Periódico con noticias de Acapulco y Guerrero

Día violento en el estado y siguen sin aparecer los 43 normalistas

*Los voy a venir a levantar”, amenazó un comandante a estudiantes de Ayotzinapa la noche del 26, cuentan normalistas que estuvieron en el ataque de Iguala

*En el 066 se negaron a prestar ayuda rápida a los heridos

*Ninguna autoridad intervino después de la primera balacera, cuando agentes municipales se llevaron a sus compañeros

*Familiares se reúnen con  mandos federales para cruzar información

*Toman de nuevo la caseta de Palo Blanco

*Marchan en Apango y demandan al alcalde una postura sobre un alumno desaparecido originario del municipio

Policías atacaron a normalistas sin motivo y un comandante amenazó: “los voy a venir a levantar”

*En el 066 se negaron a prestar ayuda a los heridos. Entre la primera balacera y la tercera pasaron más de tres horas y ninguna autoridad llegó y su ausencia permitió la tercera en la que hubo dos muertos. La cuarta fue contra alumnos que viajaban en dos autobuses que se habían adelantado, regresaron a ayudar a sus compañeros pero los policías los interceptaron y los persiguieron a balazos por calles de la ciudad. Vieron cuando en patrullas subieron a los jóvenes de primer año, con las manos en la cabeza, y ahí se llevaron detenidos a los que ahora están desaparecidos

Jacob Morales Antonio

Tixtla

La noche del 26 de septiembre, en Iguala, policías municipales dispararon a estudiantes de Ayotzinapa sin motivo alguno. Hubo cuatro balaceras. La primera y la segunda a las 9 de la noche y minutos después. Hubo heridos, uno de gravedad, y el 066 se negó a prestarle auxilio.  Diez minutos después de la segunda balacera
llegó un comandante que trató de hablar con los estudiantes y les advirtió: “ahorita los voy a venir a levantar”. Dos normalistas narran los ataques a tres autobuses, en los que murieron dos de sus compañeros, y vieron que en patrullas de la policía de Iguala se llevaron detenidos a sus compañeros que ahora están desaparecidos.
El primero y segundo ataque fueron cerca de las 9 de la noche, y ninguna autoridad, ni policías ni el Ejército llegaron al lugar para ver qué pasaba, y con su presencia, probablemente, evitar el tercer ataque, cerca de las 12:30, ya en los primeros minutos del 27.
Además de los tres autobuses de los que murieron dos normalistas y hubo 25 heridos y 44 detenidos, de los cuales uno apareció al día siguiente muerto y 43 están desaparecidos, esa noche salían de Iguala otros dos autobuses con estudiantes de Ayotzinapa. También fueron agredidos por policías, que los interceptaron para impedirles que llegaran a donde estaban sus compañeros atacados, los jóvenes se bajaron y corrieron por la ciudad y por un cerro, y fueron perseguidos a balazos.
Era correr o morir por las balas. Juan, Pedro y Julio, estudiantes de la Normal Rural Raúl Isidro Burgos, contaron y dibujaron los momentos y los lugares que vivieron y la persecución de policías municipales y el ataque del grupo criminal Guerreros Unidos, la noche del 26 y madrugada del 27 de septiembre en Iguala.
Los sobrevivientes, por separado rememoraron su salida de la escuela, las actividades que realizaron en el camino y los momentos de los ataques que dejaron a sus compañeros Julio César Ramírez Nava y Daniel Solís Gallardo en el piso abatidos por las balas de los sicarios después de la media noche. Al día siguiente se encontró a su compañero Julio César Mondragón asesinado y con la piel del rostro arrancada.  Esa noche dos de ellos vieron que policías de Iguala se llevaron a decenas de sus compañeros, detenidos, a bordo de camionetas, que son los 43 detenidos-desaparecidos. Los tres pidieron que se les identificara con esos nombres para resguardar su identidad.
Los tres comparten la necesidad de estudiar en un internado para hijos de campesinos, tienen la ilusión de ser maestros. Juan y Pedro entraron a la institución en el ciclo escolar 2014-2015 tienen la característica del pelo a rape porque a los estudiantes de primero los rapan los de otros años como una tradición escolar. Julio va en segundo.
La tarde del viernes 26 una asamblea estudiantil decidió que una comisión de alumnos iría a Iguala a retener tres autobuses que serían utilizados para acudir a la marcha del 2 de octubre en la ciudad de México y para visitar comunidades de las siete regiones del estado donde realizarían prácticas docentes: “estudiar el entorno, mirar a los maestros dar clases y ayudar a los niños de lento aprendizaje, es lo que hacemos”, enfatizó Juan.
Tras la decisión salieron rumbo a Iguala alrededor de las 6 de la tarde, a bordo de dos autobuses de la línea Estrella de Oro, unos 80 estudiantes  de primero e integrantes de la dirigencia estudiantil.
Juan, de 18 años, indicó que la escuela tiene un autobús que el gobierno del estado entregó y dos Urvan, pero éstos no son suficientes para trasladar a unos 140 estudiantes de primero a diferentes puntos del estado para realizar las observaciones académicas como parte de sus actividades en el internado.
Llegaron minutos después de las 7 de la noche al crucero de la carretera federal Chilpancingo-Iguala y Huitzuco. En el camino y sin que estuviera en los planes, los estudiantes realizaron una colecta o boteo (pedir dinero a los automovilistas) para dar a los choferes de los autobuses una compensación económica por manejar mientras están retenidos, contó Pedro.
Ahí estuvieron no más de una hora, para después dirigirse a la central de Autobuses de Estrella Blanca, ubicada en la calle Arteaga entre Galeana y Altamirano en Iguala, donde previo aviso y acuerdo con los representantes de la empresa iban a tomar tres autobuses.  Julio contó que desde hace tiempo hay un acuerdo con las líneas de autobuses: ante la frecuencia de las tomas de camiones por los estudiantes, ellos se comprometieron a la toma pacífica de éstos y a devolverlos sin daños.
Pedro de 20 años dijo que la decisión de ir a Iguala fue porque en Chilpancingo, que les queda más cerca de Ayotzinapa, a sólo 20 minutos,  había desde un día antes presencia policiaca en los alrededores de la central de autobuses, y ese mismo viernes normalistas que iban a tomar un autobús fueron disuadidos por policías del estado que en un acto intimidatorio, les pidieron que se retiraran. Las notas periodísticas que se refieren a la presencia de los estudiantes y policías en la central de autobuses de Chilpancingo indican que éstos eran más que los alumnos, por eso para evitar confrontaciones con la policía previsibles en la capital, decidieron ir a Iguala por los tres autobuses .
El estudiante recuerda que una vez que llegaron a la zona urbana de Iguala justo donde se pone el retén de policías municipales frente a la entrada al fraccionamiento Villas del Rey, los efectivos que más tarde los atacarían no los revisaron ni los detuvieron, y los dejaron pasar en los dos autobuses.

La persecución y el primer ataque

Alrededor de las 8 de la noche los estudiantes a bordo de los autobuses, llegaron a la central Estrella Blanca donde estacionan los autobuses de la línea Costa Line, ahí previo aviso a los encargados de la empresa, procedieron a retener tres camiones, uno perteneciente a Estrella Roja, y dos a Costa Line. El primer autobús con unos 24 estudiantes y el autobús de Estrella de Oro que partió de la escuela, salieron en dirección a la calle Ignacio Manuel Altamirano hasta llegar al Periférico Sur.
Mientras dos autobuses de Costa Line y uno de Estrella de Oro, este último en la retaguardia, por su ubicación salieron por  la calle Hermenegildo Galeana que cuadras adelante toma el nombre de Juan Álvarez. Pasaron frente al Zócalo de la ciudad donde la esposa del alcalde, José Luis Abarca Velázquez, María de los Ángeles Pineda, rindió su segundo informe de labores y se celebraba un baile para los invitados. Los estudiantes, en los tres autobuses pretendían salir al Periférico Norte, recordó Julio de 22 años, quien iba en el último autobús, del que minutos después bajaron los policías a la mayoría de los 43 estudiantes para someterlos y llevárselos en patrullas y que ahora están desaparecidos.
Julio relató que al momento de pasar frente al Zócalo, policías municipales en cinco patrullas siguieron a los tres autobuses. Recordó que le dijo al chofer “písele” pero le respondió que no podía manejar a prisa porque la calle es angosta y el autobús tiene un límite de velocidad.
Adelante del Zócalo “bajé del autobús para hablar con los policías y fue cuando nos empezaron a tirar de balazos, primero en los pies y luego dispararon a los autobuses. (…) Subí a los compañeros que bajaron del autobús conmigo, cuando vi que ya no faltaba nadie, me pasé al primero” para presionar al primer chofer de ir más rápido.

El segundo ataque

Iban llegando a la esquina de la calle Álvarez y Periférico Norte alrededor de las 9 de la noche, cuando vio que
una mujer policía atravesó una patrulla en medio de la calle y se retiró con otros policías. Julio bajó con otros estudiantes y apedrearon la patrulla para que la quitaran, y otro alumno trató de arrancar el carro para moverlo pero no pudo y entre todos trataron de empujar el automóvil pero no pudieron moverlo. Fue entonces cuando escuchó las detonaciones y sintió pasar las balas cerca de su cuerpo.
“Es cuando vimos cómo cayó nuestro compañero Aldo Gutiérrez (que estaba en la calle, frente al autobús),  le dan un balazo en la cabeza, y es cuando todos nos hicimos para atrás. Incluso yo me metí abajo del autobús porque las balas pasaban cerquita”.
Después recordó que él y otros 15 normalistas quedaron en medio del primero y segundo autobús, ambos de Costa Line. “Después un compañero se arrimó a Aldo le puso su playera en la cabeza y aún así los policías siguieron tirando balazos”.
Julio dijo que en dos ocasiones marcó al 066 para pedir una ambulancia para que atendieran a Aldo, pero la operadora le dijo que no sabía dónde estaba la dirección que proporcionó ni las señas del lugar, “¿para qué la quieren?, ¿de dónde son?, ¿a qué vinieron?, ¿porqué quieren la ambulancia?”, fueron las preguntas que la operadora hizo, “sólo dio largas para no mandar la ambulancia”, es su conclusión.
Después decidió hablar a un familiar de Iguala quien pidió la ambulancia y ésta llegó unos 40 minutos después del ataque. Los propios policías le advirtieron a los paramédicos que sólo levantaran al primer herido, Aldo, a quien en un momento dieron por muerto, quien se encuentra en estado de coma.
El estudiante sentado en el patio central de la Normal Rural, de mirada congelada, un tanto nervioso dijo: “los policías nos tiraron como si fuéramos narcotraficantes. ¡Nos tiraron a matar!”.  Dos de los estudiantes que dieron su testimonio dicen que fueron como 400 disparos que tiraron los policías en esa segunda balacera y quedaron varios estudiantes heridos.
Relató que unos 10 minutos después del segundo ataque llegaron tres patrullas tipo Ram doble cabina y que “fue cuando un comandante quería dialogar con notros, de manera ofensiva nos dijo; a ver hijos de la chingada vamos hablar. Le insistimos que tiraran sus armas para poder dialogar”. Después el mismo oficial les dijo: “como quiera ahorita los voy venir a levantar, y se me hizo raro. Fue cuando vimos que a los compañeros –del tercer autobús, de Estrella de Oro, el que iba a la retaguardia, con los alumnos de primero– los empezaron a subir –a esas patrullas y a otras que habían llegado– con las manos en la cabeza”. Minutos después las patrullas arrancaron y en ellas se llevaron a sus compañeros detenidos .
Recordó que después de que se llevaron a los estudiantes en las patrullas, los policías se retiraron.  Los estudiantes que estaban escondidos comenzaron a salir de sus refugios. En el lugar quedaron decenas de cartuchos percutidos de diferentes calibres, 9 milímetros y de AR-15.Juan que iba en el primer vehículo, quedó atrapado al igual que Julio entre los dos primeros autobuses, vio cuando los policías subieron a unos 35 estudiantes en las cinco patrullas que los siguieron desde el Zócalo, las que identificó con los números 018, 020, 023, 027,028 y la 302. Después dijo que no recuerda nada, “era correr o morir por las balas”. Antes de correr vio a los policías municipales levantar varios cartuchos percutidos.

El tercer ataque

Alrededor de las 12:30 de la noche cuando los estudiantes que estuvieron en los primeros dos ataques, acompañados por dirigentes de la Normal de Ayotzinapa que llegaron para ayudarlos y maestros de la Coordinadora Estatal de Trabajadores de la Educación de Guerrero (CETEG), estaban dando entrevistas a reporteros, les dispararon nuevamente.  Los disparos provenían del lado oeste del Periférico, segundos después unos hombres con rostros cubiertos se apostaron de frente, donde estaban los autobuses y siguieron disparándoles.
Una de las dos Urvan que pertenece a la escuela en la que llegaron los dirigentes tras el segundo ataque, fue baleada y quedó con los vidrios rotos.
“Todos corrimos en sentido contrario a la calle Álvarez a salvarnos, me escondí con cinco compañeros en un terreno baldío. Ahí estuvimos hasta que amaneció, los compañeros que estaban en el Ministerio Público nos dijeron que fuéramos ahí, agarramos un taxi y nos llevó hasta allá”, expresó Julio.
El primer ataque fue alrededor de las 9 de la noche y minutos después el segundo. Desde ese momento y hasta la 1:30 de la madrugada del sábado 27, no llegó ninguna autoridad, ni policías ni soldados. Entre el primer ataque y el tercero, hubo tres horas en las que ninguna autoridad llegó para intervenir y evitar el tercer ataque , a las 12:30. Cuatro horas después (1:30 am) llegaron tres patrullas del Ejército que resguardaron la zona, mientras esperaban a los peritos de la Procuraduría del estado.
Fue hasta las 3:30 de la mañana cuando peritos de la Procuraduría General de Justicia del Estado, llegaron al lugar, pero fue después de las 5 de la mañana cuando los cuerpos de los dos estudiantes asesinados en la tercera balacera, Julio César Ramírez Nava y Daniel Solís Gallardo fueron trasladados al Servicio Médico Forense.

Vieron otro autobús de civiles con el chofer herido

Pedro no estuvo en los tres ataques. Él iba en uno de los dos autobuses que se adelantaron y salieron al Periférico Sur. Relató que al llegar a la carretera uno de sus compañeros recibió una llamada por celular que avisó que sus compañeros que iban en los tres autobuses que estaban tratando de salir de Iguala,  habían sido agredidos por policías municipales y pedían que los socorrieran. Los estudiantes en los dos autobuses que se habían adelantado dieron vuelta en la carretera para regresar a Iguala. Trataron de llegar al Periférico Norte, pero tres patrullas les cerraron el paso a los autobuses. Los estudiantes se bajaron de los dos camiones, y de inmediato los policías les apuntaron directo al pecho. “Colocaron las lámpara en sus caras para no reconocerlos (los estudiantes corrieron) y fue cuando nos empezaron a seguir”, indicó el normalista.
De los 14 alumnos que iban en el autobús, un grupo de cuatro corrió hacia el cerro, Pedro y otros nueve corrieron rumo a la avenida  Dr. Arturo Beltrán Ortega, cruzaron el puente elevado que está al lado del Tecnológico de la ciudad, ahí el grupo de estudiantes, de acuerdo con la declaración de Pedro, vieron al chofer de un autobús Estrella de Oro herido y una patrulla al lado. Él cree que los policías pensaron que era uno de los camiones que habían retenido y dispararon, pero “ahí iban civiles, de eso nadie ha dicho nada”.
Pedro corrió con sus compañeros, relató que se refugiaron en un terreno baldío donde permanecieron toda la noche bajo la lluvia y fue en la mañana cuando sus compañeros que estaban en el Ministerio Público de Iguala se comunicaron y les indicaron el lugar donde estaban. Minutos después una patrulla de la Policía Ministerial los recogió y los llevó al Ministerio Público donde declararon y relataron los hechos, como a las 7:30 de la mañana del 27 de septiembre.
Del ataque de policías a estos dos autobuses ­­–el cuarto y quinto de los que salían de Iguala el 26 de septiembre con estudiantes de Ayotzinapa– se supo por notas periodísticas que hablaban de que se oían disparos por diversas calles de la ciudad, cerca del mercado, de una tienda Aurrerá, de un Oxxo, por el Periférico, en la calle Álvarez.
Durante la plática los estudiantes dibujaron en una libreta los lugares donde se encontraban al momento de los ataques.

Se reúnen con mandos federales familiares de desaparecidos para cruzar información, indican

Rosalba Ramírez García

Chilpancingo

Mandos federales se reunieron con una representación de familiares de los estudiantes de la Normal Rural Raúl Isidro Burgos de Ayotzinapa desaparecidos “para intercambiar información”.
La reunión fue ayer por la noche a puerta cerrada en las instalaciones de la Comisión de Defensa de los Derechos Humanos de Guerrero (Codehum).
La representación de padres de familia de los normalistas desaparecidos acudió acompañada por el abogado Vidulfo Rosales del Centro de Derechos Humanos de la Montaña Tlachinollan.
El presidente de la Codehum afirmó que los padres de familia “solicitaron” que la información abordada no fuera pública, pero confirmó que hubo padres de familia y policías federales.
Por su parte, el abogado de Tlachinollan que acompaña a los familiares confirmó que estuvo también el delegado de la Procuraduría General de la República (PGR) en Guerrero, y representantes de la Gendarmería.
Comentó que la reunión fue para informarles de avances en la búsqueda de los estudiantes desaparecidos, “fue para un cruce de información que tienen las corporaciones con la que tienen los padres y estudiantes”.
El sábado fue la primera reunión de los padres de las familias y el comité de alumnos de la normal con el procurador General de la República, Jesús Murillo Karam, para presentar a los mandos de la Policía Federal y de la Gendarmería que se encargan de investigar los asesinatos y desaparición forzada de normalistas, y anunciar que la federación atrajo el caso por completo.

Normalistas del FUNPEG toman la caseta de Palo Blanco cuatro horas y piden cooperación

Alina Navarrete Fernández

Chilpancingo

Aproximadamente 50 integrantes del Frente Unido de Normales Públicas del Estado de Guerrero (FUNPEG) tomaron la caseta de Palo Blanco, y permitieron el paso libre a los automovilistas a quienes también les solicitaron una cooperación voluntaria para apoyar a sus compañeros de la Normal Rural Raúl Isidro Burgos de Ayotzinapa.
Al medio día, un autobús de Futura arribó a la caseta de Palo Blanco, en él viajaban unos 50 estudiantes y egresados de las distintas normales del estado. La mayoría iba con el rostro cubierto con pañuelos o playeras y usaban lentes oscuros, además de gorras.
Una vez en la caseta, tomaron el control de la misma. Los trabajadores se retiraron y permitieron que los integrantes del FUNPEG realizaran su actividad sin dar lugar a confrontaciones con los mismos.
El comisionado del FUNPEG, Anastasio Nava Juárez, declaró que la actividad fue únicamente para recabar fondos para la movilización que se lleva a cabo a nivel estatal por los hechos ocurridos el 26 y 27 de septiembre en Iguala, donde estudiantes de la Normal Rural de Ayotzinapa fueron atacados por policías municipales.
Indicó que exigen el esclarecimiento de la masacre extra judicial en la que fueron asesinados tres normalistas y desaparecidos 43, además del desafuero del gobernador, Ángel Aguirre Rivero, por ser el presunto responsable de las agresiones a los normalistas.
“Estamos en desacuerdo con toda esta narcopolítica que se vive en el estado y en el país por los propios gobernadores, presidentes municipales y presidentes de la república que llegan a pasar por el poder. Es una política que están manejando como en los años 60 y 70, desapariciones forzadas, asesinatos sin cuestionamiento”, expresó.
Hizo un llamado a la ciudadanía para que se aglutine en el movimiento social, porque “se viene la guerra de baja intensidad”.
Informó que solicitaban a los conductores una cooperación voluntaria y añadió que algunas familias les dejaban víveres, principalmente comida.
“Estamos en la sintonía de una cooperación voluntaria, y hay algunas personas que se solidarizan con nosotros y nos aportan una cantidad para el movimiento”.
Los comisionados por el FUNPEG para llevar a cabo la actividad en la caseta permanecieron en la misma cuatro horas, desde l2:30 hasta poco después de las cuatro de la tarde, se retiraron pacíficamente y no hubo ningún tipo de confrontación con los conductores. A pesar de que también transitaron por el área automóviles de la Policía Federal, éstos no fueron abordados de manera hostil por los normalistas, como en otras ocasiones ha ocurrido.
En las casetas de cobro permanecen pegadas las ampliaciones de los retratos de los 43 estudiantes de la Normal Rural de Ayotzinapa desaparecidos, así como un cartel con la leyenda “Aguirre asesino”.

Normalistas de Ayotzinapa entran a dos estaciones de radio para difundir información en la capital

Mientras tanto, en la capital del estado, cuatro representantes del comité estudiantil acompañados de otros 30 compañeros de la Normal Rural de Ayotzinapa, todos con las caras cubiertas con playeras, pañuelos y lentes oscuros, ingresaron al edificio ubicado en el andador Zapata, en el centro capitalino, donde se encuentran las radio difusoras Capital Máxima y ABC Radio, las cuales tomaron por sexta ocasión desde la noche violenta que vivieron en Iguala hace dos semanas.
En esta ocasión hicieron énfasis en la Consulta ciudadana que el gobernador, Ángel Aguirre Rivero propondrá hoy ante el Congreso local para que sea la sociedad guerrerense la que decida si debe o no continuar como mandatario estatal.
Los normalistas consideran que se trata de “una forma mediática para desviar su responsabilidad ante el crimen de lesa humanidad del 26 de septiembre, y mantener a la sociedad entretenida, en lo que busca cómo lavarse las manos de la masacre y asesinatos de nuestros compañeros. No es la primera vez que da muerte a gente inocente”.
Informaron públicamente que, de acuerdo con el consejero presidente del Instituto Nacional Electoral (INE), Lorenzo Córdova Vianello, en México no existe figura jurídica a nivel federal o estatal que pueda llevar a cabo la consulta propuesta por Aguirre Rivero, por lo que la única forma de realizarla “sería violando la ley”.
Expresaron de manera enérgica que el gobernador del estado sólo tiene “desprecio y repudio” de la mayoría de los guerrerenses, de la nación mexicana y de distintos países por la “omisión y complicidad” en la persecución, tortura, asesinatos y desaparición que han sufrido sus compañeros y otros sectores de la sociedad durante su mandato.
“Nosotros queremos que enfrente los cargos que tenga que enfrentar por esta masacre, no es la primera vez que nos ataca como normalistas, desde el 12 de diciembre 2011 fueron dos compañeros los que fallecieron, ahora son tres, más los desaparecidos. Queremos que pague las consecuencias que tiene que pagar, y si posteriormente se quiere deslindar del cargo, adelante”.
Puntualizaron que buscarán la forma de que el gobernador sea llevado a juicio político, además de que sea encarcelado por su presunta complicidad en los hechos violentos de Iguala el 26 y 27 de septiembre.
Durante su mensaje también solicitaron la solidaridad de los ciudadanos con su lucha por el esclarecimiento de los hechos y la presentación con vida de los 43 desaparecidos, añadieron que continúan con la colecta de víveres para las familias de los estudiantes que permanecen en las instalaciones de la Normal Rural de Ayotzinapa, ubicada en Tixtla, en espera de noticias sobre el paradero de sus hijos.
Los mensajes fueron transmitidos de manera paralela en Capital Máxima y ABC Radio durante aproximadamente 15 minutos, desde las 2:52 hasta las 3:16 de la tarde, tras lo cual abandonaron las instalaciones de manera pacífica y se dirigieron hacia los autobuses que los esperaban sobre la calle Benito Juárez, frente al Centro de Salud.
Aunque también tenían la intención de transmitir su mensaje a través de Radio Universidad, no pudieron debido a que la misma no se encontraba activa. Luego de verificar que no podrían usar la frecuencia universitaria, regresaron en los autobuses a la Normal.

Marchan en Apango para exigir el regreso con vida de los 43 normalistas desaparecidos

*Con unos 500 participantes, es la manifestación más grande que recuerdan, dicen los pobladores. Demandan al alcalde José Guadalupe Rivera una postura sobre la desaparición de Miguel Ángel Mendoza Zacarías, estudiante de Ayotzinapa originario de Mártir de Cuilapa

Jacob Morales Antonio

Apango

Familiares, amigos y pobladores del municipio de Apango (Mártir de Cuilapa) con una marcha, la más grande que recuerdan los pobladores, demandaron el regreso con vida del estudiante Miguel Ángel Mendoza Zacarías, detenido-desaparecido junto a 42 de sus compañeros por policías la noche del 26 de septiembre en Iguala.
El Miclo, como lo conocían en el pueblo, era peluquero, a sus 32 años y tras no poder continuar sus estudios de medicina en la Universidad Autónoma Latinoamericana Caribeña de Ciencias y Artes (UALCCA) porque el gobierno no avaló los planes de estudio, optó por inscribirse en la Normal Rural Raúl Isidro Burgos de Ayotzinapa para ser maestro, otra de sus pasiones.
Ayer unas 500 personas marcharon de la unidad deportiva del municipio. ubicada a las afueras del poblado, al zócalo. Frente al Palacio Municipal realizaron un mitin, ahí los maestros egresados de la normal que convocaron la marcha en apoyo a los desparecidos, exigieron al presidente municipal José Guadalupe Rivera Ocampo una postura sobre la desaparición del normalista originario del población.
Al frente del contingente los familiares de Miguel Ángel, su mamá, papá y dos hermanos acompañaban la protesta que, de acuerdo a los lugareños, era una de las más grandes que recuerdan.
Sin nubes, un viento refrescante y un sol que lastimaba la vista, fue el clima que acompañó la marcha al mediodía de ayer. El contingente pasó por las pintorescas casas de los pobladores que fueron decorados días antes, del 17 de julio del 2013, porque ahí Enrique Peña Nieto inauguró la Cruzada Nacional Contra el Hambre.
La presencia de niños y adolescentes en la marcha fue notable, todos eran afianzados y fieles clientes de El Miclo, quienes esperaban los sábados y domingos para que les cortara el pelo, todos en una sola voz exclamaron “Vivos se los llevaron, vivos los queremos” y “Ayotzi no estás solo”, además de pancartas en repudio a los hechos “¿Guerrero cumple?, matando estudiantes. ¡Fuera Aguirre!”, “No solo son muertos, son sueños rotos e ilusiones, entiéndalo gobierno inepto”, y “Ayotzi somos todos, Apango exige justicia”.
Pobladores que veían pasar la marcha en las estrechas calles de la cabecera municipal se sumaron al contingente que llegó al zócalo, frente al Palacio Municipal realizaron un mitin. Uno de los oradores llamó al gobierno a no incriminar a la delincuencia organizada en la matanza de Iguala, reiteró que fueron los policías quienes detuvieron y desaparecieron a los estudiantes. Exhortó al gobierno federal y estatal a no tratar de cambiar el cause de las investigaciones.
Uno de los estudiantes egresados que tomó la palabra expresó que la criminalización y satanización ha dado pie al odio y resentimiento de la población a los estudiantes normalistas que son hijos de campesinos e indígenas que quieren dar educación en los lugares marginados, allá en las montañas donde las carencias son parte de la vida.
Tras el mitin, los asistentes entonaron el himno Venceremos y reiteraron que “vivos se los llevaron, vivos los queremos”. Además, colocaron las pancartas que llevaban en la macha en las puertas de sus hogares en demanda de justicia y apoyo.

Tenía ganas de superarse por eso regresó a la escuela

Sus padres, Margarita Zacarías Rodríguez y Estanislao Mendoza, se negaron hablar de su hijo en pasado porque afirmaron que aún se encuentra vivo, “uno como padre siente y nosotros sabemos que él sigue vivo”.
Doña Margarita lo recuerda como un buen muchacho, adorado, tranquilo y querido por los pobladores, era soltero y le gustaba jugar basquetbol, además desde hace ocho años inició a cortar el pelo luego de tomar un curso en la iglesia del poblado.
La señora recordó que una semana antes del ataque donde desapareció su hijo, fue a su casa para cortar el cabello y obtener algo de dinero que sería utilizado para la compra de material didáctico que necesitaba en la escuela.
Contó que sólo trabajó el domingo porque el sábado se fue la luz, ella le dio 200 pesos para a completar los 400 que necesitaba su hijo. Antes de estudiar en la normal rural, Miguel Ángel buscó alternativas en las normales de Chilpancingo e Iguala pero fue en Ayotzinapa donde fue admitido, “el tenía ganas de superarse por eso regresó a la escuela”, dijo la mamá.
De su apodo su papá dijo que de pequeño se fracturó el pie derecho y le fue colocada una placa y desde entonces le dicen El Miclo. El padre de Miguel Ángel, que ésta temporada cosechará el maíz sin la ayuda de su hijo, con la mirada en el horizonte y sollozos espera volver abrazarlo. Mientras su madre que desde hace 14 años se dedica a la venta de atole, espera que su hijo vuelva a probar el sabor de casa.

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