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Jaime Castrejón Diez

Terrorismo y retroceso

Hemos vivido en los últimos años una etapa en que el terrorismo empieza a dominar la vida política de las naciones. Los últimos acontecimientos en Rusia con la tremenda matanza de niños en una escuela, muestran el grado de agresividad y de destrucción que tiene este nuevo terrorismo. El terrorismo siempre ha sido sangriento, una de las cosas que hay que entender es que el terrorismo no sólo es matar, es crear terror y con los acontecimientos que han sucedido el terror se ha apoderado de las naciones.

La reacción de la sociedad ha sido dura, los últimos ejemplos son claros. Después de un serio atentado en Israel, Sharon recibe el espaldarazo electoral y el apoyo a las políticas duras y a las acciones igualmente agresivas. También se endureció el gobierno de Rusia, lo que no es de extrañarse, su pueblo fue sometido a un tremendo acto de violencia. La reacción social también es dura y eso ha endurecido el régimen ruso. El mismo discurso del presidente Vladimir Puttin muestra que no están dispuestos a tomar una actitud pasiva con los sucesos que están viviendo casi todos los países del mundo.

El terrorismo ha existido en distintas formas, especialmente conectadas con magnicidios, como se ha visto a lo largo de la historia. Los ejemplos más claros fueron el asesinato del príncipe austriaco en Sarajevo que dio inicio a la Primera Guerra Mundial, aquí podemos ver el efecto del terror que desata una violencia aún mayor. Hemos visto distintos tipos de terrorismo, el asesinato de Indira Ghandi, el asesinato de Ghandi, de John y Robert Kennedy, el de Olaf Palme, en fin muchos casos en donde el terror se ha centrado en los magnicidios, buscando crear un clima caótico que desate nuevas violencias. Ese es el papel del terrorismo, es el catalizador de la violencia.

Pero el terrorismo del magnicidio, el terrorismo que se centra en los líderes nacionales, ha quedado atrás para dar paso a un nuevo terrorismo; un terrorismo que al mundo le está tomando un tiempo para comprenderlo, porque no es el terrorismo anarquista del siglo XIX que se dio en Rusia con el Nihilismo. Este es un nuevo terrorismo que tiene prisionera a la sociedad; esto es, los crímenes no van solamente a las cabezas de Estado, el terrorismo está orientado hacia la sociedad civil y está creando una resaca que está impulsando a posiciones más duras de los gobiernos. Esto es, el terrorismo está sirviendo de un impulso en sentido contrario a la gran corriente de derechos humanos que estaba tomando una buena posición en todos los países.

Es difícil comprender la mente del terrorista, pero sí es indispensable entender que el terrorismo está acabando por tener prisionero al mundo, no sólo a sus gobernantes, también a los ciudadanos. Con este acto en la escuela rural vemos que no se respeta ni edades ni situaciones, lo importante es que se derrame la sangre y que esto tenga un efecto secundario en las posiciones políticas de los gobiernos. Regresamos al nihilismo en cierto sentido: la sangre hace doctrina.

Da la impresión de que estos impulsos para generar mano dura vienen a ser los verdaderos acicates para dar marcha atrás en todo lo que había ganado la humanidad con relación al respeto a la vida humana y a la actitud de reprobar todo acto de lesa humanidad. La corriente de derechos humanos veía anulando el concepto de la Razón de Estado, que en aras del orden social justificaba el mismo asesinato. Matar aleatoriamente es una práctica que llevará al endurecimiento de la sociedad y tal vez el retorno de la Razón de Estado.

Pareciera ser que se quisiera anular el avance en derechos humanos y regresar a las situaciones de fuerza o de la destrucción del Estado Nacional. Se dijo que al ser obsoletas las ideologías la confrontación quedaría atrás, pero aparecieron las luchas étnicas, los señores de la guerra, los odios religiosos que alientan un nuevo tipo de lucha.

Se trata de la fragmentación del Estado Nacional, el que ahora está sujeto a dos tipos de presiones. Por un lado, la fuerza transnacional que trata de borrar fronteras entre las naciones con fines económicos y por el otro la lucha dentro de los países para fragmentarlos. La lucha serbo-croata, la lucha interna en Afganistán, la guerra de Irak, la lucha tribal en África. Entre estas dos fuerzas, el Estado Nacional está siendo confrontado y con ello, la lucha por los derechos humanos enfrentan a un futuro difícil y pareciera dar la razón a quienes hablan del fin del Estado Nacional.

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