Héctor Manuel Popoca Boone
A propósito de los Juegos Olímpicos
Con todavía el espíritu deportivo de los Juegos Olímpicos recién terminados, vale la pena reflexionar someramente sobre lo que la liza deportiva suscita en la animación del ser humano. Reseño a continuación algunos aspectos negativos como positivos, para que cada cual pondere el justo lugar e importancia de cada uno de ellos.
Testimoniar y celebrar un evento deportivo es una enajenación transitoria y a la vez escape colectivo, ficticio y recurrente, de los agobios y angustias de la vida cotidiana en nuestros distintos ámbitos de acción. Ayuda a la despreocupación popular coyuntural sobre los más graves problemas nacionales o personales. No en balde el dicho popular dice que hay que darle pan y circo al pueblo para que permanezca en calma.
Un triunfo deportivo genera un efecto de motivación optimista momentánea e hipnótico a manera de bálsamo en las masas frente a las derrotas, frustraciones, carencias e insuficiencias en nuestros deberes, responsabilidades, aspiraciones y retos de nuestro acontecer diario. Sin embargo, a veces la exaltación de los ánimos y pasiones deportivas desata fuerzas humanas incontrolables, destructoras y violentas, como los actos de los porros o los hooligans.
Apabullante y avasalladora es la mercantilización del deporte y de los deportistas. Empresas comerciales patrocinantes de todo tipo los convierten en objetos para la promoción y venta de sus productos; convirtiendo a los deportistas que logran destacar en auténticos anuncios comerciales vivientes.
A la contemplación y a la celebración del deporte, que no a su ejercicio, le dedicamos demasiado tiempo; a contrapelo del dedicado al cultivo de las bellas artes, la cultura general o a la simple lectura. Agregue a lo anterior la dosis de idiotización que incorpora la televisión con sus comentaristas grandilocuentes y sus burdos cómicos deportivos.
El deporte de competencia, como la política, es una expresión subliminal de la innata belicosidad humana. La competitividad deportiva exacerbada no contribuye en mucho a despertar la solidaridad humana. A la hora de competir, en verdad lo que importa es ganar y vencer al prójimo. Derrotar al adversario para sobresalir o al menos para poder seguir subsistiendo en el mundo deportivo.
Al vencido, que no tuvo fortuna, capacidad, fuerza o destreza, le espera casi siempre el abandono y el olvido. A las mieles de los pocos que ganan se contraponen las hieles de los muchos que pierden. Adiciónele a eso el regodeo morboso y con buena dosis de escarnio que la televisión mexicana hace de los deportistas mexicanos fallidos.
Aspectos buenos del deporte son que promueve la igualdad entre los seres humanos. (Iguales pero a la vez distintos; juntos pero no revueltos) La justa competencia sólo puede darse entre iguales y en condiciones de equidad. Además promueve la camadería y la amistad cuando aceptamos medir fuerzas y destrezas físicas sin la tentación de subyugar o exterminar. También tiene capacidad de convocatoria y aglutinamiento. Promueve el sentido de pertenencia.
El filósofo Fernando Savater dice que cada grupo social necesita de tipos humanos que representen de vez en vez la excelencia, que sean dignos de admiración, modelos que encarnen el ideal social de vitalidad de modo plenario y planetario, pero que lo hagan en forma individual o en equipo reducido, con identificación local, regional o nacional.
El deporte desarraiga el nacionalismo político de tipo dogmático o fundamentalista. Aun cuando no lo elimina, contribuye a canalizar el fervor y la ansia de gloria heroica de los pueblos por vías pacíficas y civilizadas. Asimismo nos permite apreciar en sus diversos grados de excelsitud los atributos del cuerpo humano en cuanto a habilidad, destreza, velocidad, fuerza, estrategia, elegancia y limpieza en el juego.
Otro aspecto relevante y distintivo de lo humano en el deporte es su realización con reglas del juego, lugar y hora aceptadas por todos; con arbitrajes acatables, duración finita, sin ventajas para nadie, con mediciones y cuantificaciones imparciales y hechas con la misma vara para todos los competidores.
La convocatoria al ritual deportivo de competencia, lleva consigo la emoción de la precisión en el reto o del desafío. Savater dice que no se trata de ser tan solo fuerte, ágil y diestro; sino el mejor en un aquí, en un ahora, en ciertas e irrepetibles circunstancias, con determinados rivales y ante testigos colectivos. Esfuerzo y riesgo. Triunfo o derrota. Es el sino único, en un lugar y momento singular.
Por último, lo que le da permanencia y vigencia a las justas deportivas son su carácter festivo, lúdico y masivo; donde se resalta la supremacía, la excelencia circunstancial y destellante del cuerpo humano. Porque, al final de las cuentas, con estos eventos, nos reconocemos como seres transitorios y perecederos.
PD1. Cuando los delegados federales en las entidades federativas empiezan a actuar como procónsules, ya se fregó el federalismo.
PD2. A mis declaraciones públicas que contienen verdad, ciertas personas interesadas las califican de irresponsables. Ahora resulta que responsabilidad es sinónimo de callar, ser mendaz o sumiso. ¡Habrase visto tamaña inverecundia!
PD3. Así son las cosas, zanca: En tiempos político-electorales las apostasías están a la orden del día.




