Eduardo Pérez Haro
Octubre 1968-octubre 2014*
A los normalistas de Ayotzinapa.
Los hechos criminales que involucran a las fuerzas armadas y cuerpos policiacos en contra del crimen organizado reiteradamente han evidenciado complicidad y más aún fusión de intereses y acciones entre unos y otros. ¿Cuál es su extensión y alcance? no es algo que podamos precisar en aritmética exacta ni mapa que lo deje ver con facilidad, más bien, para los ciudadanos de a pie se presenta como algo incierto, y su imprecisión lo convierte en un riesgo y peligro permanente en cualquier espacio, “es como el mismo diablo que nadie sabe qué forma adquiere y cuál el tamaño del maleficio al que las personas están expuestas”.
No se trata de una afirmación sin fundamento, se sostiene en aquellos eventos en los que así se ha reconocido por el propio poder judicial, y han quedado documentados y expuestos en los medios de comunicación a todo lo largo y ancho del territorio nacional, con esos casos es más que suficiente para saber que no es un infundio ni exageración, no obstante, lo más grave es cuando esta coalición de intereses se torna incontrolada y desborda su propia lógica criminal que se supone está dada por el poder de los otros, el área no criminal y el área que representa “el compromiso de la ley”.
El crimen incontrolado es contra quienes, como mayoría, le son diferentes, sólo por eso, aunque no compitan ni se les enfrenten por estar en otra cosa en la vida diaria o en la oposición política, mas no en la competencia. Sí, nos referimos a un futbolista que pasa enfrente del desquicio de uniformados que disparan a diestra y siniestra, o a quienes claramente le enfadan a la autoridad porque son jóvenes que se agitan por sus reivindicaciones sociales y derechos ciudadanos, como los normalistas que salieron a botear para hacer posible su asistencia a la marcha conmemorativa del 2 de octubre en la ciudad de México. Los tiempos se sobre posicionan, se pierde de vista el tiempo octubre del 68-octubre del 2014.
Cuando se revela el crimen de más de una veintena de personas sin juicio por parte de miembros de las fuerzas armadas a “integrantes del crimen organizado” en Tlatlaya, Estado de México, definitivamente se está ante una violación de la ley por parte de los responsables de su resguardo. Un crimen que no tiene explicación por más que se detenga a tres, a ocho o a 18 soldados de base o con algún grado y nivel de mando, y a ello se le agregue que lo hicieron en un acto de “locura” por su cuenta, como si con su encarcelamiento quedase extirpado el mal y en adelante ya no hubiera riesgo alguno. Nada de eso, en las filas del ejército no es la primera vz ni será la última. Al tiempo.
En semejanza de hechos, en junio de 1995 las fuerzas del orden masacraron a un grupo de pobladores cuando viajaban en un camión de redilas y sin más (ver videos en YouTube), les dispararon, entonces hubo siete campesinos muertos y fue suficiente para que el gobernador del estado, Rubén Figueroa, tuviera que dimitir y en su lugar, como opción proveniente del PRI, tomó el mando Ángel Aguirre Rivero. A casi 20 años, a él mismo le corresponde hacerle frente a una situación de la misma naturaleza, pero de proporciones mucho mayores, sólo que ahora siendo gobernador proveniente del PRD.
Resulta que los normalistas de Ayotzinapa que ya tenían en su haber la muerte de dos compañeros que fueron baleados en diciembre de 2011, ahora fueron balaceados por las policías del municipio de Iguala, en donde murieron tres estudiantes y tres personas ajenas a los normalistas, y desaparecieron 43 de sus compañeros hasta ahora no localizados. Lo que se encontró fue una fosa en la que hallaron 28 cuerpos calcinados, pero por su condición no pueden hasta ahora saber y, por lo mismo, afirmar si se trata o no de los estudiantes desaparecidos. Grave, muy grave si se trata de ellos, pues fue la policía la que los detuvo, y si no se confirma que éstos sean los estudiantes con más de diez días desaparecidos, doblemente grave.
No agregamos tinta sobre las particularidades del caso, el asunto ya rebasó las fronteras, se trata de un acontecimiento que ocupa más del 50 por ciento de los espacios de la información que circula por medios impresos y electrónicos, y ya está en el plano internacional en diferentes idiomas, en las redes sociales, cafés, restaurantes y mesas de los hogares. Se trata de un hecho que ha consternado y dejado atónitos a los extranjeros. El presidente de la República se vio obligado a pronunciarse exprofeso en todos los medios masivos de comunicación… pero parece que nada alcanza… el problema puede ir mucho más lejos, en las filas universitarias hay indignación y entre la población civil el tema se está escalando.
Los partidos políticos no parecen hacer la diferencia cuando toman el gobierno, menos cuando se encuentran acomodando su situación para próximas elecciones, las responsabilidades se patean hacia adelante para llevarlas al terreno de policías operadores de menor rango en los cuerpos de seguridad con los que se pretende cerrar la acción de la justicia, pero no se puede eximir de adeudo a los jefes del poder ejecutivo de los tres niveles de gobierno pues se entiende que como electos y responsables de la institución del Estado, deben brindar seguridad a los mexicanos todos y, por ende también son responsable al incurrir en omisión pero lo son sobre todo por su vínculo de autoridad con las fuerzas de seguridad, que no se mandan solas, y a los ojos de todo el mundo actúan contra la ley.
No basta con ofrecer de manera reiterada perseguir a los criminales cuando se mueven en círculo “polícias y ladrones”, y la pregunta es quién está dispuesto a romperlo desde el interior de las instituciones. La impunidad, dice el Presidente “no tiene resquicio en el Estado de derecho”, pero en ausencia de éste la impunidad manda. Empero, que no haya duda, la gente se da cuenta y el descrédito de las instituciones y sus personeros se agranda. De nada servirán medallas y reconocimientos internacionales cuando se manchan de sangre, éste es el hecho que ha motivado a los normalistas a organizarse y difícil es imaginar que se queden cruzados de brazos. ¿Se les responderá con más sangre o se les atenderá en mangas de camisa y de manera pública? ¿Es verdad que se ha instalado el diálogo abierto como nueva forma de gobierno? ¿Estarán presentes las cámaras de la televisión abierta?
Los regímenes federal, estatales y municipales ya están “haciendo agua” y la población se está colmando de la trasgresión de su seguridad y sus derechos fundamentales, no hay lugar para mayores consideraciones analíticas, el crimen organizado involucra a las autoridades uniformadas y sin uniforme en la ejecución de hechos contrarios a la Ley y en contra de la población civil, la impunidad de los hombres del poder hace gala.
Señor Presidente, México no ha cambiado, como usted lo viene afirmando en su artículo publicado apenas hace un mes en el diario español El País, ni como lo expresó durante el discurso pronunciado en Palacio Nacional con motivo de su segundo informe de gobierno. Empero puede cambiar, los normalistas de Ayotzinapa se han expresado y se les ha recibido a balazos, ahora usted tiene la palabra. Y los mexicanos estamos atentos.
* Este artículo debió publicarse el martes pasado, lo que no ocurrió por problemas en el proceso de edición. Ofrecemos una disculpa al autor y a los lectores.




