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Abren en Chilpancingo el foro En defensa del maíz nuestro

En riesgo, la agricultura en México y la alimentación por los transgénicos, alertan

A pesar de las advertencias, en Oaxaca y Puebla el maíz está contaminado porque hubo campesinos que adquirieron la semilla importada en tiendas de Diconsa, señala la integrante de Greenpeace, Liza Covantes

 Ezequiel Flores Contreras Chilpancingo  

La integrante de la organización no gubernamental Greenpeace, Liza Covantes, dijo, durante el foro En defensa del maíz nuestro, que ante la falta de información y la incertidumbre sobre el efecto que puede producir el maíz transgénico en las variedades nativas y la salud de la gente, se puede afirmar que “el maíz mexicano está bajo riesgo, así como la seguridad y la soberanía alimentaria”.

A pesar de las múltiples advertencias que hicieron al gobierno mexicano en 1998 para que detuviera la entrada de maíz transgénico procedente de Estados Unidos, el maíz nativo de varios estados del país, como Oaxaca y Puebla, está contaminado, aseveró la ponente.

“Esto ocurrió porque hubo campesinos que sembraron granos de maíz importado que compraron en tiendas de DICONSA”, a los cuales no se les advirtió que venían semillas transgénicas.

Este foro, que se lleva a cabo en el auditorio de la Rectoría de la UAG, también llamado Por una agricultura campesina sustentable, sin transgénicos en Guerrero, ¡Que viva el Pozole!, pretende analizar los riesgos que representa el maíz transgénico para el maíz criollo-nativo, y definir estrategias de acción en defensa de la agricultura campesina y la soberanía alimentaría de México, expresó el coordinador en Guerrero de la Unión Nacional de Organizaciones Regionales Campesinas Autónomas (UNORCA), Rogelio Alquisiras Burgos.

En el primer día, la integrante de la asociación civil Grupo Erosión, Tecnología y Control, Verónica Villa, afirmó que antes la biotecnología era utilizada para la preparación de alimentos, mejorar el cultivo, elaborar vacunas y remedios, “ahora está orientada exclusivamente a obtener ganancias por su uso en la farmacéutica y la agricultura”.

En su ponencia Cómo controlan las corporaciones la biotecnología, indicó que las empresas trasnacionales utilizan esta ciencia para influir en las políticas sociales, económicas y de comercio de países en desarrollo.

“Están usurpando el papel y las responsabilidades de los gobiernos, pues su poder pasa por encima de la soberanía nacional, presionan a las economías locales y deforman la política y las leyes para su provecho”, señaló.

Refirió que de las 100 economías más poderosas del mundo “51 son corporaciones trasnacionales, no países”, además de que actualmente menos de 10 empresas en todo el planeta dominan los ramos de agroquímicos, farmacéutica, genómica, semillas y medicina veterinaria, las cuales son consideradas como los “gigantes genéticos”.

Entre las que destacan: Pfizer-Pharmacia o Monsanto, Jhonson & Jhonson, Novartis, Bayer, Schering-Ploug, Dupont y Dow.

En este sentido, Verónica Villa criticó que los corporativos y algunos gobiernos promuevan a los alimentos transgénicos como la solución el hambre en el mundo, pues su objetivo es volver a los agricultores “más dependientes” a las semillas que elaboran las empresas trasnacionales.

Denunció que las trasnacionales de manera intencional contaminan el maíz nativo de países como México para sacar provecho económico y lograr su expansión, pues la corporación puede demandar a los agricultores “por usar su tecnología sin pagarle”.

Las corporaciones biotecnológicas proponen el uso de semillas suicidas, las cuales se reproducirán una sola vez y serán estériles, de modo que en cada ciclo agrícola los campesinos tengan que comprar semillas las empresas, “destruyendo así el sentido de la agricultura”, indicó la integrante de Grupo ETC.

Debido a que el maíz es uno de los cuatro cultivos que alimentan al mundo, advirtió que el control de la producción y distribución dará el mismo poder que actualmente tienen los que controlan el petróleo.

Es por eso que a las corporaciones trasnacionales les interesa –aseveró– “arrebatar” la posibilidad a los pueblos de usar y aprovechar la biodiversidad de las regiones, para ello “les urge introducir a nuestros países los productos que les sobran o que han fracasado en su mercados”.

Promover transgénicos atenta contra la libertad de elegir lo que comemos: UNORCA

Por su parte, el coordinador en Guerrero de la UNORCA, Rogelio Alquisiras Burgos, afirmó que producir y promover alimentos transgénicos atenta contra la libertad de los consumidores de decidir “qué queremos comer”.

Explicó durante su participación que este foro pretende sensibilizar a todos los actores en la cadena productiva del maíz, como instituciones de gobierno, académicas y de investigación.

Así como alertar a los campesinos guerrerenses sobre los riesgos biológicos que hay al cultivar semilla genéticamente transformada, así como exhortar a las autoridades para que tomen decisiones sobre la importancia del maíz como base alimentaria del pueblo de Guerrero.

Mientras que la encargada del programa de Sistemas Alimentarios Sustentables de la Asociación Civil, Grupo de Estudios Ambientales (GEM), Catherine Marielle Meyer, aseguró que México hasta 1960 era autosuficiente en maíz.

Ahora por las políticas neoliberales “de ajuste estructural”, aplicadas desde 1982, importamos 6 de las 24 millones de toneladas que cada año necesitamos. México también compra 95 por ciento de la soya, 58 por ciento del arroz y 49 por ciento del trigo que se consume en el país.

“Esta dependencia alimentaria ha sido paralela al desmantelamiento de la agricultura campesina, que se traduce en pobreza y falta de alimentos en las zonas rurales”, señaló al presentar su ponencia Bioseguridad y soberanía alimentaria en México.

Sobre los cultivos transgénicos, dijo que a pesar de que se afirma que son la solución al hambre del mundo porque son más resistentes, productivos y nutritivos, “se oculta que hoy se producen más alimentos que nunca y que el hambre es resultado de un modelo económico injusto y ambientalmente depredador, dominado por las corporaciones trasnacionales”.

En este sentido propuso detener de inmediato la entrada de maíz transgénico, exigir que se evite la siembra del mismo, así como realizar un exhorto a los legisladores para que no discutan este tema a espaldas del pueblo.

 

Los productos agrícolas a bajo precio arruinaron al campesino, afirman

Mientras que el miembro del Comité Ejecutivo Nacional de la UNORCA, Jaime Castillo Ulloa, atribuyó la ruina del campesinado en el mundo a la introducción en los mercados de productos agrícolas a muy bajo precio, acción comercial conocida como Dumping.

Rechazó que las políticas agrícolas actualmente sean definidas por la Organización Mundial del Comercio, cuando esta facultad debería ser de los gobiernos y los campesinos de cada país.

En su ponencia Soberanía alimentaria y comercio internacional, propuso que las leyes de este país reconozcan el papel de los campesinos en el proceso de soberanía alimentaria, emprender acciones contra la privatización de recursos naturales, “particularmente el agua”.

Así como proponer entre los países del sur de América alianzas entre productores y consumidores para los productos agrícolas de base.

El director del centro de derechos humanos de La Montaña, Tlachinollan, Abel Barrera Hernández, centró su participación en destacar la importancia que tuvo la planta del maíz o Tlaolli –vocablo náhuatl que define a las mazorcas secas– para las antiguas civilizaciones de México y el valor que tiene actualmente en las comunidades indígenas y rurales del país.

Consideró que el sistema político-religioso que se ha generado en torno al maíz es una practica milenaria que ha resistido a los embates de las diferentes facetas del colonialismo, “resiste en lo alto de las montañas, se mantiene viva la tradición con base al respeto a la naturaleza y a los abuelos que dieron como patrimonio esta planta” que civilizó al México antiguo.

El maíz viene a ser parte esencial de la cultura de los pueblos indígenas de Guerrero y de México, que se caracteriza por ser un elemento propio, criollo y su existencia de debe a la decisión de             los pueblos para cultivarlo y preservarlo, aseveró el antropólogo.

“Es la expresión clara de su lucha por la autonomía y su resistencia. Una resistencia creativa que reivindica el modelo civilizatorio mesoamericano, y demuestra la razón histórica de su grandeza y de su derecho a existir en la diversidad y en condiciones de igualdad y justicia”.

Luego criticó al gobierno estatal y federal por no fomentar una política social que privilegie a los trabajadores del campo, por el contrario aplica la ley del “embudo”, pues para que los campesinos accedan a los recursos del campo, impone modelos empresariales donde el hambre sigue siendo la única herencia.

Es por eso que a pesar de las políticas indigenistas “etnocidas”, los pueblos siguen reinventando mecanismos de defensa para asirse a sus raíces, “han encontrado en la migración una estrategia de sobrevivencia para que la cultura no muera”, aseguró el directo de Tlachinollan.

También advirtió que sin lo pueblos indígenas, su conocimiento e historia, Guerrero y México o podrán aspirar a un verdadero desarrollo y dejó la pregunta al aire: “por qué siguen pisoteando nuestro propio modelo civilizatorio y siguen construyendo nuestro porvenir en un modelo con pies de barro, postizo, con visión colonizadora y etnocida”.

Este día se formarán cinco mesas de trabajo donde se discutirán estrategias para defender el maíz de los cultivos transgénicos, y por la tarde serán presentados los resultados del foro.

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