Despliega maestría ballet húngaro en su interpretación de Carmina Burana
Óscar Ricardo Muñoz Cano
Ante unas mil 300 personas que se dieron cita en el Foro Mundo Imperial la noche de este jueves, la Szeged Ballet Company de Hungría presentó Carmina Burana del compositor alemán Carl Orff, a beneficio de la Cruz Roja en Acapulco.
Antes el ballet presentó una pequeña pieza dancística para “calentar” a un público que en principio parecía no entender la obra escrita a principios del siglo XX que más que un trabajo dancístico se trató de uno escénico de alta calidad.
No obstante fue ya con la obra, al sonar el popular O Fortuna / Velut luna, con orquesta y coro grabados, cuando la gente empezó a disfrutar de la actuación de la veintena de bailarines europeos que componen la compañía y que dieron cuenta de los diversos poemas cantados en latín y que satirizan la vida y las clases sociales de la Edad Media, así como cantos que enaltecen a la naturaleza, la suerte y el destino de los seres humanos.
Del canto de lo profano a lo sublime, de lo humorístico y casi grotesco a la más dulce expresión del amor, las 25 piezas (agrupadas en cinco partes) que componen la obra, se mostraron una a una de manera magistral por el grupo de jóvenes que si bien parecían improvisar, de bailar demasiado libre, en realidad ejecutaban uno a uno los movimientos corporales propios de las técnicas de danza contemporánea.
Además, independientemente de la riqueza rítmica de la obra, el trabajo de iluminación y vestuario del ballet aportó para que incluso, los menos conocedores de la danza apreciaran el trabajo donde hubo oportunidad de mostrar una especie de monstruo que al final es derrotado por el grupo de bailarines, que representaban lo mismo jóvenes de pueblo que príncipes, que jornaleros en un bar en la tercera pieza precisamente de nombre La Taverna. Asimismo, no se puede dejar de mencionar la figura y belleza de las bailarinas, quienes mostraron la agilidad propia de quien se dedica a esta disciplina artística por años y que dejaron boquiabierto a más de un espectador con bailes que derrocharon sensualidad en la penúltima parte de nombre Coro de amor.
Con el O Fortuna es que cierra la obra, canto con un dejo de reproche que acusa a la fortuna de ser variable e inconstante, como es la luna que crece y decrece, de cambiar arbitrariamente la suerte de los hombres.




