Periódico con noticias de Acapulco y Guerrero

Arturo Solís Heredia

CANAL PRIVADO

* Política unplugged

Entre mis profesores de la carrera de comunicación de la UNAM, Fátima Fernández Christlieb está entre quienes más recuerdo. Investigadora y analista de medios masivos, sus clases siempre eran un reto creativo, pues le gustaba provocar la inteligencia de sus alumnos, cuestionando la percepción establecida que teníamos de los usos y formas de la comunicación de masas.

Un día nos planteó un problema concreto: en una comunidad marginada de Guerrero (siempre Guerrero), existe una grave incidencia de enfermedades gastrointestinales entre la población, a causa de un manejo inadecuado e insalubre de los alimentos y a la carencia de agua potable. Como parte de un trabajo multidisciplinario, debemos diseñar una campaña multimedia con el objetivo de modificar hábitos negativos y de difundir métodos sencillos de prevención sanitaria.

“Ideas”, solicitó de inmediato Fátima. El típico ufano, alzó la mano con cara de iluminado: “Habría que producir spots de televisión dramatizados, que muestren el problema que…”. “¿Televisión?, no compañero, en esa comunidad no hay tele”, atajó rápido la hermana del ex portero del Atlante Félix Fernández.

Otro valiente pareció entender lo que la profesora quería, diciendo, “claro, la radio es el mejor medio en la zona rural. Lo que hay que hacer son cápsulas radiofónicas que de manera didáctica…”. “Miren maestros, para que entiendan, en esa comunidad no hay ni siquiera electricidad, ni señales de ningún medio electrónico, o sea que ni las pilas sirven”, señaló Fátima, con una perversa sonrisa mal disimulada.

Todo el salón resopló con desaliento y hasta cierta molestia, sintiéndonos víctimas de una pregunta capciosa. “No, pues entonces están amolados, con ese atraso, no hay nada que podamos hacer”, se quejó una compañera desde el fondo del aula. “¿Nada, y se creen grandes comunicadores? ¿Si no hay energía eléctrica, estamos jodidos, sin radio ni tele no hay esperanzas?”, de plano riéndose, nos retó Fernández Christlieb.

Soltó entonces una cátedra sobre las capacidades olvidadas de los medios tradicionales, del volante, del teatro callejero, de los talleres, de la comunicación interpersonal, del poder multiplicador de un mensaje bien diseñado, dirigido a un receptor concreto. Entendimos que la comunicación, antes que medios, estructuras y empresas, son técnicas, herramientas, métodos y teorías que sirven para comunicar a los hombres, sin importar contexto o circunstancia. Que los medios electrónicos son potencializadores y no sustitutos de las capacidades humanas.

Una década mas tarde, en un entorno completamente diferente, la cadena de videos musicales MTV, estrenó una nueva serie llamada Unplugged (Desconectado), para presentar artistas de música popular tocando instrumentos acústicos. Fue tal su éxito, que muchos críticos de rock le acreditan la influencia principal en el inicio de una “revolución acústica” entre los músicos, recolocando a los instrumentos acústicos en el mainstream de la industria musical.

La idea nació durante los premios MTV de 1989, con la maliciosa intención, según algunos, de desnudar a los charlatanes que comenzaban a controlar el mercado, apoyando por medio de la mercadotecnia a propuestas plásticas y elementales que pervertían el gusto de su audiencia. Fue un reto que sólo superaron los verdaderos músicos, los que de veras estaban comprometidos con sus propuestas y con la calidad de la interpretación.

Back to the basics, era el mensaje de MTV; el mismo que Fátima Fernández nos había transmitido diez años antes.

Fátima pensaba, piensa todavía, estoy seguro, que el manejo privado y mercantil de los medios pervierte los mensajes y, peor aun, corrompe el gusto, los intereses y la inteligencia de sus consumidores. MTV reaccionaba ante la tendencia ramplona y pedestre de la música popular, impulsada por la excesiva comercialización de los medios electrónicos.

En dos momentos y lugares distintos, con intereses hasta opuestos, se planteaba el riesgo de que el endiosamiento de la comunicación electrónica, del peligro de que la excesiva relevancia de la televisión, despojara por completo la sustancia de la comunicación social, reduciéndola al nivel de un producto chatarra, efímero y vacío.

Hay momentos en que parece evidente que lo mismo le ha sucedido a la política. ¿Alguien se atrevería a proponer, al menos por un rato, durante una campaña, una “política unplugged”? Después de todo, si existe un comunicador por antonomasia es el político, quien debe tener sensibilidad, capacidad, experiencia y herramientas para encabezar, representar y transmitir las ideas de la sociedad.

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