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Ganan el Premio Nacional de Ciencias y Artes en Literatura Dolores Castro y Eraclio Zepeda

Silvia Isabel Gamez / Agencia Reforma

Ciudad de México

Recibir el Premio Nacional de Ciencias y Artes representa para los galardonados una alegría, y también el reconocimiento a una obra que, en el caso de la poeta Dolores Castro, se ha forjado a lo largo de 60 años.
El día en que se entregue el mayor galardón que otorga el Estado, uno de los premiados ofrecerá un discurso. En el México actual, ¿qué mensaje tendría que escucharse en Los Pinos?
“La búsqueda en todo el país de la legalidad, todos los días, a todas horas”, responde el escritor Eraclio Zepeda, galardonado en Lingüística y Literatura.
Castro, premiada en la misma categoría, considera que en este tiempo es necesario adquirir conciencia, lo mismo autoridades que ciudadanos.
“Creo también que la lectura –la cultura en general– es lo que puede salvarnos del marasmo que no sólo existe en México, sino en el mundo entero”.
Pedir más fondos del Estado para las ciencias y las artes, y una mayor escucha del conocimiento que se produce sobre la desintegración de la vida social y política, “consecuencia de una ingobernabilidad cultivada”, es el mensaje del antropólogo Néstor García Canclini, galardonado en Historia, Ciencias Sociales y Filosofía, categoría en la que también fue premiado el historiador y economista Enrique Semo.
“Los aportes de científicos, artistas y movimientos sociales a la reconstrucción del tejido sirven también para cambiar las preguntas desde las cuales se diseñan programas económicos, políticos y educativos. Y para cuestionar las tácticas con que políticos y empresarios hacen como si las contestaran”, plantea el profesor-investigador de la UAM-Iztapalapa.
El pintor y escultor Arnaldo Coen, distinguido en Bellas Artes, señala: “Me gustaría citar una frase del famoso guitarrista Jimi Hendrix: ‘Cuando el poder del amor logre vencer el amor al poder, entonces seremos libres y viviremos en paz’”.

Trayectorias creativas

Zepeda (Tuxtla Gutiérrez, 1937), quien dedicó una década a escribir una tetralogía que abarca un siglo en la historia de Chiapas, integrada por las novelas Las grandes lluvias, Tocar el fuego, Sobre esta tierra y Viento del siglo, asegura que no pasan dos meses sin que regrese a su estado natal.
“Toda mi obra es México; es más, toda mi obra es Chiapas”, destaca. “Siempre he pensado que la única forma de ser universal es ser profundamente local”.
Cada poema, dice Castro (Aguascalientes, 1923), es un instante de vida que adquiere fulgor y permite entender “qué somos”, no siempre con claridad, pero sí con emoción. Por eso tituló ¿Qué es lo vivido? a su antología.
“Amo mucho a mi patria, pero no en forma egoísta”, explica. “Creo que México tiene una historia heroica y a la vez terrible; es como un jaguar que despierta rugiendo y destrozando, pero también tenemos una tradición de trabajo humilde, y eso creo que nos ha salvado”.
A sus 91 años, Castro afirma haber cumplido con su vocación de maestra y poeta. “Si me lo reconocen, me da gusto. No es una gran obra la mía, pero sí pacientemente realizada”, sostiene la escritora, quien atribuye a una especie de “ceguera momentánea” el poco tiempo que lleva sin tomar la pluma, pero adelanta que planea ya un nuevo libro.
Su título con más reediciones, traducciones, fotocopias y descargas es Culturas híbridas, dice García Canclini (La Plata, Argentina, 1939).
“El (libro) más reciente, El mundo entero como lugar extraño, que aparecerá en noviembre, busca esa reelaboración de preguntas que no sabemos cómo responder cuando se oxidan los relatos y desaparecen personas, faltan empleos y seguridad”, agrega el antropólogo, quien tras estudiar temas como las culturas de la ciudad de México y de los jóvenes en la globalización, investiga los modos actuales de leer y escribir en el papel y la pantalla.
Coen (Ciudad de México, 1940) se declara satisfecho de la pluralidad de lenguajes que ha experimentado en su obra: expresionismo abstracto, figurativo y fantástico, pintura objeto, y ahora realiza escultura transitable.
“La creatividad no tiene fronteras”, afirma. “Me ha influido cada vivencia en México y también la cultura universal, así como cualquier lugar en el que he tenido oportunidad de estar”.
En la categoría de Artes y Tradiciones Populares, fueron distinguidos el artesano del barro negro de San Bartolo Coyotepec, Oaxaca, Carlomagno Pedro Martínez, y el cantador de la etnia pima Alberto Vargas Castellano, originario de la comunidad de Yepachi, en Chihuahua, y reconocido como “Tesoro humano vivo” por la UNESCO.

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