Arturo Solís Heredia
CANAL PRIVADO
Dos buenos candidatos
Con puntualidad que se agradece, Ruffo Alejandro Montiel Adán, sufrido lector (¿ocasional?) de este espacio, corrigió puntualmente mi desplante de gran dedo elector, cuando obsequié erróneamente a la currícula de Héctor Astudillo una diputación federal, el sábado anterior. Me pedía en su carta, sarcástica y mordaz, que le informara “¿en qué periodo o legislatura fue diputado federal Héctor Astudillo?”.
En ninguno y en ninguna, obviamente don Alejandro.
Pero también le agradezco que, señalado el resbalón, reconociera una coincidencia con lo escrito: “Creo que con cualquiera de los dos (Zeferino o Astudillo) tendremos un buen gobierno”.
El encuentro no es menor, al menos para mí, rodeados como estamos de estridentes gritos que condenan, atacan, amenazan y denuncian y que, en esta semana que termina, adquirieron mayor vigor en el escenario político guerrerense: “traidores” y “miedosos” fueron ahora las constantes semánticas.
Tenemos dos buenos candidatos y eso da licencia para sentir, al menos, un especial interés en las elecciones. Aunque, reitero, las cualidades que don Alex y yo vemos en los candidatos del PRI y PRD, no les alcanzan para convencernos plenamente de que cualquiera de ellos serían, ya electos, buenos gobernantes.
Lo digo porque ya es hora de que algo en este país vaya bien. O siquiera que parezca estar bien. Francamente tres medallas de plata en Atenas no bastan para lanzarse, en feliz enajenamiento, gritando que la patria es grande y que como México no hay dos, ¡jijos de su rejijurria!
Y es que de veras, ¿de dónde agarra uno la esperanza? ¿En qué cajón están escondidas las reservas del optimismo nacional? ¿En dónde?, porque a la vista, na’más puras miserias se asoman.
La actuación de nuestros atletas olímpicos, salvo escasas y honrosísimas excepciones, es un ejemplo irrefutable de las deficiencias, vicios, carencias, transas y rezagos que padecen, no nada más autoridades y políticas públicas del deporte, sino un amplísimo espectro de nuestra estructura social.
No preocupan ni enojan tanto las derrotas, sino lo que las causa, las patéticas historias de corrupción, simulación, negligencia e ineficacia que hay detrás de ellas. Porque ningún otro argumento las explica de manera tan contundente.
Ninguna excusa vale si se ampara en el retraso, las carencias y la pobreza mexicana, cuando numerosos países, en peores condiciones, nos superan en las pistas, en las albercas y los estadios. Basta ver las condiciones de vida de Belem Guerrero para reconocer el talento y la capacidad de muchos mexicanos como ella, victimados impunemente por un sistema que, paradoja cruel, se supone debería impulsarlos.
Y si frustrados, decidimos mirar para otro lado, en una de esas nos convertimos en existencialistas globalizados. No es necesario describir el estado de la política nacional para saber que ahí el hoyo es mas profundo. Si miramos entonces hacia las trincheras empresariales, rápido nos arrepentimos asustados por los fantasmas de fobaproas, rescates bancarios y carreteros y delincuentes impunes de cuello blanco.
“¿Qué nos pasa?”, decía Héctor Suárez con negro humorismo. “No somos nada”, se lamentaba por su parte Fernando Luján, con puntería prospectiva. No sé que nos pasa, pero sé que, a pesar de tanto, somos mucho más que nada.
El desánimo colectivo que nos invadió a muchos, antes de las levemente reivindicatorias cuatro medallas olímpicas, tuvo su lado positivo: en muchos percibí una inconformidad autocrítica que parecía decir: “Si esto es lo que somos, no estamos de acuerdo y algo habrá que hacer para mejorar”.
Por eso comienzo y termino con don Alejandro Montiel y su atípica posición frente a los dos aspirantes a gobernador de Guerrero: “Creo que con cualquiera de los dos (Zeferino o Astudillo) tendremos un buen gobierno”.
La frase es sencilla, excepto para los que los rodean, demasiado concentrados en sus camorras partidistas, ridículamente coyunturales. No entienden que a la mayoría de los guerrerenses le da igual el color del próximo gobierno; verde o amarillo tendrá que responder igual a los retos ineludibles y más que nunca inaplazables de su circunstancia.
Dos buenos candidatos para comenzar, no esta nada mal.
Que concursen ahora sus ideas y que la que convenza a la mayoría gane. Y que el perdedor no solo reconozca la derrota, que sus reconocidas prendas políticas y personales le convenzan de no boicotear, como siempre, el trabajo del vencedor.




