Fernando Pineda Ochoa
La partera de la historia
(Sexta parte)
V
Un gobierno en bancarrota y el Destino Manifiesto
El presidente don Guadalupe Victoria suscribió un préstamo de 32 millones de libras. La transacción monetaria se realizó con la Casa Barclay & Goldsmith de Londres, operación financiera que contribuyó en cierta medida a la estabilidad de su gobierno49. Terminado el mandato constitucional, las tendencias ideológicas que venían configurándose antes de la independencia (hacemos referencia de los centralistas y federalistas) se consolidaron conformando dos alineaciones arropadas bajo los secretos y el simbolismo de las logias masónicas, que luchaban sin tregua por el control del Estado. Los conservadores, aglutinados en el rito escocés, pretendían conservar el statu quo que rigió la vida colonial, es decir, mantener los mismos privilegios, la misma división clasista; por su parte, los liberales pertenecientes a la logia yorquina, concebían un futuro diferente lo que requería transformaciones económicas, políticas y sociales50.
Las revueltas eran monedas de uso corriente operadas por la casta militar, los terratenientes y la jerarquía católica, para alcanzar o conservar el poder disperso en una infinidad de localidades, lo que mostraba la falta de un verdadero Estado nacional. Dentro de este oleaje naufragó el risible intento del general español Isidro Barradas de reconquistar México. El 11 de septiembre de 1929 el español fue derrotado por los militares mexicanos Antonio López de Santa Anna y Manuel Mier y Terán, terminando con ello sin mayor trascendencia la intentona restauradora. Estas asonadas fueron los vientos que movieron el molino de este tramo histórico en el que pelearon por la silla presidencial un indeterminado número de figurantes. El caso extremo está vinculado con el general veracruzano Antonio López de Santa Anna, que fungió como presidente de la república once veces, en diferentes ocasiones y modalidades, de 1833 a 1855. En el ojo de esta vorágine arrancó la década de los años treinta del siglo XIX, los conservadores y liberales aludidos líneas arriba constituyeron de manera formal dos partidos políticos que se disputaron entre sí ferozmente el poder del Estado. Los primeros, pugnaban por un gobierno monárquico regido por una Constitución; los segundos luchaban por una república federativa 51 .
***
Los colonos y granjeros que irrumpieron en la parte norte del continente americano, iniciando el siglo XVII (1606-1616), en su mayoría procedían de Inglaterra, Escocia e Irlanda todos bajo la bandera británica. Llegaron a colonizar parte del hemisferio norte de América casi un siglo después de Hernán Cortés y el resto de aventureros que lo acompañaron. Estos pobladores norteños profesaban mayoritariamente los cultos protestante y puritano. Sustentaban una doctrina acreditada como el Destino Manifiesto, según la cual formaban un pueblo predestinado por Dios para extender la colonización en todo el territorio del “nuevo mundo”. Un ministro puritano de nombre John Cotton escribía en 1630:
“Ninguna nación tiene el derecho de expulsar a otra, si no es por un designio especial del cielo como el que tuvieron los israelitas, a menos que los nativos obraran injustamente con ella. En este caso tendrán derecho a entablar, legalmente, una guerra con ellos así como a someterlos”.
La profecía empezó a propalarse en 1845 en un artículo escrito por el periodista John L. O’Sullivan, en la revista neoyorquina Democratic Review, en el número de julio-agosto del año mencionado en el que indicaba:
El cumplimiento de nuestro destino manifiesto es extendernos por todo el continente que nos ha sido asignado por la Providencia, para el desarrollo del gran experimento de libertad y autogobierno. Es un derecho como el que tiene un árbol de obtener el aire y la tierra necesarios para el desarrollo pleno de sus capacidades y el crecimiento que tiene como destino52.
***
Apenas liberada la Nueva España del yugo colonial, las grandes potencias de la época Inglaterra, Francia, los vecinos norteños y las añoranzas del vapuleado imperio colonial español, se codearon para obtener ventajas bursátiles, monetarias y políticas, ampliando los mercados para la venta de su producción manufacturera. La nueva nación pagaba en su noviciado el derecho de piso de pertenecer al círculo de los países independientes, sí, pero con el rango distintivo de ser subdesarrollados. Reconocida la emancipación de México, los norteamericanos enviaron en 1825 a Joel Roberts Poinsett como Ministro Plenipotenciario. Este personaje había estado antes en el país cumpliendo el papel de agente secreto y confidencial de Estados Unidos. Venía con la misión de persuadir al gobierno mexicano de la importancia de rectificar la línea fronteriza que dividía a las dos naciones.
El 2 de diciembre del mismo año apareció la posteriormente famosa Doctrina Monroe de la cual era ferviente precursor el embajador; el pensamiento doctrinario se sintetiza en una sola línea gramatical: “América para los americanos”. La famosa doctrina dejaba abierta dos ranuras: el rechazo a los europeos de entrometerse en cuestiones internas de los pueblos del continente americano o la exclusividad de intervenir de quienes confiscaron territorios y el derecho exclusivo de llamarse americanos. Sin llegar a ningún arreglo con el embajador intrigante, el presidente Vicente Guerrero instruyó a José María Bocanegra encargado del Ministerio de Asuntos Exteriores e Interiores, para que pidiera al gobierno estadunidense la dimisión del insidioso diplomático. Concedida la petición, Poinsett dejó el cargo y ocupó su lugar un tal Butler que al continuar manejando la misma consigna corrió la misma suerte que su antecesor. Ya para ese entonces, un buen número de colonos angloamericanos estaban instalados en el territorio texano con la venia de quienes estaban al frente del Estado mexicano recién erigido.
La ola migratoria hacia Texas crecía sin control. Preocupados los gobernantes nacionales decretaron la abolición de la esclavitud en todo el territorio nacional, conociendo que los hacendados texanos imponían el esclavismo en sus vastas plantaciones agrícolas; el mandato tenía como objeto detener la afluencia colonizadora. A partir de 1830 quedó legalmente prohibida la entrada a México de los pioneros “gringos”; el decreto antiesclavista disminuyó el acceso pero no lo impidió totalmente. En noviembre de 1835 los texanos se levantaron en armas, desafiando a las autoridades mexicanas. Enterado el entonces presidente Santa Anna de la revuelta, partió hacia Texas al mando de seis mil soldados para sofocar la rebelión, pero los colonos lo derrotaron en la batalla del río San Jacinto, el 21 de abril de 1836.
El presidente en turno convirtió a Estados Unidos en retaguardia del movimiento texano. Los mandatarios estadunidenses aunque manifestaban de palabra ser neutrales, en la práctica reclutaban voluntarios, enviaban dinero, armas y parque a los sublevados. Sin ningún recato, de manera desvergonzada apoyaban a los sediciosos. Texas fue proclamado Estado independiente en 1836 y nueve años más adelante en 1845, los esclavistas solicitaron su ingreso para formar parte de los Estados Unidos de Norte América. La anexión de Texas a la bandera de las barras y las estrellas fue la declaración de guerra de los poderosos vecinos al pueblo mexicano aunque protocolariamente lo hicieron hasta mayo de 1846. El presidente Polk no perdió tiempo, ordenó el despliegue de su ejército por mar y tierra para invadir el territorio mexicano, mostrando todo su poderío bélico. Poco antes, agentes de Estados Unidos organizaron un movimiento separatista en California53.
Los americanos no únicamente terminaron destrozando al débil Ejército Mexicano, sino que “la ocupación del país por las fuerzas norteamericanas fue acompañada de las peores y más crueles atrocidades, cometidas contra una población indefensa, miserable y desmoralizada. Fue una ocupación que además de su excesivo rigor militar, se significó por un sinnúmero de medidas disolventes y distorsionadoras, totalmente alejadas de los motivos aparentes de la guerra…54.”
Al margen de la polémica en torno a la verdadera edad o la veracidad de la participación de los Niños Héroes, defensores heroicos del último reducto mexicano El Castillos de Chapultepec55 lo incuestionable es que nuestros amables y honrados colindantes, terminada la batida en contra de los pieles rojas, declararon la guerra a sus indefensos vecinos del sur y sin ningún imprevisto, nuestro enemigo íntimo terminó apropiándose del nombre de americanos (Estados Unidos de América) y anexándose a la mala, a su espacio geográfico, 2 millones de kilómetros cuadrados pertenecientes al territorio de los Estados Unidos Mexicanos.
VI
El Plan de Ayutla y la Reforma. La conformación de una nueva República
El 1° de marzo de 1854 se dio a conocer el Plan de Ayutla, (Revolución de Ayutla), proclamado por el coronel Florencio Villareal. Pronto en el puerto de Acapulco, el 11 de diciembre del mismo año para ser precisos, el pliego sufrió modificaciones sustanciales: los levantados desconocían al gobierno de Santa Anna y trazaban las bases para la formación de una nueva república56. El veterano insurgente Juan Álvarez tomo el timón del movimiento revolucionario que fue expandiéndose rápidamente en otras entidades del país y terminó derrocando de manera irreversible al dictador que tenía secuestrada la Presidencia de la República. Santa Anna huyó al exilio y los liberales pusieron en jaque al partido conservador. Corría el año de 1855. El dirigente, promotor de la revuelta, era un hombre de convicciones firmes, de prestigio, reconocido y respetado en el mundo liberal y por las gentes de su región. Su historial era extenso: había ingresado en el ya lejano 17 de noviembre de 1810 a las filas insurgentes comandadas por Morelos; más tarde, al ser fusilado el Generalísimo permanece valeroso al lado de Vicente Guerrero hasta la consumación de la independencia; posteriormente, participo en la guerra contra los vecinos del norte57.
La Revolución de Ayutla aportó la médula precisa para constituir una república federativa popular, como lo mandataba la Constitución de 1824. Al quedar acéfalo el gobierno federal, el partido triunfador creó precedida por Valentín Gómez Farías una junta de notables que designó como presidente interino de la república mexicana a don Juan Álvarez e integraron una serie de ordenamientos que viabilizaran la convocatoria para instalar un Congreso Extraordinario con carácter Constituyente compuesto por 155 diputados, lo que ocurrió el 18 de febrero de 1856. En diciembre de este mismo año, Juan Álvarez renunció a la Presidencia, quedando en su lugar Ignacio Comonfort. El 5 de febrero de 1857, los legisladores dieron a conocer un Manifiesto a la Nación donde juraban el cumplimiento del nuevo estatuto constitucional.
***
El despliegue de estas contingencias desata nuevamente las pasiones políticas y sociales. Los pronunciamientos armados al grito de “religión y fuero” venían manifestándose en diversas entidades federativas, siendo la asonada de Puebla la de mayor consistencia. El general conservador Félix Zuloaga lanza el Plan de Tacubaya el 17 diciembre, desconociendo la Carta Magna recién confeccionada; el presidente Ignacio Comonfort respalda este movimiento retrógrado y encarcela a varios constitucionalistas entre ellos a Benito Juárez que se negaron a colaborar y acatar el designio de los reaccionarios58. Ante el reto de los generales retardatarios y sus seguidores, no quedaba otra salida que las armas e inició formalmente lo que sería la Guerra de Reforma (1858-1861).
Se establecieron dos gobiernos antagónicos. Uno en la ciudad de México, conservador encabezado por Félix Zuloaga, y otro en Guanajuato, liberal, encabezado por Juárez; la guerra a la vez que avanzaba geográficamente, aumentaba en intensidad; la sociedad mexicana fue polarizándose. Bajo esta atmósfera, los moderados del partido liberal tuvieron un rato de impavidez, al quedar convencidos de que era prioritario impedir que la jerarquía católica levantara cabeza, evitando que recuperara poder y riquezas; de tal modo, decidieron unirse a los radicales del partido liberal. Los hombres de sotana arrastraban un cochinero de engaños y vilezas. La vitrina donde guardaban el Santo Grial estaba empañada. La victoria favoreció a los juaristas y el triunfo hizo posible la edición de las Leyes de Reforma, que apuntalaron el desarrollo del capitalismo en México.
La expropiación de los latifundios especialmente eclesiásticos, la llamada Ley Lerdo (conocida así por el nombre de su autor Miguel Lerdo de Tejada), era inevitable debido a que “… las fincas rústicas y urbanas pertenecientes a corporaciones eclesiásticas y de otra índole, deberían ser vendidas en el término de tres meses a particulares: las arrendadas, a sus arrendatarios, y las demás, en subasta pública al mejor postor…”
“…Sobre la base de la Ley Lerdo, deberían ponerse en circulación numerosos capitales hasta entonces inactivos, lo que contribuiría al desarrollo capitalista de México…59
Esta disposición ponía igualmente en circulación los bienes de las comunidades civiles, muchos de los cuales no cumplían con las finalidades y destino para el que habían sido constituidos. Por ello nacionalizar los bienes inmuebles propiedad de la Iglesia y los bienes comunales de los pueblos originarios, cambiaba el sentido del sector agrícola imperante, al mismo tiempo que liberaban la mano de obra. Del mismo modo le arrebataron al clero a la par de la fuerza económica, las canonjías políticas, decretando la libertad de culto y la separación de la iglesia y el Estado; pusieron punto final al fuero eclesiástico y militar, codificaron el derecho irrestricto a la propiedad privada, las garantías individuales, la libertad de expresión, entre otras medidas. Y acrecentaron la potencia del Estado.
El papa Pío IX condenó desde Roma las Leyes de Reforma y días más adelante aplaudió la invasión francesa a México. Varias centurias antes en el siglo XII, el papa Urbano II organizó y bendijo las cruzadas, donde participaron los reyes medievales más poderosos del viejo continente, para conquistar riquezas, nuevas tierras y controlar las rutas comerciales de Asia con Europa.
(Continuará el próximo domingo)
* Investigador de tiempo completo adscrito a la Secretaría General de la UAG.
NOTAS
49. Únicamente se entregó el 50% del monto inicial concertado debido a las condiciones precarias del país que generó desconfianza entre los banqueros ingleses.
50. No obstante ser uno de los episodios históricos más estudiados, es necesario procesar un proyecto que permita delinear con mayor acuosidad las posiciones político-ideológicas de liberales y conservadores, para ir desintegrando la historia de bronce y sustituirla por una visión crítica del pasado.
51. Para quienes gusten profundizar en este periodo histórico, recomiendo el texto escrito por Enrique González Pedrero, en dos tomos titulados: País de un solo hombre: el México de Santa Anna, v. I. La ronda de los contrarios; v. Ii La sociedad del fuego cruzado 1829-1836. FCE. Primera edición v.i 1993; primera edicion v ii 2003.
52. Las dos citas fueron obtenidas vía Internet, Google.
53. A. Belenki, La intervención francesa en México 1861-1867. Ediciones Quinto Sol, México, 1986.
54. Tomado del libro de Gilberto López y Rivas, La Guerra del 47 y la resistencia popular a la ocupación; Ed. Nuestro Tiempo; P. 118. Segunda edición 1982, México. En este mismo texto, el autor aborda la lucha en California, Nuevo México y la resistencia de los mexicanos (chicanos) ya terminada la guerra, que continuaron viviendo, por ser originarios del lugar, en territorio texano.
55. En la revista Relatos e historias de México, número 13 de septiembre del 2009, encontramos un artículo del historiador Alejandro Rosas titulado: Una historia mal contada, los Niños Héroes; donde argumenta que la existencia de estos personajes es verídica pero mal contada (Pp. 44-50).
56. Consultar el texto de Jaime Salazar Adame, Rafael Rubí Alarcón y María Teresa Pavía Miller, Juan Álvarez Hurtado, cuatro ensayos, editado por la comisión organizadora de los 150 años de la Erección del Estado de Guerrero; noviembre de 1999.
57. Ibid. Juan N. Álvarez Hurtado uno de los héroes más preclaros de la historia de México. Principal motor en la creación del actual Estado de Guerrero. Fue su primer gobernador.
58. Debido al giro de los acontecimientos, Ignacio Comonfort puso en libertad a Benito Juárez, le cedió el mandato presidencial y volvió al redil liberal; Historia General de México, T. 3; Pp. 103-108.
59. A Belenki, la intervención … (Ibíd. Pp. 26-27).
* Ilustraciones: Teta




