Periódico con noticias de Acapulco y Guerrero

El último frente del radicalismo revolucionario

Vicente Guerrero

Erwin Flores Contreras  

Ya sepultado el Congreso de Anáhuac y por lógica cualquier intento por llevar a cabo la Independencia de América Septentrional a la idea de los sublevados. Lo que había quedado del Congreso de Chilpancingo se había reorganizado en Apatzingán y proclamado la Constitución de 1814, titulada: Decreto Constitucional para la Libertad de la América Mexicana, la cual Morelos, ante los tribunales de la Inquisición, había rechazado porque la consideraba “impracticable”.

En el contexto internacional, en España se había restablecido la monarquía absoluta (Fernando VII, rechazaba la constitución liberal de 1812), por ende la Nueva España, que era la colonia que más riqueza generaba a la metrópoli, reflejaba una aparente estabilidad política, económica y social.

A la muerte de Morelos, y con la entrada de Juan Ruiz de Apodaca (a principios de 1816) como virrey, sustituyendo a Calleja, este decretó una ley de amnistía, indultando a los insurgentes y ofreciéndoles privilegios a los dirigentes; algunos beneficiados fueron: Carlos María Bustamante, José María Coss, ex miembros del congreso de Chilpancingo entre otros, mientras que López Rayón, Nicolás Bravo y Mier y Terán, yacían en los calabozos virreinales. Sin embargo, en el sur de la Nueva España, a pesar de que el ejército realista había recuperado todas las plazas que en su momento pertenecían a los insurgentes dirigidos por Morelos, se mantenía un reducto de los seguidores del de Carácuaro y que en ningún momento aceptaron el perdón del gobierno.

Este reducto de insurgentes que mantenían vivo el proyecto de independencia, no les quedaba otra opción que establecer una guerra defensiva, la dirección del movimiento había sido desarticulada, así que imperaba en la organización de los insurrectos una lucha interna por la dirigencia.

Había reductos como el dirigido por Miguel Fernández Félix en Veracruz, entre otros en Puebla y Michoacán.

El sur de la Nueva España se mantenía bajo la bandera de la independencia; la guerrilla comandada por Vicente Guerrero, guerrillero forjado dentro de las milicias de Morelos, bajo el mando de Hermenegildo Galeana, y que para ese momento se levantaba como uno de los principales jefes de la resistencia insurgente, abrazando la consigna de “Independencia y Libertad, o Muerte”.

Resuelto a no aceptar las ofertas del gobierno de Apodaca para dejar las armas, a cambio de dinero y el grado de general de los ejércitos del sur. Levanta una ofensiva en la región de Tierra Caliente, tomando varias poblaciones, posesionándose así de la región, con un ejército aproximadamente de dos mil hombres disciplinados y bien armados, siendo así, considerado un peligro y problema primordial para la estabilidad del gobierno virreinal que estaba resuelto a socavarlo.

Ante la negativa de Guerrero por aceptar la indulgencia, Apodaca nombra a Agustín de Iturbide como comandante del ejército del sur. Como antecedentes de este personaje, era el mismo que como teniente había derrotado al ejército de Rayón y asolado varias poblaciones simpatizantes de los insurgentes, de igual forma se dedicaba a asaltar a los carros de las casas comerciales, principalmente de Guanajuato, hecho por el cual es llamado a la capital                                     por el entonces virrey Calleja.

Iturbide por su experiencia en batalla, era llamado a terminar como diera lugar con la amenaza llamada Guerrero. Pero a pesar de las expectativas, Iturbide no logra ni siquiera en una batalla, ganarle al escurridizo Guerrero quien le generó a su ejército, varios descalabros.

Ante todo esto la pregunta sería ¿cómo entonces se logra la independencia?, ¿por qué es Iturbide quien la consuma, si él era acérrimo enemigo de los que pregonaban la libertad de Nueva España?

El intercambio epistolar entre Guerrero e Iturbide

Para el año 1820, en España surge una insurrección liberal contra Fernando VII, el cual es obligado a jurar la constitución de 1812, la cual implicaba abolir, nuevamente, los tribunales de la Inquisición y otros especiales, así como diversas disposiciones. Al llegar estas noticias a la Nueva España la oligarquía, la jerarquía católica, ricos comerciantes así como miembros principales del régimen virreinal y algunos oficiales del ejército no dudaron en separarse de la metrópoli antes de que se hicieran efectivas las nuevas disposiciones.

No hay duda que Guerrero mantenía contacto con personas (principalmente el grupo secreto de los “Guadalupes”) que le informaban estrictamente de los acontecimientos que giraban en torno a España, como en la Nueva España.

Iturbide con fuentes oficiales no dudó también en tejer una estrategia para satisfacer su hambre de poder y derrotar al ejército de Guerrero para terminar con la amenaza; pero bien sabía que por medio de las armas sería un empresa difícil y desgastante, por lo que envía una carta a Guerrero, fechada el 10 de enero de 1821, manifestándole su interés por el bien de la Nueva España y proponiéndole textualmente lo siguiente: “Ud. está en el caso de contribuir a ella de un modo muy particular, y es, cesando las hostilidades y, sujetándose con las tropas de su cargo a las órdenes del gobierno, en el concepto de que yo dejaré a Ud, el mando de su fuerza y aún le proporcionaré algunos auxilios para la subsistencia de ella”.

La propuesta central de Iturbide era la rendición de Guerrero a cambio de privilegios; en esa misma carta le informa de la participación de los diputados de la Nueva España en las cortes de España, como símbolo de que las cosas habían cambiado para la colonia, así como le da las buenas nuevas de la puesta en libertad de Rayón, Bravo y Sixto Berduzco. En los últimos párrafos le propone entrevistarse en Chilpancingo, dejando en claro que no es su intención jugarle mal, pero aún así, como advertencia (por si Guerrero se negaba), le informa que tiene tropa sobrada de qué disponer, y que si el quisiese le vendría más de la capital, manifestándole que le ha puesto un cerco tan efectivo dispuesto a aprenderlo, a expensas de que, si contestaba a su carta, mandaría suspender cualquier acción sobre sus tropas.

Vicente Guerrero, le contesta con una carta fechada el 20 de enero, en donde en los primeros párrafos le demuestra que no está desinformado de los acontecimientos actuales transcurridos en España y la colonia. Aquí se hace evidente del amplio conocimiento que tenía Guerrero tanto de los principios de la lucha de independencia como de las disposiciones del gobierno virreinal, tal es el caso que en torno a la participación de los diputados novohispanos en España, le refiere lo siguiente: “y no espere el resultado de los diputados que marcharon a la península, por que ni ellos han de alcanzar la gracia que pretenden, ni nosotros tendremos necesidad de pedir por gracia lo que se nos debe de justicia…”.

Ante la oferta de ser indultado, y subordinarse al gobierno español, Guerrero le dedica a Iturbide los siguientes párrafos:

“Conozca mi resolución y la justicia en que me fundo, sin necesidad de mandar sujeto a discutir sobre propuestas algunas, por que nuestra única divisa es Independencia y Libertad, si este sistema fuese aceptado por Ud… me explayaré más, combinaremos planes, y protegeré de cuantos modos me sea posible sus empresas; pero si no se separa del constitucional de España, no volveré a recibir contestación suya, ni verá más la letra mía”.

En otros párrafos le anuncia que le explica lo anterior para que no lo tome por impolítico y resuelve lo siguiente:

“…por que ni me ha de convencer nunca a que abrace el partido del rey …ni me amedrentan los millares de soldados, con quienes estoy acostumbrado a batirme. Obre Ud. como le parezca, que la suerte decidirá, y me será glorioso morir en la campaña que rendir la cerviz al tirano. Y por último le recalca …y le repito, que todo lo que no sea concerniente a la total independencia, lo disputaremos en el campo de batalla”.

En respuesta, el 14 de febrero Iturbide le contesta que lucha por la misma causa de independencia y le propone unir sus fuerzas para lograr la gesta.

En la entrevista propuesta por Iturbide en Chilpancingo, no asiste Guerrero que de manera precavida mandó a un representante.

El desenlace es bien conocido, Guerrero se subordina a las órdenes de Iturbide y apoya el Plan que este proclama en Iguala, el cual estaba lejos de ser el proyecto por el que luchó Morelos, pero tal parece que para Guerrero era mejor lograr la independencia, y recobrar fuerzas para las nuevas batallas. El nuevo plan proclamaba un gobierno monárquico, en el cual gobernara Fernando VII o alguien de su familia, privilegiaba a las clases altas y a la casta católica, para Guerrero esta era el principio de una nueva batalla y así se cumplió.

El 27 de septiembre de 1821 se consuma la independencia, Iturbide entra victorioso a la ciudad de México y se convierte en emperador del nuevo “Imperio mexicano”, Guerrero se convierte en custodio del sur del imperio, imperio que no duraría mucho.

Años más adelante, instaurada la república federal, en 1824 Miguel Fernández Félix, mejor conocido como Guadalupe Victoria se erige como primer presidente de México y no es hasta 1828 cuando Gomes Pedraza, gana las elecciones presidenciales a Guerrero, pero este último llega a ser presidente en el momento en que Santa Anna se levanta contra Pedraza.

En la presidencia Guerrero solo dura ocho meses, debido a que el vicepresidente Anastasio Bustamante se subleva. Guerrero fiel a sus ideas de justicia y libertad, generó problemas a la oligarquía y clases altas, por intentar aliviar de males a los desposeídos, así que, cuando pidió licencia para combatir a Bustamante, el Congreso, bajo común acuerdo estratégico, declara a Guerrero como no apto de sus facultades mentales y por ende inhabilitado para gobernar.

Después de esto la suerte del último insurgente radical del siglo XIX estaba echada, perseguido por todo el sur es traicionado y fusilado el 14 de febrero de 1831, yéndose con él la lucidez de ser una nación realmente independiente y próspera.

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