Periódico con noticias de Acapulco y Guerrero

Carlos García Jiménez

BAJO EL ALA DEL SOMBRERO

La alimentación, un derecho humano fundamental

Que el omiso no se haga el occiso… ¡Que ya se vaya!

El 16 de octubre se celebra el Día Mundial de la Alimentación. Esa fecha, proclamada por la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), tiene como finalidad: “concientizar a los pueblos del mundo sobre el problema alimentario mundial y fortalecer la solidaridad en la lucha contra el hambre, la desnutrición y la pobreza”.
Esta medida, adoptada en 1979 por el máximo órgano mundial en materia de alimentación, es una iniciativa orientada a enfrentar la crisis alimentaria global que ya se vive tanto en los llamados países pobres como en los ricos. Muchas décadas antes, se reconocía que el hambre era una calamidad propia de países muy pobres como Angola en África, Haití en América Latina o Bangladesh en Asia. Hoy, el hambre apremia en todo el mundo; ya no es propia de los países más pobres, sino también de los pobladores que viven en situación de guerra, de los que enfrentan las consecuencias destructivas del cambio climático, de los desplazados de sus territorios, de los migrantes, de la los que viven en condición de pobreza y, en general, de la población que ha sido colonizada –en sus hábitos alimenticios y en su mente– por los alimentos chatarra. La desnutrición, la obesidad, la reducción del umbral de vida, las enfermedades degenerativas son algunos de los síntomas de esta epidemia causada por el actual sistema socioeconómico neoliberal.
En el contexto del Día Mundial de la Alimentación, la FAO también declara cada año una causa temática con el propósito de incidir en los gobiernos de los países a que adopten e impulsen acciones que combatan el hambre y aseguren la autosuficiencia local. Por eso, 2014 fue declarado Año Internacional de la Agricultura Familiar con el objetivo de “aumentar la visibilidad de la agricultura familiar y la agricultura a pequeña escala”.
Mediante actos de difusión y recomendaciones específicas para cada país, en 2014 la FAO ha centrado la atención mundial en la Agricultura Familiar (unidad de producción diversificada a escala familiar que no depende de insumos externos) por su “importante papel en la mitigación del hambre y la pobreza, la seguridad alimentaria y la nutrición; para mejorar los medios de vida, la gestión de los recursos naturales, la protección del medio ambiente y lograr el desarrollo sostenible, en particular en zonas rurales”.
En México, la reacción gubernamental, tanto al espíritu del Día Mundial de la Alimentación como al Año Internacional de la Agricultura Familiar, no ha sido suficientemente atendida, y sigue estancada en el protocolo y la diplomacia. Temas agroalimentarios como el de la reforma constitucional para que fuera reconocido el Derecho a la Alimentación (2012), la constitución de la Red Mexicana de Agricultura Familiar y Campesina que impulsa el posicionamiento de este modelo productivo en los programas públicos federales, y la suspensión legal de la siembra y comercialización de semillas transgénicos en nuestro país, han sido iniciativas fundamentalmente de organizaciones sociales y campesinas, más que del gobierno.

El Derecho a la Alimentación en México

En México, 53 millones de personas viven en la pobreza, eso significa que más de la mitad de quienes radican en el país tienen menos de lo necesario para subsistir diariamente; de estos, 30 millones sufre pobreza alimentaria y 1.5 millones de niños sobreviven en condiciones de desnutrición, siendo México el primer lugar en todo el mundo.
Frente a estas estadísticas, en 2012, organizaciones civiles, no gubernamentales y algunos legisladores federales impulsaron que el derecho a la alimentación fuera elevado a rango constitucional, ello, en concordancia con las recomendaciones de la FAO, y del relator especial sobre el derecho a la alimentación del Alto Comisionado para los Derechos Humanos de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), “El derecho a la alimentación es el derecho a tener acceso regular, permanente y sin restricciones a la alimentación, ya sea directamente o a través de la compra, a un nivel suficiente y adecuado, tanto en términos cualitativos como cuantitativos, que corresponda a las tradiciones culturales de la población a la que el consumidor pertenece, y que garantice una vida psíquica y física, individual y colectiva, satisfactoria, digna y libre de temor”
De acuerdo a los preceptos internacionales, y como resultados de la presión y cabildeo social para la reforma constitucional, el derecho a la alimentación en México ya forma parte del Artículo 4º Constitucional que a la letra dice, “Toda persona tiene derecho a la alimentación nutritiva, suficiente y de calidad; y el Estado garantizará el ejercicio de este derecho”. Asimismo, la Fracción XX del Artículo 27 establece que “El Estado promoverá las condiciones para el desarrollo rural integral y sustentable con el fin de garantizar el abasto suficiente y oportuno de los alimentos básicos que la Ley establezca”.

La Cruzada Nacional Contra el Hambre

En virtud de que el Derecho a la Alimentación es ya un derecho humano fundamental, el gobierno federal a partir de 2013 puso en marcha la Cruzada Nacional Contra el Hambre (CNCH), como una estrategia que “pretende abatir de manera masiva la pobreza, la desnutrición y la marginación social en México”.
Esta es la primera política social masiva implementada en el sexenio presidencial de Enrique Peña Nieto (2012-2018). Fue presentada oficialmente el 21 de enero de 2013 en Las Margaritas, Chiapas. Puede considerarse como contexto de esta estrategia, y como pretexto para elegir esta entidad como sede de lanzamiento, el mensaje público emitido por el Ejército Zapatista de Liberación Nacional el 31 de diciembre de 2012, en donde reclama al gobierno mexicano el abandono de las políticas públicas en materia de derechos humanos, el reconocimiento de las prerrogativas de las comunidades indígenas y la falta de efectividad en la aplicación de programas al combate de la pobreza y marginación.
En su lanzamiento, el presidente Enrique Peña Nieto aseveró que dicha estrategia operaría en concordancia con el programa Hambre Cero de las Naciones Unidas; y que en su primera etapa (2013) buscaría beneficiar a 7.4 millones de mexicanos de 400 municipios; en una segunda etapa (2014) se incluirían otros 5.5 millones de personas de 612 municipios; lo que en suma representaría cerca del 80 por ciento de la población objetivo.
Para la implementación del programa, el mismo día de su lanzamiento el titular del Ejecutivo Federal decretó la creación del Sistema Nacional contra el Hambre (Sinhambre) e instruyó la creación de bancos de alimentos y el incremento de la producción alimentaria nacional. A la Secretaría de Desarrollo Social se le encomendó promover la alineación o concurrencia de 70 programas institucionales ya establecidos en la administración pública federal hacia los objetivos de la CNCH. En realidad, no hay presupuesto nuevo, el presupuesto asignado a esta estrategia es la suma de los presupuestos de dichos programas, mismos que se operan a través de diversas instituciones federales: Sedesol, Sagarpa, Sedatu, SE y Diconsa, entre otras.
Ha pasado más de un año, y a pesar de que dicha estrategia se promociona ampliamente en los medios, hay más dudas que resultados. ¿La CNCH realmente está garantizando la seguridad alimentaria? Los alimentos que promueve en los comedores comunitarios (enlatados y harina de huevo), realmente son sanos y nutritivos? Se está impulsando la agricultura familiar para la producción de alimentos en el polígono de influencia de los comedores comunitarios? ¿A quién realmente están beneficiando los subsidios alineados a la CNCH? ¿Cuáles son los programas públicos alineados que realmente están orientados a combatir la pobreza y la inseguridad alimentaria? Qué papel están desempeñando los comités comunitarios de la CNCH que se formaron al vapor el año pasado?

El hambre no espera

Para evaluar la CNCH y celebrar de una manera no protocolaria el Día Mundial de la Alimentación y el Año Internacional de la Agricultura Familiar, el Consejo Ciudadano para la Reactivación del Desarrollo Sustentable de la Costa Grande (Credescog), realizará el taller regional El Hambre: Alcances y limitaciones de la CNCH.
El taller, que tendrá lugar en la ciudad de Atoyac de Álvarez el próximo 18 de octubre, tiene como propósito evaluar desde la visión institucional y social dicha estrategia, generar propuestas para su aterrizaje en las comunidades y constituir una instancia regional de observación y contraloría social. Paralelamente al taller se instalará un tianguis de productos agroecológicos, y exposiciones y degustaciones de alimentos nutritivos elaborados con materias primas de la región.
¿De qué manera la CNCH ha impactado contra la pobreza y el hambre? ¿Cómo podría combatirse el hambre desde la visión y acción campesina? ¿Cómo puede la ciudadanía incidir en la CNCH?, son preguntas que buscarán resolverse desde los intereses de los ciudadanos y sus organizaciones.
Precisamente porque el hambre no espera, es importante que se fortalezcan las iniciativas y propuestas de combate al hambre que los pobladores vienen impulsando con sus propios recursos; y que los subsidios públicos alineados para este propósito consideren dichas iniciativas. Porque al final de cuentas, de lo que se trata no es de llevar alimentos a los pobres –y que la pobreza y mendicidad sigan creciendo–, sino de que éstos sean capaces de producir por cuenta propia sus alimentos, y, como en el llamado milagro mexicano (1940-1970), sean los campesinos los que de manera sustentable provean de alimentos, materias primas y un medio ambiente sano, a las ciudades y al país.

* Bajo el ala del sombrero es un espacio de análisis y propuesta para la transformación del campo desde la visión y acción cotidiana de los campesinos

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