Periódico con noticias de Acapulco y Guerrero

Jorge Camacho Peñaloza

Civilidad o barbarie

*No son bárbaros quienes no tienen buena educación o han leído poco, sino quienes niegan plena humanidad a los demás. Todorov

La vorágine de los lamentables sucesos que han colocado a nuestro estado en la opinión mundial nos ha puesto en una circunstancia difícil, en la que predomina, con toda justificación, la denodada exigencia de presentación con vida de los normalistas de Ayotzinapa, víctimas de la desaparición forzada a manos de la policía municipal de Iguala y al parecer en complicidad con integrantes de la delincuencia organizada, en un esquema liderado, también al parecer, por las propias autoridades municipales.
Nos ha colocado en una situación en la que predomina, con toda justificación, la exigencia de justicia y castigo a los responsables directos e indirectos; así como la búsqueda de respuestas al cúmulo de interrogantes que se sintetizan en la pregunta de por qué se llegó a esta situación en la que policías y delincuentes unidos agreden y disparan contra la sociedad.
El pasado miércoles fuimos testigos de la movilización de la sociedad para expresar no sólo su demanda de justicia y castigo a los culpables, también a los partidos, políticos y gobierno, así se puede leer la agresión al ingeniero Cuauhtémoc Cárdenas Solórzano, aunque también entiendo que los partidos no tienen porqué ser siempre aliados de los gobernantes, al contrario entiendo que deben estar siempre del lado de la sociedad aun ante un gobierno surgido de sus filas.
No obstante esas justificadas exigencias de encontrar con vida a los estudiantes, de justicia y castigo a los responsables, debemos ir más allá de la exigencia porque estamos ante un problema mayor que es el deterioro de la política y el apoderamiento de fuerzas obscuras de espacios de gobierno, se trata de una embestida no sólo contra los estudiantes de la normal de Ayotzinapa, los futbolistas del equipo Los Avispones y ciudadanos de Iguala que han perdido la vida, sino contra la sociedad en su conjunto.
Ante una agresión de esta naturaleza perversa, mal haríamos en atizar al fuego de las culpabilidades, acusaciones, del divisionismo y confrontación entre nosotros, entre los niveles de gobierno, los partidos, entre la sociedad y gobierno, y entre las atribuciones y responsabilidades públicas, pues eso es lo que precisamente quieren los delincuentes y sus aliados políticos y gobernantes, una sociedad y gobiernos divididos para pulverizar y desarticular poderosas acciones en contra de ellos.
En una circunstancia como esta, de ataques a la sociedad y a sus instituciones, de ataques a nuestro estado de Guerrero, la respuesta no puede ser más que la de cerrar filas, hacer un frente de instituciones, poderes y organizaciones de la sociedad para garantizar no sólo justicia a los caídos, sino para que no vuelvan a atacarnos de esa forma, para que haya seguridad pública, y evitar que la delincuencia vuelva a tomar las instituciones de la sociedad como ocurrió en Iguala.
Guerrero hoy está golpeado por políticos y malos gobernantes que se coluden con fuerzas obscuras, a estos tenemos que oponerles un frente amplio por el rescate de la legalidad y la civilidad mediante un acuerdo que suscribamos todos.
Se trata de una condición en la que Guerrero no es la excepción, es una condición que se ha convertido en una característica en amplios espacios de la esfera del poder político y de las instituciones públicas en muchos estados de la república y países del mundo.
Por eso hoy, más que nunca se hace necesario establecer acciones, tareas y responsabilidades de los tres poderes y tres niveles de gobierno, de actores políticos y sociales, en un gran acuerdo o frente que haga posible frenar a la delincuencia y malos políticos.
He venido proponiendo el Acuerdo por Guerrero, en el que se invite a los poderes del estado y al gobierno de la República, y a la sociedad en su conjunto para definir y establecer acciones que impidan a la delincuencia enseñorearse en nuestro estado.
Un acuerdo que se proponga la limpia de las policías municipales, estatales y ministeriales; de los servidores públicos que sirvan a intereses ajenos, que aleje a la sociedad de los intereses del crimen organizado, que cohesione a la sociedad y su gobierno, que garantice el castigo a los delincuentes y la aplicación de la justicia, así como el funcionamiento del sistema policial.
Este acuerdo garantizaría la actuación en un frente amplio de instituciones y sociedad para la legalidad y civilidad; no es momento de la confrontación, ni de división, al contrario es de unión por la legalidad y civilidad.
Estamos a tiempo de actuar, no esperemos a que sea demasiado tarde, a que la barbarie intente solucionar esta crisis, como lo están planteando algunos grupos, que sea la civilidad, la buena política, la suma de acciones la que haga frente a la barbarie.
Vuela vuela palomita y ve y dile: Al Presidente, gobernador, diputados, partidos y organizaciones de la sociedad, que no le andemos aventando buscapiés a la barbarie y mejor optemos por la civilidad.

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