Arturo Solís Heredia
CANAL PRIVADO
*Periodismo en tiempos de conflicto
¿Qué rol debería asumir un medio de comunicación en tiempos de conflicto social? ¿Cuál es la función social de un columnista de opinión en un país con un agudo conflicto civil? ¿Está bien que los medios se abstengan de publicar información que puede agravar un conflicto social? ¿Cuál debe ser el compromiso del periodista al informar sobre negociaciones que buscan poner fin a un conflicto social? ¿Qué recomendaciones tener en cuenta al publicar cifras de muertos y heridos en un conflicto social?
¿Cómo deben informar los medios en un país cuya democracia es todavía frágil? ¿De qué manera informar en tiempos de conflicto social sin aumentar la brecha entre buenos y malos? ¿Debe el periodista autocensurarse en tiempos de agudo conflicto social en su país? ¿Cómo pueden los periodistas evitar ser vistos por la ciudadanía como parte de los problemas nacionales? ¿De qué forma los medios pueden ayudar elaborando un discurso pacificador en un conflicto social?
Aunque las piense y me las haga en estos aciagos días nuestros, las preguntas anteriores no son mías, sino del periodista colombiano Javier Darío Restrepo, director del Consultorio Ético, que la Fundación Nuevo Periodismo Iberoamericano (creada y dirigida hasta su muerte por Gabriel García Márquez) propuso en un debate en Twitter, dedicado a discutir para qué sirve el periodismo en tiempos de conflicto social.
Restrepo, uno de los más respetados exponentes de la ética periodística en América Latina, con más de 45 años de ejercicio en medios impresos y electrónicos en su natal Colombia, respondió algunas de estas preguntas, este martes en el programa Ora qué cosa, que se transmite en Siga TV Chilpancingo.
Sencillo y claro, Restrepo aceptó mi invitación, primero vía correo electrónico y luego por teléfono, a pesar de que se la hice apenas el lunes, un día antes del programa. “Con gusto, claro”, respondió con ese inconfundible acento colombiano, seguro motivado por el contexto que le describí como razón de la entrevista: el conflicto que vive Guerrero por el asesinato de seis personas en Iguala y la desaparición de 43 estudiantes de Ayotzinapa.
Pero particularmente, el interés de escuchar su punto de vista sobre la cobertura por parte de medios nacionales y locales, que en no pocos casos apoyan o critican abiertamente a una de las partes en conflicto, y que han ayudado a espesar la confusión de la opinión pública (al menos que no han hecho mucho por aclarar esa confusión) sobre los hechos y sus responsables, permitiendo así la politización maniquea de los mismos.
Comparto con ustedes, entrañables lectores de este espacio, parte de lo dicho por Darío Restrepo en el programa, utilizando fragmentos de una entrevista que le hizo el corresponsal en Chiapas de la revista Proceso, Isaín Mandujano, en agosto de 2003, dado que la conversación con el periodista colombiano en el programa Ora qué cosa fue la tarde de ayer.
“En mis recorridos por la mayoría de los países de América, percibo una ‘crisis de credibilidad’ en la prensa, pues está perdiendo distancia de los hechos y los protagonistas que son y hacen la noticia.
“Al tomar partido por intereses buenos o malos, la prensa está perdiendo esa garantía llamada credibilidad. Dejó de observar los hechos con cierta distancia. Es una prensa que está mirando la historia desde el poder, en muchos casos, desde arriba. Los medios y periodistas están perdiendo la perspectiva, les hace falta mirar al mundo desde abajo”, mencionó Restrepo en la entrevista con el corresponsal de Proceso.
En este sentido, abundó que “cuando los medios toman partido, pierden una norma y una ventaja fundamental que es la de poner distancia entre los hechos y sus protagonistas y el propio periodista. Si el periodista toma partido tiene la distorsión de visión de quien ve desde un solo lado”.
Todo esto, explicó, no es sólo una cuestión técnica, sino que debe ser la respuesta que el periodista debe dar a la sociedad en situaciones de conflicto, “que es cuando más se necesita de los medios para saber que está pasando, y esa visión de conjunto no la da la prensa que se parcializa”.
Restrepo, integrante de la Fundación Medios para La Paz, un grupo de periodistas que intenta reducir la beligerancia verbal del conflicto colombiano, reconoce que es difícil para cualquier medio mantener la distancia necesaria cuando se invoca palabras como “justicia, nacionalismo o lucha social”, porque entonces se cree que el medio tiene que manifestar su postura política y dejar a un lado la distancia y hacerse partidario de una campaña. “Se pierde de vista que el gran servicio que un medio de comunicación le presta a una sociedad que está en crisis y problemas es acercarla a la visión real de los hechos”.
Otro factor que mencionó en la baja credibilidad de la prensa es la crisis económica, “pues cuando ésta acosa a los medios, éstos empiezan a vender su información y eso arrasa con la credibilidad, y si bien no lo hacen abiertamente lo hacen por debajo de la mesa, al entablar acuerdos con grupos económicos, con personas influyentes, incluso con los mismos gobiernos.
“Pero esos acuerdos siempre los detectan los lectores, y cuando un lector detecta eso, primero siente que le faltan el respeto y luego siente que no le puede creer a un medio de comunicación que se está acudiendo a ese tipo de cosas. Esto está pasando mucho con los medios pequeños”, dice Restrepo.
Pero de todo lo que dijo, hubo algo que me llamó la atención especialmente, porque muy poco lo vemos en el periodismo mexicano, “cuando el periodista y los medios cumplen la tarea que les corresponde, siempre son parte de las soluciones. El periodismo es la instancia inteligente de la sociedad para buscar y adoptar soluciones.
“Ese periodismo inteligente comparte con los lectores una visión completa de los hechos diarios y, por tanto, de los problemas que plantean retos creativos a la ciudadanía. Al presentar los hechos y convertirlos en conocimiento, el periodista inicia un proceso de solución de los problemas. Pero ésta es sólo una primera parte de su tarea.
“La segunda es la que va más allá del solo relato de los hechos, ese relato es, de hecho, una interpretación de los hechos. Nunca se pueden contar los hechos como son, contarlos es interpretarlos, y ésta es la otra parte del proceso que se pone en marcha cuando se cubre una noticia. Esa interpretación o modo de ver y contar un hecho puede quedarse en el problema, o ir más allá del problema en busca de causas y propuestas.
“Y esta es la tercera fase del proceso informativo: la que investiga y promueve la búsqueda de soluciones. El periodista entonces busca expertos, descubre estudios, investigaciones, informes que dejan entrever soluciones que dan lugar a las propuestas. Cuando la información deja en el lector la idea de lo posible, de que hay mucho por hacer, de que en sus manos está una parte de la solución, el trabajo del periodista crece en dignidad y se vuelve indispensable porque él, su medio y su trabajo hacen parte de la solución”.




