Periódico con noticias de Acapulco y Guerrero

Arturo Solís Heredia


CANAL PRIVADO

  Un buen momento  

Por fin. En los primeros días de la semana próxima sabremos ya los nombres de los dos principales aspirantes a la gubernatura guerrerense. En estricto orden de aparición: por el PRI, Héctor Astudillo Flores; y por el PRD, Zeferino o Chavarría. Con todo respeto para los abanderados de los demás partidos, es un hecho que uno de esos tres se mudará a Casa Guerrero, a partir del año próximo.

Atrás deberían quedar ya los jaloneos, grillas y desfiguros de las contiendas internas y la desmedida atención que le brindaron políticos y medios de comunicación; atrás también, los agravios y las alianzas que de aquellas resultaron, relevantes sólo para protagonistas y beneficiarios directos.

Aunque aún falta tiempo para el inicio oficial de las campañas políticas, es un hecho que los candidatos acelerarán el ritmo de los últimos meses. Es hora entonces de dar paso al concurso de las propuestas de cada uno, a la competencia de las ideas, al análisis profundo de los rezagos sociales y a la discusión seria sobre las maneras concretas de atacarlos. Debe ser momento para la exposición pública, no sólo de los dos aspirantes, sino también de quienes formarán parte de sus gabinetes.

Esos son, al menos, requisitos esenciales que el Código Electoral guerrerense establece para las campañas: “Propiciar la exposición, desarrollo y discusión ante el electorado de los programas y acciones fijados…”, precisando mas adelante, “…así como para el análisis de los temas de interés estatal y su posición ante ellos”. (Código Electoral del Estado de Guerrero, libro quinto del proceso electoral, título segundo, capítulo II, de las campañas electorales, página 111)

Es decir, que la parafernalia propagandística de cada partido y candidato, así como sus discursos y promesas de campaña, deben servir para la difusión de la plataforma política que presentaron al momento de registrarse. Se trata de detallar sus planteamientos generales, de especificar lo que sus documentos plantean apenas como enunciados.

Aunque el código no considera sanciones en caso de incumplimiento, existe una obligación ética, especialmente en una nación que transita apenas por la inestable vereda que lleva a la consolidación democrática. Aunque no haya castigo para candidatos y partidos, es posible obligarlos a cumplir, se puede auditar diariamente su desempeño.

Dos instituciones tienen la responsabilidad y el derecho de hacerlo: la prensa y la sociedad civil. Pero ellas tampoco cumplen siempre con sus responsabilidades político-electorales.

La primera, la prensa, ha eludido hasta ahora la parte que le corresponde en la transicion democrática nacional. Oronda, presume satisfecha su ejercicio vigoroso de una libertad de expresión sin precedentes, aunque esa conquista haya sido logro de muchos más.

Autocomplaciente, olvida cumplir sus obligaciones con la sociedad. En lugar de investigar, informar, explicar, traducir y denunciar los asuntos que deveras afectan e interesan a los ciudadanos; prefiere lucrar con los escandalos de nuestros politicos y con el morbo que producen en sus lectores y audiencias. Critica el bajo nivel de la politica mexicana, pero en sus páginas y espacios da resonancia a sus anécdotas más pedestres.

La segunda, la sociedad civil, sobre todo las clases medias urbanas, deja que la indolencia y la apatia, disfrazadas de repudio crítico, le impida vigilar el desempeño de sus gobernantes e influir y opinar sobre sus acciones y proyectos. Demuestra que sabe movilizarse cuando siente miedo pero, por ese mismo temor, se niega a denunciar, exigir, comprometerse y alzar la voz cuando sabe que es necesario.

Autocomplaciente también, rechaza y desacredita todo y a todos los que hacen política, desde la trinchera anónima de una sobremesa o un café, pero es incapaz de comprometerse en serio, sobre todo cuando los conflictos están lejos de su patio trasero.

En fin, ese es el contexto general (hay excepciones) en el que los guerrerenses enfrentaremos las campañas de los candidatos a la gubernatura. De ellos, de los candidatos y sus partidos, pero también de la prensa y de los ciudadanos depende el nivel y relevancia de lo que evaluaremos en los próximos meses. De todos depende que el proceso electoral deje de ser un mero trámite, un duelo privado al que no estamos invitados. Es un buen momento.

Y lo es porque por primera vez ninguno de los adversarios tiene asegurada la victoria, porque para ganar necesitan votos, muchos más de los que sus estructuras ofrecen, porque sienten como nunca antes la mirada crítica e impaciente de la sociedad.

Pero también porque Guerrero demanda con urgencia gobiernos y gobernantes que demuestren fuerza, decisión, integridad, honradez e imaginación a la hora de representar a su pueblo. Porque de lo contrario, la imagen de nuestra realidad dentro de seis años será peligrosamente incierta, volátil, riesgosa.

Pero no se trata de sumergirnos en el desánimo. Por el contrario, la coyuntura debe obligarnos a esforzarnos, a vencer letargos y luchar para que nuestro próximo gobernador, cualquiera que sea su nombre y color, tenga el mandato y el respaldo suficientes para que sea capaz de derrotar inercias y reivindique la utilidad de la política.

Por lo pronto, yo ya tengo algunas preguntas y peticiones concretas para los candidatos para la próxima entrega.

 [email protected]

468 ad