Jaime Salazar Adame
El Plan de San Luis
El Plan de San Luis Potosí es de gran significación para el movimiento social mexicano, fue fechado el 5 de octubre de 1910 considerando que ese día fue el último que permaneció Francisco I. Madero en la ciudad de San Luis Potosí, teniendo que salir apresuradamente ante la persecución ordenada por el dictador Porfirio Díaz. En realidad, el Plan de San Luis Potosí fue formulado en la ciudad norteamericana de San Antonio Texas, donde se refugió el Apóstol de la Democracia.
El Plan de San Luis Potosí no fue un cuerpo de leyes como algunos escritores lo consideran, fue un simple llamamiento a las armas, en el cual su autor expuso los motivos que lo originaban y señalaba al mismo tiempo los anhelos básicos que se pretendían obtener en la lucha a seguir.
En el último párrafo del histórico documento en el que Francisco I. Madero expone ampliamente el origen y motivos que lo impulsaron a lanzar el citado Plan, antes de dar a conocer los puntos que contiene, expuso que el gobierno porfirista:
“Aunque tiene por origen la violencia y el fraude desde el momento que ha sido tolerado por el pueblo, puede tener para las naciones extranjeras ciertos títulos de legalidad hasta el 30 del mes entrante en que expiran sus poderes; pero como es necesario que el nuevo gobierno dimanado del último fraude no pueda recibirse ya del poder, o por lo menos se encuentre con la mayor parte de la nación protestando con las armas en la mano, contra esa usurpación, he designado el domingo 20 de noviembre, para que a las seis de la tarde en adelante, todas las poblaciones de la República se levanten en armas bajo el Plan de San Luis”.
Dicho Plan contiene 11 puntos que sientan las bases del movimiento armado. Declara nulas las elecciones celebradas en junio y julio de 1910 para presidente y vicepresidente de la República, magistrados a la Suprema Corte de Justicia de la Nación, diputados y senadores.
Desconoce al gobierno de Porfirio Díaz y califica las pasadas elecciones como el fraude electoral más escandaloso que registra la historia de México.
Además de la Constitución y leyes vigentes, se declara ley suprema de la República el principio de No Reelección del presidente y vicepresidente de la República, de los gobernadores de los estados y de los presidentes municipales, mientras se expidan las reformas constitucionales respectivas.
Conforme el punto quinto, Madero asume el carácter de presidente provisional de los Estados Unidos Mexicanos con las facultades necesarias para ejercer la guerra al gobierno usurpador del general Porfirio Díaz, en la inteligencia de que tan pronto como la capital de la República y más de la mitad de los estados de la federación estén en poder de las fuerzas del pueblo, el presidente provisional convocará a elecciones generales extraordinarias para un mes después y entregará el poder al presidente que resulte electo, tan luego como sea conocido el resultado de la elección.
El punto séptimo indica que el 20 de noviembre desde las seis de la tarde en adelante, todos los ciudadanos de la República deberán tomar las armas para arrojar del poder a las autoridades que actualmente gobiernan, y que los pueblos que estén retirados de las vías de comunicación lo hagan desde la víspera.
En el octavo llama la atención respecto al deber de los mexicanos de respetar a todo extranjero en sus personas e intereses, en tanto que en el punto diez señala que el nombramiento provisional de gobernador de cada estado ocupado por las fuerzas revolucionarias será hecho por el presidente provisional. Complemento del punto anterior es el once que previene que las nuevas autoridades puedan disponer de todos los fondos que encuentren en las oficinas públicas, para cubrir los gastos ordinarios de la administración, pero que para sufragar los gastos de guerra deberán contratar empréstitos voluntarios o forzosos, aclarando que los segundos únicamente deberán hacerlo con ciudadanos o instituciones nacionales llevando una cuenta escrupulosa y expidiendo los recibos correspondientes a fin de que al triunfo de la causa sea devuelto lo prestado.
Madero finaliza su proclama libertaria expresando:
“Conciudadanos: Si os convoco para que toméis las armas y derroquéis al gobierno del general Díaz no es solamente por el atentado que cometió durante las últimas elecciones; sino para salvar a la patria del porvenir sombrío que le espera continuando bajo su dictadura y bajo el gobierno de la nefanda oligarquía científica, que sin escrúpulo y a gran prisa está absorbiendo y dilapidando los recursos nacionales, y si permitimos que continúe en el poder, en un plazo muy breve habrán completado su obra; habrán llevado al pueblo a la ignominia y lo habrán envilecido; le habrán chupado todas sus riquezas y dejado en la más absoluta miseria; habrán causado la bancarrota de nuestra Patria, que débil, empobrecida y maniatada, se encontrará inerme para defender sus fronteras, su honor y sus instituciones.
“Por lo que a mí respecta, tengo la conciencia tranquila y nadie podrá acusarme de promover la revolución por miras personales, pues está en la conciencia nacional que hice todo lo posible para llegar a un arreglo pacífico y estuve dispuesto hasta a renunciar a mi candidatura siempre que el general Díaz hubiese permitido a la nación designar aunque fuese al vicepresidente de la República; pero dominado por incomprensible orgullo y por inaudita soberbia, desoyó la voz de la Patria y prefirió precipitarla en una revolución antes de ceder un ápice, antes de devolver al pueblo un átomo de sus derechos, antes de cumplir, aunque fuese en las postrimerías de su vida, parte de las promesas que hizo en la Noria y Tuxtepec.
“Él mismo justificó la presente revolución cuando dijo: Que ningún ciudadano se imponga y perpetúe en el ejercicio del poder y ésta será la última revolución’.
“Si en ánimo del general Díaz hubiesen pesado más los intereses de la Patria que los sórdidos intereses de él y de sus consejeros hubiera evitado esta revolución, haciendo algunas concesiones al pueblo; pero ya que no lo hizo…¡ tanto mejor!, el cambio será más rápido y más radical, pues el pueblo mexicano, en vez de lamentarse como un cobarde, aceptará como un valiente el reto, y ya que el general Díaz pretende apoyarse en la fuerza bruta para imponerle un yugo ignominioso, el pueblo recurrirá a esa fuerza para sacudir ese yugo, para arrojar a ese hombre funesto del poder y para reconquistar su libertad”. San Luis Potosí, octubre 5 de 1910. Francisco I. Madero.




