Periódico con noticias de Acapulco y Guerrero

Jaime Salazar Adame

Cristóbal Colón

El 12 de octubre de 1492 tres carabelas encontraron un continente, tres bultos enormes se hallaban por sorpresa en la pequeña isla de Guanahaní, de tales cosas salían unos seres absurdos que solamente parecían tener de humanos los ojos y los movimientos, pero de color blanco, con la cara cubierta de pelo y el cuerpo –sí es que lo tenían– de unas materias diversas en forma y en color.

Como a los indios les faltaba toda referencia, no disponían de ningún enlace con los objetos que estaban acostumbrados a mirar, ubicaron a los recién venidos como seres sobrenaturales y los adoraron como llegados del cielo y así les fue.

Por su lado, a Europa desembocaron el chocolate, el tabaco, el maíz, la papa; llegaron a América la caña de azúcar, el caballo y la viruela. Según Jacques Attali los europeos para hacerse aceptar por sus conquistas, inventaron un concepto inédito, fascinante y devastador, en cuyo nombre y durante siglos iban a producirse innumerables matanzas: el progreso.

El responsable de que esto ocurriera fue el marino genovés y hombre genial Cristóbal Colón, nacido probablemente entre octubre de 1450 y octubre de 1451, varios países se disputaban su cuna, así como sus restos que se suponen tanto en Sevilla como en Santo Domingo. Las últimas investigaciones señalan a Sevilla como la depositaria de sus restos.

A Colón se deben también las primeras, más frescas y optimistas descripciones de las tierras americanas y de sus hombres, contenidas en una serie de cartas escritas a Luis de Santángel su protector y amigo, al tesorero Rafael Sánchez y a los Reyes, así como en su Diario que conservó y resumió Fray Bartolomé de Las Casas, y en los cuales se revela, como cita Ernesto de la Torre Villar, “la espontánea elocuencia de un alma inculta a quien grandes cosas dictan grandes palabras, levantándola por el poder de la emoción sincera a alturas superiores a toda retórica”.

La carta se imprimió por primera vez en folio, en Barcelona, a principio de abril de 1493, y posteriormente se tradujo a varios idiomas.

Colón en su carta –fragmento– dice: “Señor porque se que habréis placer de la grande victoria que nuestro Señor me has dado en mi viaje vos escribo esta, por la cual sabréis cómo en 33 días pasé las Indias con al armada que los ilustrísimos Rey y Reina, nuestro señores, me dijeron, donde yo hallé muy muchas islas pobladas con gente sin número y de ellas todas he tomado posesión por sus altezas con pregón y bandera Real extendida, y no me fue contradicho. A la primera que yo hable puse nombre San Salvador, a conmemoración de su alta majestad, el cual maravillosamente todo esto ha dado; los indios la llaman la Guaraní.

A la segunda puse nombre la isla de Santa María de Concepción, a la tercera Fernandina, a la cuarta La Isabel, a la quinta Isla Juana, e así a cada una nombre nuevo. Cuando yo llegué a la Juana, (Cuba) seguí la Costa de ella a poniente, y la hallé tan grande que pensé que sería Tierra Firme de la provincia de Catayo; y como no hallé así villas y lugares en la Costa de la Mar, salvo pequeñas poblaciones, con la gente de las cuales non podía haber hablar, porque luego huían todos, andaba yo adelante por el dicho camino, pensando de non errar grandes ciudades e villas; y al cabo de muchas leguas, visto que non había innovación y que la costa me llevaba al septentrión, de donde mi voluntad era contraria, porque el invierno era ya encarnado yo tenía propósito de hacer del el austro, y también el viento medio adelante, determiné de no aguardar otro tiempo, y volví atrás hasta un señalado puerto, de adonde envié dos hombres por la tierra para saber si había Rey o grandes ciudades. Anduvieron tres jornadas, y hallaron infinitas poblaciones pequeñas y gentes sinnúmero, más non cosa de regimiento, por lo cual se volvieron.

Yo entendía harto de otros indios que ya tenía tomados, como continuamente esta tierra era isla, e así seguí la Costa de ella al oriente ciento y siete leguas, hasta donde hacía fin; del cual cabo había otra isla al oriente, distante deste diez e ocho leguas, la cual puse luego el nombre de Española, y fui allí, y seguí la parte del setentrión, así como de la Juana, al oriente ciento e setenta y ocho grandes leguas por vía recta del oriente, así como de la Juana, la cual y todas las otras son fertilísimas en demasiado grado y esta en extremo; en ella hay muchos puertos de la Costa de la Mar sin comparación de otros que yo sepa en cristiano, y hartos ríos y bueno y grandes ques maravilla.

Las tierras dellas son altas, y en ellas muy muchas sierras y montañas altísimas, sin comparación de la isla de Teneryfe; todas hermosísimas, de mil hechuras, y todas andables y llenas de árboles de mil maneras, y altas, y parescen que llegan al cielo;

Y tengo por dicho que jamás pierden de hoja, según lo que puedo comprender, que los vi tan verdes y tan hermosos como son por mayo en España. Dellos están floridos, dellos con fruta, y dellos en otro término, según en su calidad; y cantaba el ruiseñor y otros pajaricos, de mil maneras, en el mes de noviembre por allí donde yo andaba…”

En suma conmemorar se ha convertido en todo un rito, pero ojalá y este día festivo nos ayudara a comprender que casi todo lo que hoy es importante, tanto en lo bueno como en lo malo, se decidió en aquel momento colombino, no basta pedir perdón a las víctimas como se hizo durante los festejos del V Centenario, sino de concederles por fin, su verdadero lugar en la memoria del mundo.                                                     [email protected]

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