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Cuauhtémoc Sandoval Ramírez

El gobierno de José Francisco Ruiz Massieu

Este 28 de septiembre se cumplió una década del asesinato de José Francisco Ruiz Massieu, a manos del gatillero Daniel Aguilar Treviño. Por su parte, el autor intelectual del crimen y ex cuñado, Raúl Salinas de Gortari, el hermano incómodo del sexenio salinista, sigue esperanzado en ganar el amparo que interpusieron sus abogados en marzo de este año, que le permita revertir la sentencia de 26 años y medio de prisión, de los cuales ya ha cumplido 9 años y medio.

A José Francisco Ruiz Massieu, gobernador de Guerrero de 1987 a 1993, le tocó el último tercio del gobierno de Miguel de la Madrid y la mayor parte de la gestión de su cuñado, Carlos Salinas de Gortari, gobierno con el cual hizo su debut y despedida. Su designación a la gubernatura fue un auténtico dedazo, en la línea tecnócrata de designar a gobernadores que nunca antes habían tenido un puesto de representación popular. La oposición de izquierda se aglutinó en la Unidad Popular Guerrerense (UPG) y lanzó como candidato al doctor Pablo Sandoval Cruz.

Ruiz Massieu ni siquiera era señalado como precandidato en los corrillos del priísmo guerrerense. Más bien se mencionaba como aspirantes a Miguel Osorio Marbán, Netzahualcóyotl de la Vega, Píndaro Urióstegui, al líder estatal de la CTM Filiberto Vigueras Lázaro y al entonces secretario de Salud, Guillermo Soberón Acevedo.

Según el magnífico libro de Teresa Estrada Castañón, Guerrero: sociedad, economía, política y cultura, editado por la UNAM en 1994, justo en el año en que asesinaron a Ruiz Massieu, cuestión que motivó que su texto fuese ampliamente comentado por la prensa, el candidato priísta “carecía de antecedentes electorales: antes de su designación como gobernador de Guerrero no había ejercido ningún cargo de elección popular. Su carrera como funcionario público transcurrió en la ciudad de México. Sus méritos eran primordialmente académicos y administrativos.”

En 1982, con el gobierno de Miguel de la Madrid, hubo un parteaguas en el grupo gobernante al ganar posiciones claves el equipo tecnócrata que impulsó a rajatabla una política económica neoliberal cuyos efectos aún padecemos. En Guerrero, Ruiz Massieu la tradujo al inicio de su sexenio en un “recogimiento (sic) del sector público” y anunció que bajo su mandato correspondería al sector privado el papel protagónico en el impulso de la economía guerrerense” (citado por Teresa Estrada, p.142).

Por cierto, Miguel de la Madrid, en la entrevista que le dio a Jorge Castañeda, en el libro La herencia: arqueología de la sucesión presidencial en México, revela que a raíz del asesinato de Luis Donaldo Colosio, Salinas de Gortari sondeó varias posibilidades de candidatos a suceder a Colosio.

“Salinas discutió con Ruiz Massieu la posibilidad de nominarlo, pero éste le advirtió de un obstáculo potencial debido a su nacimiento en Guatemala; se autoexcluyó de la contienda” (p.506). Esta versión coincide con su registro en Acapulco hasta que tenía 14 años de edad.

En un arranque de sinceridad, De la Madrid reconoce que en 1988 Guerrero fue el campeón de las irregularidades electorales en la línea de “cuadrar” las cifras arriba del 50 por ciento de votos para Salinas de Gortari, para lo cual había cuatro restricciones (p. 536): “No tocar las casillas perfectas, es decir de alta votación priísta y no impugnadas; dejar intactas las cifras ya anunciadas por el propio PRI, sucias o limpias; no descuadrar todo, al estilo de José Francisco Ruiz Massieu en Guerrero; y finalmente no mover las cifras correspondientes a casillas donde efectivamente comparecieron todos los partidos”.

Hacia el PRD, Ruiz Massieu tuvo un odio enfermizo. En las elecciones del 3 de diciembre de 1989, el naciente PRD arrasó en una gran cantidad de municipios y distritos electorales, triunfos que le fueron escamoteados. Sin embargo, “la violencia con que el gobierno reprimió la protesta ciudadana desencadenó el conflicto poselectoral más prolongado y virulento de que se tenga memoria en Guerrero.” (Doctor Carlos Payán Torres. Elecciones en Guerrero 1986-1989. Tesis de maestría, UAG, 1990).

Ruiz Massieu hizo suyo el calificativo de Miguel Ángel Olguín, presidente estatal del PRI, quien caracterizaba al PRD dirigido en ese periodo por el doctor Rosalío Wences Reza, como “el partido de la violencia y de la sangre”, por la heroica resistencia que se desarrolló en todo el estado contra el fraude electoral. Por si fuera poco, en marzo de 1990 designó a Rubén Figueroa Alcocer como presidente estatal del PRI, a fin de endurecer su posición en las mesas de negociación poselectoral. Posteriormente lo premió como senador y candidato a gobernador, cuyo periodo no pudo terminar por la matanza de Aguas Blancas.

En su último libro, Cuestiones de derecho político (México y España), publicado por la UNAM en 1993, Ruiz Massieu minimiza el terremoto político de 1988 y dice que sólo fue un “momento político”, a diferencia de la transición española (p. 181). Su arraigado autoritarismo, envuelto de análisis académico, le impidió tener claros los escenarios futuros en el país y en Guerrero.

En el homenaje oficial en Chilpancingo que le rindieron hace tres días hubo menciones ridículas: “Tuvo una nueva forma de gobernar y hacer uso del poder para servir más rápido (sic) a la gente”, y de que el gobernador René Juárez era un “fiel y sobresaliente discípulo y amigo”, en vez de plantear una “enérgica condena por el artero crimen”, como lo plantea la familia Ruiz Massieu (El Sur. 29 de septiembre).

El gobierno de Ruiz Massieu constituyó una gran decepción. Se pensaba que un académico traería nuevos estilos de gobernar y de combatir la falsa dualidad pobreza-represión que fue el signo distintivo de los gobiernos priístas. Sin embargo, el autoritarismo, una política económica neoliberal, así como la represión fueron los signos distintivos de su gobierno. Su brillantez e inteligencia fueron usadas con fines perversos, y terminó siendo asesinado por las intrigas palaciegas de la familia Salinas de Gortari.

Miscelánea: A raíz de mi artículo El desafuero de Florencio Salazar (El Sur, 17 de septiembre), el secretario de la Reforma Agraria me envió un fólder con publicaciones del Plan Puebla-Panamá (PPP) “para que vea que no se trata de ninguna ocurrencia del Presidente Vicente Fox”. En lo personal creo que nuestra integración con Centroamérica y América Latina es clave. Pero cualquier plan (empezando por el PPP) debe tomar en cuenta en primerísimo lugar a la gente, a las comunidades, a la biodiversidad y ante todo dejar de tratar a los centroamericanos en nuestra frontera sur con la misma vara que le aplica la migra gringa a nuestros trabajadores migratorios en la frontera norte. Muchas gracias por los textos… Por la inmediata liberación del periodista Leodegario Aguilera Lucas.

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