Anituy Rebolledo Ayerdi
Cómo han pasado los años (XXXIX)
“Las tres”
Cuando en los años 50s alguien pedía “las tres” se refería a las tres últimas fumadas del cigarrillo del de junto. “La chenca”, pues, sostenida precariamente entre el pulgar y el índice. Ahí podría nacer una adicción adolescente compañera de toda la vida o toda la muerte. Otra vía de acceso al tabaquismo se daba cuando el chamaco se encargaba de encender los tabacos de los abuelos. Y, claro, en los “tíquites” o “pintas” de la escuela.
A este aprendizaje iban aparejadas acciones urgentes para encubrir el poderoso olor a tabaco y salvarse así de la reprimenda paterna. Inmejorables para lograrlo chicles de menta, orozuz o eucalipto. Nada se podrá hacer más adelante, sin embargo, para ocultar las manchas de tabaco en los dedos o los residuos del mismo en las bolsas de la camisa o del pantalón. Nada que no dependiera de la generosa complicidad de la progenitora.
Ora que los argumentos prohibitivos nada tenían que ver con la prevención de males cardiacos o pulmonares y ni por pienso cancerígenos. Nada, tampoco relacionado con el mal ejemplo de los mayores de casa, auténticos chacuacos cuyas humaredas superaban a las del Ticuí atoyaquense. La cosa giraba exclusivamente en torno a la economía familiar:
–¡Yo no voy a mantener los vicios de ningún vago; si los tiene que trabaje, el güevon!
Frente a tan absurda cerrazón nunca fue la mejor opción imitar a doña Borola Tacuche de Burrón, esto es, fumar periódico enrollado en calidad de habano. Se buscarán salidas solidarias y entre ellas el financiamiento de tabaco por parte de la siempre comprensiva progenitora. Pero eso sí: una marca de cigarrillos que no afectara su gasto diario.
“Chupó faros”
Ahí estaban las marcas más baratas del mercado: Tigres, Reales, Carmencitas y Faros de apenas unos cuantos centavos (hoy, 3 pesos cajetilla). Los Faros, pequeños, enrollados en papel de arroz y envoltura también de papel, eran presumidos en la escuela como “auténticos italianos”. No faltarán, por el contrario, quienes acusen a ese tabaco como muy dañino, tanto que se fraguará con su nombre la sentencia lapidaria de “chupó Faros”. Se dirá de quien resulte eliminados de alguna competencia e incluso de la vida misma. No tan “lumpenescas”, otras marcas serán muy competitivas y entre ellas Alas (azules y verdes), Delicados (ovalados) y Elegantes, con sobrevivencia matusalénica
Ya para entonces el mercado mexicano estaba dominado por las tabacaleras estadunidenses y europeas. Los Raleigh, por ejemplo, con o sin filtro, llamados simplemente “de carita” en alusión a la imagen impresa en la cajetilla. No otra que la del pirata inglés Sir Walter Raleigh, honrado así por sus dos introducciones históricas: la del tabaco americano a Europa y las nocturnas a los aposentos de la reina Isabel de Inglaterra.
Otras marcas: Lucky Strike, que dio pie a la solicitud indiferente de lo “lukitraigas”. Camel, con tabaco turco, recomendado para “una buena digestión”. Pall Mall “tan saludable como una manzana o una sandía”. Benson & Hedges, Viceroy y Marlboro de varios colores. Este último, luego de matar de cáncer a todos los cowboys del Oeste americano, será dedicado a los deportistas y a las damas. Su patrocinio para los deportes de masas lo mantiene como el tabaco más vendido en el mundo.
Hay una novedad con la que nos topamos al hurgar sobre tabaco. Los otrora menospreciados Faros serán rehabilitados sin cambios en su presentación original y tampoco seguramente en la calidad de sus tabacos. El atractivo para las nuevas generaciones será el precio de su cajetilla, siempre el más bajo del mercado. La antípoda, por ejemplo, con los ingleses Treasurer Black, cigarrillos de 90 milímetros cada uno presentados en cubierta de aluminio con 20 unidades: ¡30 dólares cajetilla!
Terremotos del medio siglo
Exactamente a la mitad del siglo XX, el 14 de diciembre de 1950, un terremoto de 7.5 grados sacude al puerto, sin reporte de pérdidas personales ni daños materiales severos.
Secundaria Federal 22
Tres años más tarde, el 3 de septiembre de 1953, uno similar lo menea a las 16: 15 horas. No hay víctimas pero entre los daños materiales figura la destrucción parcial de la escuela Secundaria Federal número 22 (hoy Uno), en Quebrada y Madero (hoy, primaria Eduardo Mendoza). Una réplica la noche del “Grito” la deja en calidad de cascajo cumpliendo apenas sus quince primaveras.
La casona de adobe y teja ocupada por la primera institución de enseñanza media de Acapulco, había sido residencia particular del médico gallego- cubano Manuel Butrón Díaz, alcalde porfirista de Acapulco hasta por tres ocasiones de un año cada una. Ahí mismo atendía su Droguería Acapulco, fundada por él mismo en las postrimerías del siglo XIX.
La familia Butrón se verá precisada a abandonar el inmueble cuando este resulte dañado por un sismo en 1907. Se le repara para establecer más tarde las oficinas de Correos y Telégrafos.
La más tarde farmacia Acapulco, ahora propiedad de la compañía estadunidense Link & Sucesores, se muda a la calle Carranza donde verá transcurrir todo el siglo XX y por lo menos 12 años de este XXI. Ahí exhibió, para admiración de propios y extraños, una hermosa colección de tarros de porcelana conteniendo las drogas que curaban todos los males del mundo. Algunas:
La heroína Bayer para la tos de los chilpayates; las tabletas de cocaína para el dolor de garganta; el opio vaporizador para el asma. El opio para aquietar a los bebés: 5 gotas para recién nacidos y 25 para los de cinco años y el silencio reinaba en casa. “ Mariani” fue en su tiempo la más famosa marca vino de coca preferida, ni más ni menos, que por el Papa León XIII. Al santo varón podía olvidársele la cruz pectoral pero nunca su frasquito cocacolero. Agradecido, premiará al creador de aquél bebistrajo Angelo Mariani, con una medalla de oro.
El terremoto del Ángel
No obstante que su epicentro fue localizado cerca de Acapulco, el sismo del 28 de julio de 1957, bautizado como el “Terremoto del Ángel”, por haber derribado “La Victoria Alada” de la columna de la Independencia en la ciudad de México, no causó daños importantes en el puerto. De magnitud 7.7 grados, mortífero y destructor, el macrosísmo tuvo en el DF un saldo de 700 personas muertas y 2 mil 500 lesionadas.
La nota roja del tostón: 11 mayo de 1952
Un cerrón de autos en las calles de la ciudad de México y un reproche a todo volumen:
–¡Fíjate como manejas, pinche güey! –grita el conductor agredido, capitán Armando Lepe Ruiz al tiempo que detiene la macha de su auto seguramente para dar su merecido al cafre. Nunca en espera de una disculpa.
De pronto, sin esperárselo, llega hasta el agresor quien saca de entre sus ropas una pistola y se la vacía ahí mismo.
Más adelante, el mismo sujeto, enloquecido, seguramente, persigue a la joven Hortensia Lepe “porque le gustó un chingo y se la quiere tirar”. La persigue y la alcanza. La rapta, la viola y la mata (justo en ese orden, dirá el criminólogo Alfonso Quiroz Cuarón ). Una última víctima en aquella carrera sangrienta y demencial será el joven Padro Galván quien asesinado también a balazos con el clásico:
¡¿Soy o me parezco, cabroncito?!
¿Nombre de la bestia?: Higinio Sobera de la Flor, conocido como El Pelón, por estarlo. El Pelón Sobera, para la nota roja.
Sobera, según el diagnóstico del propio Quiroz Cuarón, padecía esquizofrenia destructiva y progresiva y por ello debió ser sujeto de reclusión. Pero no, para quitárselo de encima la familia pudiente le daba todo lo que pedía: dinero, autos y armas. Sus crímenes conmovieron hondamente al México del medio siglo
El apodo del multihomicida agraviará durante toda la década a los pelones o “pocopelo” –curas, sabios y dignatarios– con el apodo de Pelón Sobera.
Lo de “pelón sobaras”, será un retruécano sicalíptico.
1 de Mayo de 1958
Evangelina Elizondo y Ramón Gay cierran aquella noche con ovación en el teatro Rotónda la puesta en escena de 30 segundos de amor. El galán la invita a cenar al restaurante del Hotel Paseo: ella pide un sándwich y y una copa de vermouth, él cena riñones al jerez. Salen para dirigirse al domicilio de él, en la calle Rihn, donde ella ha dejado su Cadillac.
Antes de despedirse, la pareja comenta entusiasmada el éxito de la obra. En ese momento un hombre se acerca a la ventanilla de ella para golpearle el rostro con el puño cerrado. Es su ex esposo José Luis Paganoni, ingeniero petrolero de profesión.
Ramón Gay sale del auto en defensa de la dama trenzándose a golpes con el agresor. De pronto, se escuchan detonaciones de arma de fuego. Paganoni ha hecho uso de su 38 súper descerrajando cuatro disparos contra el actor, dando solo dos en el blanco. Ramón Gay cae a la banqueta herido de muerte: una bala en la muñeca le hace añicos el reloj y una segunda le rompe la arteria aorta. Muere pocas horas más tarde.
Escándalo nacional. La sangre chorrea de las siempre teñidas páginas rojas de la prensa nacional. Se manifiesta intenso el dolor de la familia artística y no se diga el expresado por miles de fanáticas del actor guapo y varonil, “castigador”, se decía, con más de 80 películas. No todo fue luto.
Los columnistas de espectáculos cuya especialidad era (y sigue siendo) levantar sábanas en camas ajenas, se dan vuelo en torno al suceso. En Excélsior, por ejemplo, el muy leído Federico de León revela que el primer actor Arturo de Córdova mantenía con Ramón Gay “un amor secreto de pasiones turbulentas y fidelidades inquebrantables”. Y deja al imaginario popular las posiciones jugadas por cada uno.
Cuando solo falte pronunciarse sobre el escandaloso asunto a la Suprema Corte de Justicia de la Nación, se escuchará la voz de la sensatez anónima
–Bueno, y a todo esto ¿quién chingaos se ha muerto de eso?
–No, pos no.
2 de marzo de 1959
La rica prestamista catalana Mercedes Cassola y su joven amante italiano Ycilio Massini son asesinados a puñaladas en la residencia metropolitana de ella. Él es castrado y con su sangre pintarrajean las paredes de la recámara con inscripciones insultantes contra los homosexuales.
El crimen de Cassola y Massini cala hondo en Acapulco porque sus hermanos Aldo Eros e Ivo residen aquí de tiempo atrás, ambos con familias acapulqueñas Casado con Idolina Vélez, hija del querido maestro Julio Vélez, de la Secundaria 22, se desempeñó por muchos años como gerente de la radiodifusora XEBB. Ivo, por su parte, estuvo casado con Lety Salgado Román, hija de don Fernando Salgado y doña Consuelo Román de Salgado, grandes activistas sociales del puerto. Fundaron el restaurante La Bella Italia, todavía en operación (Crímenes sin castigo, El Sur, 2007).




