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“Si nos hubiéramos mantenido en la carretera a lo mejor nos hubieran ido a rematar”

El secretario general del Sutcobach, Alfredo Ramírez García, relata el ataque que sufrió el viernes y señala a policías en Iguala

 

Anarsis Pacheco Pólito

Chilpancingo

El secretario General del Sindicato Único de Trabajadores del Colegio de Bachilleres (Sutcobach), Alfredo Ramírez García, fue atacado a balazos cuando viajaba en taxi de Iguala hacia Chilpancingo, la noche del 26 de septiembre, por los que identificó como policías municipales de esa ciudad.
“Yo tenía la idea de meternos en el monte y ver qué pasaba, porque si nos hubiéramos mantenido en carretera a lo mejor nos hubieran ido a rematar”, agregó.
El pasado 26 de septiembre el líder sindical Ramírez García regresaba de la reunión de la Unión Nacional de Sindicatos de Cobach de la Republica Mexicana, celebrada en Morelia, Michoacán, y debido a sus acompañantes decidieron hacer una parada en la ciudad de Iguala.
Entrevistado en su casa, después de permanecer siete días internado en el hospital privado de Santa Fe, relató que llegó a Iguala en compañía del secretario de Finanzas del Sutcobach, Fernando Zúñiga, y el chofer del sindicato, Antonio Almazán Álvarez.
Explicó que ante sus ganas de llegar a Chilpancingo decidieron pagar un viaje especial, con el objetivo de no permanecer mucho tiempo en Iguala; a las 11:15 de la noche abordaron el vehículo los tres.
Relató que durante la salida el chofer del taxi iba platicando con otro taxista a través del radio sobre lo que había pasado con los normalistas, inclusive pasaron por donde habían sido atacados durante el primer hecho violento.
“Yo no sabía qué era lo que había pasado en el lugar, yo me imaginé que habían tenido algún desacuerdo y no se me hizo relevante ver los vidrios rotos del autobús de los normalistas”, comentó
Dijo que durante la salida de la ciudad, pasando el reten de policía que está en la entrada de la ciudad, escuchó balazos y le comentó al chofer del taxi, pero este minimizó los hechos y señaló que se trataba de cuetes.
Ramírez García dijo que continuaron su viaje con incertidumbre pero eran más sus ganas de llegar a Chilpancingo que permanecer en aquella ciudad; señaló que la carretera estaba sola, no había carros.
Comentó que todo estaba solo hasta que se toparon con una camioneta tipo Datsun que estaba en el carril derecho con dirección a la capital, con las luces apagadas y sin gente.
Ante esta señal, el líder del Sutcobach dijo que le comentó al taxista que regresaran a la ciudad, porque parecía que algo estaba pasando, pero el chofer le explicó que no pasaba nada y que inclusive puso las luces altas del carro para que viera que en la carretera no había nada de qué preocuparse.
Agregó que atrás de ellos venia otro de los taxis que viajan a la capital, con más personas.
Indicó que en la recta antes de llegar al crucero de Santa Teresa fue donde se toparon con un vehículo del cual uno de sus acompañantes alcanzó a leer que decía Policía Municipal.
“Yo vi como a seis personas armadas, y traían uniformes de policía, vestían de azul como policías, portaban gorras y nos apuntaron”, señaló.
Agregó que los policías estaban en posición de ataque sobre la carretera y justo cuando pasaron a un costado de ellos empezaron a dispararles, por lo que el chofer del taxi aceleró y apagó sus luces para evitar ser visto.
“Principalmente le dispararon a las llantas, pero perforaron el radiador y las puertas, yo me agaché pero no alcancé a esconder las manos”, explicó.
Ramírez García viajaba en el asiento del copiloto y justo atrás de él, el chofer del Subcobach Antonio Almazan y atrás del conductor viajaba el secretario de Finanzas, quien no fue herido.
El resultó herido por un rozón de bala en el hombro del lado izquierdo, lo que le voló un pedazo de carne y le dejo un hoyo de 15 centímetros de diámetro, “un poco más atrás y me quedo con el brazo colgando”.
Al mismo tiempo Antonio Almazán gritó “ya me dieron”, y fue cuando recibió un rozón en su pie izquierdo, mientras que el secretario de Finanzas no hablaba, y por eso pensaban que había muerto.
Las balas poncharon tres llantas del taxi y perforaron su radiador, por lo que sólo lograron avanzar 300 metros más bajo la noche oscura, donde alcanzaban a ver los destellos de las armas de fuego, porque el taxi no pudo avanzar más.
“Previmos que era mejor continuar el camino, porque vimos que nos iban a asesinar… por la atención médica lo conveniente era regresar a Iguala, pero viendo cómo estaba la situación dijimos hay que seguirle”, agregó.
Explicó que en el momento no se percato que también estaba herido de su mano izquierda, la que dejó sobre el tablero del carro cuando intentó esconderse en el asiento delantero.
Entre pausas largas y palabras entrecortadas, señaló que temía lo peor, cuando recordaba que en su viaje a Morelia pensaba que era más riesgoso que estar en su propia tierra.
“Yo tenía la idea de meternos en el monte y ver qué pasaba, porque si nos hubiéramos mantenido en carretera a lo mejor nos hubieran ido a rematar”, agregó.
Relató que en la desesperación del chofer intentaba cambiar su llanta pero era imposible, ya que tres de ellas habían sido ponchadas y no había manera de solucionarlo.
Agregó que después de que ellos pasaron también paso un camión torton al que le dispararon e hirieron a tres personas más, pero no supo de ellos.
Para la suerte de los dos heridos, al lugar llegó otro taxi que regresaba de Chilpancingo, el cual detuvieron y le explicaron lo que había pasado y al ver la sangre de los pasajeros los trasladó a la capital.
En el lugar se quedó el taxista con su carro, a pesar de que le decían que dejara el carro por su seguridad, ya que existía el riesgo de que los policías regresaran a rematarlo.
Señaló que durante su paso por el crucero de Santa Teresa no había ningún camión atacado, ni tampoco algún otro carro; por el lugar pasó a las 11:40 de la noche.
Dijo que necesitó cuatro unidades de sangre, ya que por el viaje de una hora con 15 minutos se desangró y fue necesario la transfusión de dos litros de sangre para que estuviera estable durante su convalecencia.
Los rozones de bala le fracturaron dos dedos de su mano izquierda, la que no ha podido recuperar y sus heridas no se curarán en menos de un mes, pero tampoco en más de un año.
Agregó que es necesario que estos hechos queden esclarecidos y se haga justicia a los tres estudiantes normalistas que fueron asesinados así como el jugador de futbol de 15 años.
Finalmente informó que a su llegada al hospital privado Santa Fe rindió su declaración al Ministerio Público sobre los hechos, además de presentar una denuncia ante la Comisión Estatal de Derechos Humanos (Codehum).

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