Renato Ravelo Lecuona
La mala educación
Pedro Almodóvar nos ofrece en esta cinta filmada en este año, el entrecruce de varias historias que giran en torno a relaciones amorosas intensas que se establecen entre hombres cuya bi y/o homosexualidad son sólo una característica secundaria.
No es desde luego una visión armada desde la perspectiva heterosexual, menos desde una moralidad machista y mucho menos católica, puesto que este núcleo religioso es arrollado al desvanecerse por completo el sentido del celibato.
Una historia realista se entrevera con su propia dramatización como argumento, las que corren paralelas y obligan al espectador a un esfuerzo de ubicación para no caer en la confusión, pues la película trata de un joven actor que actúa representando a su hermano homosexual sobre quien él mismo escribió el argumento de la película en la que actúa y en la cual el director, a la vez que dirige la puesta en escena de esa historia en la que también estuvo involucrado en su vida real, durante su adolescencia.
Así varios personajes como el cura pederasta que les despertó su homosexualidad cuando adolescentes, al final y paralelamente al curso de la filmación, librado de la sotana y casado con hijos, prosigue su fuerte pasión amorosa homosexual ahora hacia el actor bisexual que representa como convincente trasvesti a su hermano realmente homosexual a quien, el ahora ex cura, había violado o seducido cuando niño, amor intenso y calculado que lo lleva ya de adulto hasta el asesinato del hermano homosexual, y en complicidad con el bisexual, y a quien su nuevo amor representa en la película en la que actúa.
Si entendieron esto, podrán entender la película. Y si no, pues no hay fijón, pues la película no tiene mayores complicaciones, puesto que resulta un clásico melodrama de enredos, de esas en las que nadie se enreda más que para contarla, aunque Almodóvar lo hace en tono dramático o semiserio no como comedia.
Quizá su intención fue exponer los dos planos, el imaginario de la película que se filma dentro de su película y el real en la que están, según el argumento o guión, involucrados por nexos familiares y amorosos, tanto el actor central que representa a su hermano trasvesti, el cura, el director del film, el mismo hermano homosexual que pudo haberse deformado por algún tratamiento hormonal que le alargó la cara tanto como los pechos; cruce de historias a la vez que prácticas homosexuales entre todos sus componentes, y que don Pedro unen en un mismo relato identificando realidad y ficción, tiempos y espacios, motivaciones y momentos, y que por lo tanto, no se le encuentra ninguna centralidad.
Quizá también el director quiso darle el flujo caótico de como se vive la vida y que sólo a distancia se encuentran los núcleos que le dan sentido y coherencia a la memoria o la nostalgia.
La mala educación quizá nos quiera decir Almodóvar, es la nuestra por no aprender a ver cine.




