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Todo un despliegue para la rápida edificación del complejo

 

 Carlos Pellicer asesoró el diseño de una zona con motivos arqueológicos

Era el vertiginoso crecimiento de Acapulco en las décadas de los 60 y 70. Eran tiempos del surgimiento de otros centros turísticos en México y el mundo. Miguel Alemán Valdez, presidente entonces del Consejo Nacional de Turismo, propuso al presidente de México Luis Echeverría, construir un centro de convenciones –el primero en el país en un centro turístico– que diera servicio a congresos internacionales.

Con la autorización presidencial, la obra se asignó a la Secretaría del Patrimonio Nacional, y en su fase Plan Acapulco se construyó el Convenciones, bajo la responsabilidad del arquitecto Pedro Moctezuma, como arquitecto y director general del proyecto.

De acuerdo con Ricardo Sánchez Aguilar, uno de los veteranos del Centro Acapulco que ha laborado en el lugar durante 31 años, el terreno que se eligió para la obra pertenecía al Banco Nacional de México y hasta allí llegaba el campo del Club de Golf Acapulco, entonces de 18 hoyos.

El campo de golf –que finalmente se quedó con nueve hoyos– fue dividido por una calle que se hizo entonces y que fue llamada Lobo Solitario, hoy María Bonita.

El terreno total de 157 mil 452 metros cuadrados fue nivelado y medido para cimentar los cinco edificios con los que contaría la mega obra: el edificio principal donde se albergarían las oficinas; la entrada y las terrazas; el salón Teotihuacan, el teatro al aire libre Netzahualcóyotl, el cuarto de máquinas y el edificio del teatro Juan Ruiz de Alarcón, con un total de 55 mil 448 metros cuadrados solamente para las construcciones de edificios, sin contar construcciones complementarias, plazoletas, calles, banquetas y estacionamientos.

Uno de los ingenieros contratados por la compañía constructora Ballesteros SA, a cargo del desarrollo, fue José Beltrán García quien recuerda que en aquél entonces, el presidente urgió la terminación de la obra debido a la proximidad del comienzo del famoso Congreso Internacional de la Sociedad Americana de Agentes de Viaje (ASTA).

Se necesitaba el salón para octubre de 1973 y aunque ya contaba con el terreno de casi 16 hectáreas en lo que fuera la segunda sección del Club de Golf Acapulco, necesitaba por lo menos un año para entregar la enorme construcción.

“Entonces lo que hicieron fue que el trabajo se distribuyó en tres turnos, para trabajar a marchas forzadas las 24 horas del día, con un residente no por toda la obra sino uno por cada edificio, para poder cumplir con el compromiso de entregar el centro a tiempo”, recuerda el ingeniero Beltrán, quien al concluir la obra fue contratado como jefe del área Técnica del Centro de Convenciones.

“Recuerdo que era todo un despliegue de maquinaria y de personal el que se veía todos los días en la obra, realmente fue un logro muy grande ver como de la nada surgió ese enorme edificio. Yo estaba trabajando como supervisor y todos andábamos agotados por tanta presión, lo que pasa es que el contrato con la constructora era para un año pero nos lo aventamos en 10 meses”, expresa Beltrán.

Finalmente, después de los trabajos bajo presión para poder albergar el congreso de la ASTA, se llegó a la fecha de inauguración el 21 de octubre de 1973, acto que fue presenciado por los cinco mil congresistas que venían de más de 50 países del mundo a generar negocios en el ramo de las agencias de viajes. La inauguración tuvo lugar en el salón Teotihuacan, en donde se instaló un templete, módulos de información y salas de juntas.

El presidente de la república Luis Echeverría elogió la labor de los constructores, así como del arquitecto del proyecto Pedro Moctezuma, de los coordinadores de la obra, los arquitectos Vicente Medel y Martín Ruiz Camino, el proyecto arquitectónico de Enrique García Formentí, del director y del coordinador del proyecto respectivamente Antonio Vargas Tora y Armando Robles Charles, la decoración a cargo de Noldi Schreck, además reconoció la labor del escultor Enrique Miralda, quien elaboró la escultura monumental que abarca los tres pisos de altura (casi 10 metros) en el centro del edificio principal, rodeado hoy de plantas colgantes.

También mencionó el trabajo como asesor en instalaciones teatrales de los arquitectos Julio y Alejandro Prieto así como la investigación y la asesoría para el diseño de una zona con motivos arqueológicos, del prestigiado poeta y dramaturgo tabasqueño Carlos Pellicer, cuatro años antes de su muerte.

Ricardo Sánchez Aguilar, adscrito hoy a la dirección operativa en el centro de convenciones, recuerda que fue tal el éxito que tuvo la convención de la ASTA, que a pesar de que esa organización nunca había repetido la sede de sus congresos desde su fundación en 1931, regresó en 1975 para una segunda convención en Acapulco.

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