niños (sus nietos), muchas macetas, una tarima donde me siento, una arpa, una jarana, un cajón de tapeo, una guitarra, una botella de mezcal del meritito Omeapan y un calor humano a toda prueba. Recuerda cómo llegó el Son de la iguana a Tixtla:

–Mi tío Eleuterio García se trajo la iguana de la Costa Chica. Él iba a vender mezcal por allá. Cuando yo era niño, ya había iguana. Allá en la costa le llaman sones de artesa, que es una tarima hueca hecha de un solo árbol; en cambio la tarima que usamos nosotros es un cajón grande construido de varias tablas; en sus superficies bailan las gentes.

Grupo Los Guerrerrenses

En ese entonces el prestigio y las invitaciones a tocar en lugares públicos y fiestas privadas crecían, por lo que tiene que abandonar el oficio de productor de mezcal que durante 37 años le permitiera formar a sus hermanos y a sus hijos. Su primer grupo musical llamado Los Guerrerenses, estuvo integrado por Daniel Vega, Juan Valle y Cruz Morales. Era frecuente que al grupo lo invitaran a tocar a la ciudad de México. Cierta ocasión, recuerda, “en la Escuela Nacional de Danza en Bellas Artes, un señor de ese lugar me dijo: le voy a hacer una crítica con mucho respeto: mire, cuando entra la introducción para que empiecen a cantar, los bailadores se suben a la tarima y están parados. Es ahí donde tal vez requiera de un paseo. Otra cosa, continúo: cuando andan bailando lo hacen como dos desconocidos. El bailador no se ríe con la pareja. Es necesario que haya comunicación”.

Recuerda que “en ese tiempo si los bailadores se sonreían entre sí, la gente pensaba que se andaban enamorando”. Así lo hizo. En la siguiente presentación lo practicaron de esa manera y resultó más exitoso. Corría el año de 1949.

El grupo As del sur

Don Crucito recuerda que el gran arpista Eduardo Gallardo, del meritito Cruz Grande, fue contratado para que en Tixtla enseñara a ejecutar ese difícil instrumento al grupo; Gallardo que es muy conocido por su creación Viñuete, llama la atención de “mi compadre Daniel Vega” quien decide abandonar el grupo. Los contratos y el prestigio continuaban y se reestructura el grupo de la siguiente forma: Daniel Vargas, cantante, bailador y tapiador; Juan Valle, cantante; Juan Dircio, cantante y Cruz Morales, requinto, voz y bailador.

Con este grupo graban su primer disco llamado Música de Guerrero: Fandango de arpa.

Si bien la producción del disco la costean ellos, las facilidades de traslado, hospedaje y alimentación durante una semana, se las facilitó el Instituto Nacional de Bellas Artes.

Con el tiempo y por situaciones de trabajo y dinero, se vuelven a desintegrar. De esa forma Juan Valle forma el grupo As de oros, mientras que Juan Dircio, los Azohuaztles.

Por su parte Cruz Morales, quien ya envejecido pero con el mismo gusto de siempre, rearma el grupo; ahora queda en familia: se integra su hijo Eduardo Morales Bello, vihuela y segunda voz; su nieta Maricruz Morales, tapeadora, el propio Cruz Morales y David Peñaloza, ejecutando el arpa. Con este grupo graban el disco Sones de tarima a Tixtla y Guerrero, mismo que incluye 12 composiciones de Cruz Morales.

La charla con una demostración musical en vivo se prolonga por un par de horas; el señor Morales que calza unos cómodos huaraches, deja ver una limpia gasa cubriéndole la parte superior del pie, pues informa: “hace algunos años me reventó una varice”. Aprovecho para preguntarle:

–¿Tiene miedo a la muerte?

–No. Tuve miedo cuando mis hijos todavía estaban estudiando, porque me acordaba de lo mucho que había sufrido sin profesión. Una vez que formé a mis hijos dije: ahora sí, que me lleve la parca a la hora que sea.

Retoma el inicio de la conversación Maricruz Morales (su nieta), quien está dotada de una voz de soprano y en sus ratos libres cultiva con éxito la composición musical, “al homenaje de mi abuelo vienen escuelas de danza tan prestigiadas de la ciudad de México como la de Nelly Campobello, la Nacional de Danza y algunos estudiosos de la música popular con el fin de aprender de los mayores las interpretaciones y ejecuciones del baile y del son de Guerrero.

–¿Todavía hay As del sur para rato?, interrogo al octogenario para concluir.

–Sí, hasta que el cuerpo aguante.

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