Jaime Salazar Adame
Tomóchic
El año de 1891 marca un hito para los estudios de la Revolución de 1910, pues alrededor de la década de los años noventa del siglo XIX, se produjo una serie de revueltas que culminaron con el movimiento armado que acabó con la dictadura porfirista; Francisco I. Madero fue el primero en observar y escribir en su libro La Sucesión Presidencial en 1910 cómo la revuelta de Tomóchic se constituyó en el inició de una revolución en nuestro país.
En efecto, el 2 de septiembre de 1891, el general José María Rangel, jefe de la zona militar de Chihuahua fue derrotado por los indios tomóchis al tratar de tomar el pueblo de Tomóchic, municipalidad del distrito de Guerrero, Chihuahua. El suceso ocurrió durante la administración del presidente Porfirio Díaz y fue causado por la superstición de los indios que al final de cuentas fueron sacrificados el 20 de octubre del mismo año quedando su pueblo prácticamente borrado del mapa.
Antes el indio Cruz Chávez encabezó una peregrinación para visitar a un individuo que se hacía llamar el Santo Cristo Chopeque y su mujer María Teresa Urrea a quien tenían los indios como taumaturga y a la que llamaban Santa Teresa de Cabora.
Juan Ignacio Chávez, jefe seccional en la región de Tomóchic quiso impedir que las prácticas supersticioso-religiosas continuaran; tratando de ponerles coto definitivamente, se opuso en forma violenta y pretendió enviar a filas, a través de la leva, como se acostumbraba entonces, al promotor de las prácticas Cruz Chávez.
El resultado de su acción no se hizo esperar; el pueblo se amotinó y el caso repercutió hasta políticamente, pues fue la gota de agua que derramó el vaso del descontento acumulado en la población indígena por las vejaciones constantes de que eran víctimas por parte de las autoridades locales y estalló la rebelión.
Se pidió el auxilio de las tropas federales y el gobierno envió el 9º. Batallón de infantería con órdenes de atacar a los rebeldes hasta someterlos; en las primeras acciones, el comandante militar José María Rangel fue derrotado en dos ocasiones y en una de ellas el pueblo exaltado dio muerte a un capitán. Rangel procedió a sitiar al pueblo y el episodio sangriento cesó hasta que casi todos los indios cayeron muertos o heridos.
La brillante acción de armas levantó olas de indignación en todo el país al conocerse la forma brutal con que se llevó a cabo, pues haciendo gala de crueldad inaudita el comandante Rangel ordenó que todos los rebeldes hechos prisioneros, aun los que se encontraban heridos, fuesen pasados por las armas.
Un testigo ocular de los hechos desarrollados en el pueblo indígena de Tomóchic, fue Heriberto Frías, joven subteniente encuadrado en el 9º. Batallón; la destrucción del pueblo sacrificado por defender sus tierras, ganados y hogares, le sirvió de inspiración para escribir en el propio campamento y en forma de novela su primera obra: Tomóchic.
Un amigo suyo, el periodista Joaquín Clausell director del periódico El Demócrata, comenzó a publicar en folletín los interesantes capítulos de Tomóchic; Heriberto Frías fue sometido a proceso acusado de revelar secretos en campaña y condenado por un consejo de guerra a sufrir la pena de muerte. Mediante brillante defensa llevada por su abogado, se logró suspender la sentencia hasta que fueran presentadas pruebas fehacientes del cargo contra Frías.
Un empleado de El demócrata, Adalberto Concha, penetró en el periódico clausurado y destruyó los originales de Tomóchic, escritos de puño y letra de Frías. Absuelto por falta de pruebas Frías fue dado de baja del ejército.
A partir de 1893 Heriberto Frías se inició en el periodismo colaborando en diversos periódicos y escribió varias obras, entre ellas, Frías entregó personalmente al presidente Porfirio Díaz un ejemplar de la segunda edición de Tomóchic, quien se mostró complacido con el obsequio pues en verdad Frías no atacó en ella al gobierno, dado que no expuso en su obra las causas del sacrificio de los indios tomochictecos, como sí lo hizo Madero en el libro con el que levantó al pueblo de México contra el porfiriato e igualmente, en fecha posterior, lo recoge la película del mismo nombre.




