Ramón Sosamontes H.
Cuidemos Acapulco
La seguridad pública es un asunto no sólo de los gobiernos sino que compete a toda la sociedad, es un asunto de Estado y por ello debe ser bien vista la marcha que se efectuó por parte de ciudadanos en lo individual y a su vez representantes de diferentes sectores que tienen que ver con la vida en Acapulco y de Guerrero. Pero también reconocer por parte de los marchistas lo que han hecho las autoridades.
La respuesta de los gobiernos federal, estatal y municipal debe ser aceptar que hay una corresponsabilidad y desde luego respetando las diferentes facultades que se tienen. Cada quien sus tareas, los ciudadanos y sus organizaciones las suyas, distintas a las de las autoridades de seguridad y procuración de justicia, pero si se logran conjugar servirán como ejemplo a la federación.
Que sirva la marcha para iniciar una nueva experiencia de coordinación que lleve a asegurar la plena convivencia y el respeto mutuo entre los habitantes de Acapulco.
Tienen razón el presidente municipal Alberto López Rosas y el secretario de Fomento Turístico del estado Ernesto Rodríguez Escalona, en cuidar la imagen de esta ciudad turística y llamar el primero a tener “prudencia” para no pagar “el costo de la intranquilidad que genera en el turismo”, pero ambos funcionarios coincidieron en que la inseguridad es una realidad y desde luego no sólo es responsabilidad de un municipio, sino tiene que ver por los problemas nacionales a partir de la política económica de carácter neoliberal que se ha aplicado desde hace más de 12 años.
Los marchistas y las autoridades deben estar de acuerdo con la presidenta de la Asociación de Hoteles y Empresas Turísticas de Acapulco, Marybertha Medina Cortés, en el sentido de que “sí afectan por la nota que salga a nivel nacional”. Esto se hizo realidad al salir en varios periódicos nacionales e internacionales como un evento que podría ayudar a los consorcios turísticos enemigos de Acapulco y otros puertos del Pacífico.
No olvidemos las campañas negativas en contra de Acapulco y Zihuatanejo en Guerrero, Huatulco en Oaxaca y Puerto Vallarta en Jalisco cada Semana Santa.
En las últimas semanas han sucedido diferentes eventos que han desprestigiado al puerto de Acapulco, desde invasiones a predios, diferentes tomas del Malecón, noticias alarmantes de inseguridad, enfrentamientos al interior del gobierno municipal y estatal y hacia éste; hasta el derrumbamiento de un torre eléctrica dejando sin luz a una zona importante de ese puerto. Por el bien de todos cuidemos a Acapulco –“el por el bien de todos”, se lo copié a Andrés Manuel López Obrador de su campaña.
Tenemos que coincidir en que no hay una situación generalizada de inseguridad, que sí se necesita mayor coordinación, que existe el problema, pero que el turismo nacional e internacional puede venir a Acapulco y Zihuatanejo, transitar libremente, pasear por las tardes y las noches con toda tranquilidad. Y no lo escribo por escribir, sino porque sabemos que hay intereses para hacer ver a este puerto con inseguridad.
Los propios habitantes de Acapulco –desde luego del resto del Estado– tenemos que garantizar el desarrollo permanente de este pueblo turístico y ponerlo por encima de los intereses de los partidos políticos, de los grupos de presión económicos y sociales, porque como sabemos, de estos ingresos vive gran parte de nuestro Estado.
Debemos defender a Acapulco y desde luego, al Triángulo del Sol –Taxco, Acapulco y Zihuatanejo– y agregar otros puntos como Iguala y Teloloapan, sabemos, que habrá provocaciones que le quieran dar mala imagen al estado de Guerrero en plena campaña electoral, provenientes de grupos internacionales y nacionales que quieren favorecer al Caribe y por ello se hace necesario un gran pacto entre los principales actores económicos y políticos del estado para cuidar nuestros puertos y ciudades coloniales. Uno de los puntos deben ser el asunto de los casinos.
Por cierto que los grupos de reivindicaciones sociales en gran medida y de los grupos de autodefensa que existen en la entidad no son un estorbo para el turismo, ellos han demostrado responsabilidad desde la existencia de Lucio Cabañas y Genaro Vázquez Rojas.
Sería conveniente que pronto la sociedad guerrerense pudiera ver firmando ese pacto al gobierno del estado, al gobierno municipal y a los representantes de la industria turística.




