Héctor Manuel Popoca Boone
Futuro profesional truncado
A principios de la semana pasada, acompañé al maestro Nelson Valle López, rector de la Universidad Autónoma de Guerrero (UAG), a inaugurar el laboratorio de análisis de agua, suelo y planta, de la Facultad de Medicina Veterinaria en Cuajinicuilapa.
Al rector no lo conocía personalmente, pero ya contaba con mi reconocimiento personal, por sus valerosas y honestas declaraciones, hechas con anterioridad ante la opinión pública, señalando las tres principales lacras o lastres generales que tiene la UAG, a saber: el ausentismo magisterial y estudiantil, la corrupción y el bajo nivel académico.
El que se reconozcan los problemas es el primer paso que otorga pauta sólida para la búsqueda de soluciones. No hay peor cosa que ocultarlos y fingir desempeños ficticios. Nelson Valle López demuestra que le preocupa y se ocupa en desempeñar bien las responsabilidades inherentes a su cargo, cuando no está sujeto a presiones políticas.
Pero volviendo al tema de la visita a la unidad académica mencionada, estando ya en la ceremonia de inauguración del laboratorio y ante la presencia del alumnado y el personal docente, causé asombro, azoro y estupor cuando en el uso de la palabra les dije a los próximos profesionistas que, en su futuro inmediato, se enfrentarían a circunstancias y condiciones difíciles para empezar a ejercer su profesión y aún más, vaticiné que algunos de ellos acabarían de taxistas, taqueros o abarroteros.
Las razones de tan infausta predicción son varias, les dije. La primera de ellas era que su campo de acción profesional residía en el medio rural y éste acusaba índices bajos de rentabilidad económica no resultando ser negocio ni para los propios campesinos. Los puestos de trabajo estarían circunscritos principalmente al aparato gubernamental dedicado a la atención al campo, los cuales serían escasos en comparación con el número de profesionistas que estaban saliendo de las escuelas agropecuarias. La inversión privada en las actividades pecuarias era prácticamente nula y la inversión pública muy restringida como para esperar la generación de nuevas fuentes de trabajo.
El final de mi intervención sonó a una especie de chocante darwinismo profesional: sólo los bien preparados, los mejor formados académicamente, los que tuvieran sólidos conocimientos tecnológicos y científicos, serían los que saldrían avante. Les pedí, por tanto, que no cejaran en estudiar e incluso ser autodidactas ante las ineficiencias magisteriales. Que no se hicieran majes a sí mismos y no trataran de pasar de noche por las aulas universitarias. Que no navegaran de a muertito tratando solamente de aprobar las materias académicas valiéndose de un sinfín de artilugios. Que no jugaran al tío lolo y entendieran que el estudio no era una etapa de la vida, sino un hábito permanente de superación.
Por su parte, en su alocución final, el rector Nelson Valle les informó que a partir de 2005, a resultas de lo firmado en el Tratado de Libre Comercio con Norteamérica, se abrirían las fronteras para la libre contratación de servicios profesionales entre los tres países signantes, con lo que la competitividad por los puestos de trabajo calificado se agudizaría aún más. Como dice el dicho popular: éramos pocos y parió la abuela.
No obstante lo anterior, el rector mencionó también que tuvieran conciencia de que eran muchachas y muchachos privilegiados y no desaprovecharan la oportunidad que estaban viviendo; ya que de cada cien estudiantes que egresan de la primaria, únicamente diez llegan al nivel de estudios superiores. Solamente tres por ciento de todos los jóvenes del medio rural alcanzan a poner un pie en las aulas universitarias, agrego yo. La deserción estudiantil, principalmente por razones de pobreza, es brutal en Guerrero.
Al despedirme de Nelson Valle y de regreso a Chilpancingo, pensé en el enorme desafío y en la maraña de intereses sin fin que tiene el rector que enfrentar para por lo menos disminuir en algo los índices de ausentismo, corrupción y prevaricación que no permiten incrementar el estatus académico de esa casa de estudios. Afortunadamente, me dije a mí mismo, ya hay universitarios que no conciben que la UAG siga siendo una inmensa guardería de jóvenes sin futuro laboral, por lo mal preparados que salen. Enhorabuena.
PD1. Alejandro Cervantes Delgado fue el gran maestro de la ética política y la honestidad pública. Lamentablemente algunos de sus discípulos fueron desertores, Más tardó él en morir que ellos en enriquecerse ilegítimamente.
PD2. Así son las cosas, zanca: en tiempos político-electorales algunos políticos actúan con una total orfandad de ética. Ésta no da, ni asegura votos y poder; me dicen. Yo no les creo.




