Periódico con noticias de Acapulco y Guerrero

Tomás Tenorio Galindo

OTRO PAÍS

* El PRD que no ve ni oye

Hoy en Guerrero y en México la plegaria que se alza en las calles es sencilla: una tregua, sólo una tregua en la pesadilla. Pero es una súplica que no será escuchada. No la oyó el Partido de la Revolución Democrática, que insensible y sordo, ofreció el sábado a la sociedad otra muestra de soberbia e indecencia al brindar protección al gobernador Ángel Aguirre Rivero frente al clamor nacional e internacional que exige su renuncia.
Al negarse las facciones predominantes en el Consejo Nacional del PRD a solicitar la dimisión de Aguirre, emitieron un voto contra la moral y la honradez pública, esos que habían sido dos de los grandes principios por los cuales ha luchado la izquierda nacional. Lo insólito de esa actitud regresiva, que sitúa al PRD en el mismo papel que adoptó el PRI cuando hace diecinueve años intentó proteger a Rubén Figueroa Alcocer por la matanza de Aguas Blancas, es que fue votada al mismo tiempo que el presidente nacional de ese partido, Carlos Navarrete, en la misma sesión del Consejo Nacional proclamó que “es momento de dar un golpe de timón para que el PRD siga siendo la esperanza de un futuro mejor”, pues “para que podamos responder a la confianza de la gente estamos obligados a recuperar valores éticos de honestidad, congruencia y justicia, y no aceptar desviaciones y hacer como que no pasó nada”. Por ello, apostilló Navarrete, “estamos obligados a corregir omisiones y las desviaciones del partido, y propongo que la corrección empiece de inmediato”. Y para que el PRD empezara de inmediato a recuperar la honestidad, la congruencia y el compromiso con la justicia, determinó encubrir la responsabilidad política de Aguirre Rivero en la matanza y desaparición de estudiantes normalistas.
Sin embargo, ni Los Chuchos podrían ya ejecutar la hazaña de sostener al gobernador de Guerrero, cuya ineptitud cifrada en vidas le ha costado muy cara al estado y al PRD le ha traído un descrédito insuperable. En un diagnóstico certero, el senador Alejandro Encinas dijo durante el Consejo Nacional que el PRD sufre la peor crisis de su historia por el caso de los normalistas. Ayer añadió que “es evidente que el gobernador Aguirre ya no es un interlocutor válido, no sólo con los estudiantes normalistas, sino con muchos sectores de la sociedad guerrerense, hay una situación de ingobernabilidad”. Encinas recordó que “ya no es la desaparición de los 43 muchachos normalistas o los seis homicidios que se presentaron en esa noche de terror en Iguala, es el surgimiento todos los días de fosas con cadáveres y muertos que dan cuenta de un clima de ingobernabilidad en el estado”. También el senador Miguel Barbosa hizo notar que “quien es investigado no puede formar parte como árbitro de la investigación”. Y aunque “creemos en la honestidad de Ángel Aguirre, no lo vemos vinculado al crimen organizado, pero debemos de atender reclamos sociales, cada vez se descomponen más las cosas y vemos que la licencia de Ángel Aguirre podría ayudar a la distensión social y ayudar a la investigación”, dijo.
Los Chuchos, en cambio, analizan la situación del estado con indulgencia desmedida, pues a pesar de que en el resolutivo del Consejo Nacional afirman que Aguirre Rivero debe “colaborar en el esclarecimiento de los hechos y contribuir a fincar responsabilidades sin importar jerarquía o color partidario”, consideran su renuncia como una “salida fácil” y hasta un “linchamiento político” que no contribuye a resolver la emergencia. Lo exculpan de responsabilidad, pues, y convalidan la condición de juez y parte que ejerce el gobernador en una crisis en la que la sociedad lo ve como responsable político de los hechos. Exactamente como el PRI pretendió hacerlo con Figueroa Alcocer.
Nada le importaron al PRD las marchas que se realizaron el viernes en todo el estado, la más concurrida en Acapulco, ni los llamados de organismos como la ONU, la Comisión Interamericana de Derechos Humanos y Amnistía Internacional, que se han solidarizado con los normalistas y exigido al gobierno federal respuestas a las familias de los normalistas desaparecidos. Ajenos a las protestas, Los Chuchos activaron el control que ejercen en el PRD y en una postura negacionista plantearon que sólo después de una investigación que acredite su responsabilidad debe Aguirre abandonar el cargo. O lo que es lo mismo: le dieron la espalda a la sociedad.
La tragedia de los normalistas no solamente terminó de despedazar los jirones de gobernabilidad que quedaban en Guerrero e hizo polvo al PRD, que en estas semanas dilapidó su historia, la parte buena de su historia. También alcanzó al gobierno de Enrique Peña Nieto, que se halla atrapado entre un discurso que parece recoger el sentir de las familias de los normalistas desaparecidos, y una investigación y búsqueda que no ofrece ningún resultado. A 23 días, el gobierno federal del “nuevo” PRI ha sido incapaz de resolver la peor matanza de estudiantes por parte de policías en la historia del país. Para el poeta Javier Sicilia, “en el gobierno están rebasados” por los acontecimientos. “El PRI creyó que podía administrar el infierno, pero no sabía de su dimensión”. Después de las movilizaciones que encabezó hace tres años y que sacudieron al gobierno del panista Felipe Calderón, Sicilia ve que “desde Guerrero se oye otra vez ese grito”. (El País, 18 de octubre de 2014). Grito que crecerá en los siguientes días con las movilizaciones y el paro nacional que está en preparación para el miércoles y el jueves.
Si Ángel Aguirre no renuncia este lunes, es muy posible que mañana el Senado declare desaparecidos los poderes públicos en Guerrero y de todos modos tendrá que irse, en medio del más grande conflicto social que haya sufrido Guerrero por culpa de sus gobernantes y políticos. Esa crisis no la sienten ni en el Tribunal Superior de Justicia ni en el Congreso del estado, que ayer respondieron al Senado que trabajan “en forma normal”. Pero no existe “normalidad” alguna si el estado permanece en vilo por la desaparición de los 43 jóvenes, si las autoridades no son capaces de encontrarlos aun si estuviesen muertos, si las calles han sido tomadas por estudiantes, maestros y padres de familia para reclamar justicia, y si las fosas clandestinas con cadáveres se multiplican día tras día. Todo eso que el PRD ni ve ni oye.

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