Jorge Salvador Aguilar
Los trenes no chocaron
1. El pasado domingo el PRD eligió a su candidato a gobernador para que lo represente en la elección del próximo año, en una jornada aceptablemente tranquila. El ganador indiscutible fue Zeferino Torreblanca; Armando Chavarría aceptó gallardamente el resultado y se comprometió a apoyar con todas sus fuerzas al triunfador, para llevarlo a la victoria el 6 de febrero; lo mismo hicieron los principales cuadros del chavarrismo; hoy se tiene un candidato fuerte y legitimado por el voto de los militantes y de los ciudadanos, lo que asegurábamos algunos opinadores.
2.- Así pues, muchos rumores sembrados por las plumas y miembros del equipo de Zeferino y algunos medios de comunicación, quedaron desmentidos por la realidad: no hubo división, ni choque de trenes, ni los priístas votaron por Armando Chavarría, sino por el ex alcalde de Acapulco.
3. Hoy el PRD está ante una magnífica oportunidad para ganar la gubernatura. Sin embargo no es algo que se pueda dar por un hecho; concretar este triunfo requiere hacer política, política de la buena, es decir, armar alianzas, internas y externas, socavar las fuerzas del adversario, diseñar la estrategia, compartir las decisiones, lo que no es fácil para un hombre del carácter de Zeferino, acostumbrado a tomar decisiones ejecutivas; donde él es el dueño de la empresa.
4. Por la reñida competencia que se espera, la condición para que se pueda concretar el triunfo de Torreblanca es que sea capaz de formar una gran alianza político-social, que tenga como eje un PRD unido, y como integrantes a todos los partidos de oposición y organizaciones sociales.
5. Por sus declaraciones de precampaña y por las primeras que hizo al terminar la elección, Torreblanca no está muy dispuesto a la inclusión, pues él se dice un político “atípico”, que le gusta tomar las decisiones solo; esta costumbre se puede acentuar después de su contundente triunfo; por el tono de su respuesta a un reportero sobre si estaba dispuesto a incluir a Chavarría en un puesto importante de su gobierno (dijo que “las condiciones ahora son distintas a las de la precampaña”); parece ser que Zeferino está leyendo mal los resultados.
6. Un triunfo tan definitivo, como el de el domingo, puede llevar a Zeferino a creerse el Fox o el López Obrador guerrerense, y conducirlo a pensar que ya no necesita a nadie para ganar. El 75 por ciento que sacó, no se refiere a su aceptación en la sociedad, en general; esta cifra está conformada, fundamentalmente, por voto perredista; entre un 20 y un 30 por ciento es voto priísta y panista. Por lo menos así fue en Tierra Caliente. Para ganar el 6 de febrero serán indispensables los votos de los partidos de oposición pero, sobre todo, los de todo el perredismo. Si en un desplante de arrogancia, se desdeña al bloque que se formó en torno de Armando Chavarría (alrededor de 60 mil votos), se estará poniendo en riesgo el triunfo. ¿Será Zeferino capaz de superar resentimientos?
7. Quien menosprecia a su enemigo y se deja vencer por la soberbia, termina por cavar su tumba; dicen que el primer triunfo del diablo es hacer creer que no existe; igual pasaría si Torreblanca desprecia la fuerza del actual régimen; pensar que el PRI ya está derrotado de antemano, que el caciquismo ya no tiene fuerza, que Figueroa ya no espanta a nadie y que se caerá por sí mismo, llevaría a la conclusión de que se le puede enfrentar solo, sin tener que compartir con nadie el poder. Si a esto se le agrega la arrogancia de pensar que se es el “elegido” del pueblo y, por tanto, autosuficiente para lograr la transición democrática, entonces estamos yendo derecho a la derrota.
8.- No por el hecho de haber sido seleccionado en un plebiscito, han desaparecido los defectos de Torreblanca. Su triunfo fue una combinación de errores de sus adversarios, aciertos propios, apoyos de los factores de poder, y otros eventos circunstanciales. Cuatro de los defectos del ex alcalde porteño son: su discurso eficientista y frío, su desconocimiento del estado, su falta de manejo de los códigos del pueblo llano, y su escasa sensibilidad social. A pesar de su atraso, autoritarismo y corrupción, el actual régimen tiene un buen conocimiento de los problemas del estado, un perfecto manejo del lenguaje popular, además de que tiene a su favor la inercia histórica. Si Torreblanca quiere llegar a la gubernatura, tiene que buscar integrar un equipo que supla sus deficiencias. Esto requiere humildad. ¿Es capaz el empresario acapulqueño de tenerla?
9.- Aunado a lo anterior, está la hipersensibilidad de Torreblanca a la crítica. Si como precandidato evidenció intolerancia a una crítica blanda, certificable: rico empresario, amistades no recomendables, insensibilidad social, pensamiento neoliberal, ¿cómo reaccionará a la calumnia artera, a la difusión de intimidades comprometedoras, al lodazal a que está acostumbrado el sistema? Si va a andar lamentándose de todas las críticas, seguramente que no va a tener tiempo de realizar su campaña.
10.- Hay muchas cosas que se pueden decir de este proceso interno, fueron muchos los costos que se tendrán que pagar y más los errores que se cometieron. Los perdedores ya los pagaron; el ganador va a pagar los pasados y seguirá pagando los futuros; el Comité Nacional cometió errores imperdonables que lesionaron al partido, cuando a la luz de los resultados se ve que no eran necesarios, como apostar toda su fuerza a un candidato e intentar detener la elección hasta el último momento; seis horas antes dijo que siempre sí, un verdadero show; algunos medios de comunicación, dejándose arrastrar e involucrándose en las torpezas del CEN, de tal manera que nuestro diario publica a ocho columnas en su edición de fin de semana, que se había suspendido la elección. Esto me recuerda a un periódico de Ciudad Mante, Tamaulipas, que cuando algún personaje estaba agonizante, y ante el inminente cierre de la edición, se la jugaban tratando de adivinar el desenlace; a veces acertaban y resultaba una primicia, pero ya se imaginarán la pena de los editores cuando el cadáver se resistía a morir.
Todo esto tendrá su costo. Sólo esperamos que esta surrealista comedia valga la pena; lo sabremos a partir de abril.




