Periódico con noticias de Acapulco y Guerrero

CARTAS (Reflexiona sobre el periodista Leodegario Aguilera)

Señor director:

Conocí mejor a Leodegario después del 22 de mayo, tras su desaparición física. Antes, varias veces nos cruzamos por ahí en alguna calle u oficina y creo que en alguna ocasión hasta nos dimos los “buenos días”, sin embargo poco sabía de él. Hoy creo conocerlo un poco más.

Incluso, cuando me enteré de su secuestro no hubo de mi parte un interés más allá del morbo que me movió a preguntar a los compas del medio un ¿y quién era él? “Es el director de la revista Mundo Político de Acapulco, muy tranquilo el cuate”, me contestaron los que más lo conocían.

Cuando los compas exigieron que se agilizara la investigación de su desaparición y el esclarecimiento del caso aumentó mi interés por las opiniones más a fondo que se expresaban sobre “el compañero desaparecido”.

Por algunos compañeros del medio me enteré que no era de los hampones que pululan por ahí y que andan permanentemente tras de los bisnes y los cochupos a cambio de callar y mentir.

“Era un compañero serio y más o menos crítico, no tenía lana, por eso extraña que se trate de un secuestro”, me dijo en alguna ocasión alguien que trataba de convencerme para que participara en una marcha de protesta.

Otro puso en mis manos algunos de los trabajos del director de Mundo Político. En uno, por ejemplo, Leodegario hablaba de la corrupción y del engaño que sufrimos los guerrerenses con la construcción de la aeropista de Huamuxtitlán que, se dijo en su inauguración, serviría “para trasladar con mayor rapidez a los indígenas de La Montaña enfermos a Chilpancingo o Acapulco y evitar que se sigan muriendo por falta de atención médica”.

También se dijo entonces que habría “taxis aéreos” de Chilpancingo a Huamuxtitlán e incluso de Acapulco, “para acercar más a La Montaña” con la capital del estado y el puerto.

Actualmente, sin embargo, a casi tres años de la inauguración, no se ha conocido de algún caso de indígena que haya sido trasladado por avioneta para ser atendido aquí o que se haya hecho algún viaje de servicio público. Eso cuestionaba Aguilera Lucas e incluso insinuó en su colaboración para el semanario El Matutino que la aeropista había sido construida ex profeso para otros propósitos, incluso ilícitos.

En una colaboración de otro medio se refirió, también, a las obras que construye el gobierno estatal y que fueron entregadas para su ejecución a la empresa Torreblanca y mencionó la falta de transparencia en la licitación de las obras. Habló, asimismo, de las facilidades que se otorgan a esta empresa para la obtención de los contratos, incluso se refirió a una “relación sospechosa” entre el empresario Torreblanca y el gobierno estatal.

Fueron sólo estos dos de entre muchos otros trabajos, los que me llevaron a pensar que Aguilera no era de los del círculo de la adulación fácil y que, en cambio, con frecuencia recurría a la crítica y tocaba temas que inquietan no a los comunes de los del gremio.

Lamentablemente conocí mejor el perfil del director de Mundo Político cuando ya no estaba entre nosotros. Según la información oficial, fue asesinado la misma noche del 22 de mayo cuando un grupo de malandrines entró por él a una de las habitaciones de su hotel, ubicado en Pie de la Cuesta, en Acapulco.

No me imagino cómo Leodegario hubiera tratado este, su propio caso, si viviera, pero supongo que hablaría de impunidad puesto que fue uno de los temas recurrentes en sus colaboraciones de algunos medios y en su propia revista.

Hablaría de impunidad, no sólo por la forma de cómo actuaron sus victimarios, sino también por la franja de humo que pretende extenderse sobre su caso desde la Procuraduría con una historia propia de los apologistas del terror.

De ello no se puede responsabilizar ni exigir nada al procurador Jesús Ramírez Guerrero, puesto que a él no lo liga ningún compromiso con los ciudadanos que no lo designaron; al procurador lo designó el gobernador a quien sí eligió la mayoría de los electores para que cumpla con las responsabilidades constitucionales. Una de ellas es la de brindar seguridad e impartir justicia. A Rene Juárez le corresponde entonces la responsabilidad de rendir cuentas de este hecho si el procurador no desquita su salario en el cargo que le obsequió su superior.

 Atentamente
Zacarías Cervantes, reportero

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