Jaime Salazar Adame
Guerreros
I
El marketing político descansa por un lado en las encuestas y por otro en la buena fama o crédito público del precandidato o de su programa, tal estrategia está haciendo que cada uno de los aspirantes a la gubernatura estatal genere en la opinión pública un proyecto político que en síntesis se sustenta en el cambio. Aquí lo sustancial es la distinción que el electorado cada vez más maduro haga acerca ¿del hacia donde o él para qué del cambio?
Algunas acciones de la promoción del cambio están más cerca del escándalo político que de la mudanza, pues su dinámica no está solamente en aparecer más en los periódicos o tener más audiencia en los noticieros radiofónicos o televisivos del promovente, el objetivo principal es la eliminación o descrédito político de una persona o de una agrupación política en la preferencia electoral, y en este sentido es como se configura al escándalo y si es en vivo y en directo que mejor.
Un apoyo externo bienvenido a la causa siempre es la información directa, la réplica, la contrarréplica y en caliente que los contendientes puedan brindar a través de la radiodifusión y otros canales publicitarios porque el escándalo es una guerra larga, de posiciones y en tal situación importa tanto la munición de reserva como los movimientos estratégicos para mirar si es posible el lograr la derrota anticipada.
II
Parecida en algún sentido fue la estrategia de combate que aplicó el virrey Juan Ruiz de Apodaca a Vicente Guerrero, cuando allá por el lejano año de 1818 lo citó para que recibiera a un emisario de paz y ofreciéndole el indulto al propio padre de Guerrero, se comprometiera a deponer las armas, pero el caudillo suriano inflexible se negó a hacerlo a través de maniobra tan sutil pero igualmente perjudicial para la causa superior del cambio político en Nueva España.
Entonces Ruiz de Apodaca reunió todas las fuerzas de que podía disponer y las puso a los mandos de Agustín de Iturbide, quien el 16 de noviembre de 1820 salió de la capital mexicana para combatir a Guerrero; varias veces se enfrentaron Guerrero e Iturbide pero siempre triunfó el primero.
Iturbide comprendió que jamás vencería a sus enemigos por lo que cambió de táctica; le envió una carta en la que le exponía sus propósitos de Independencia. A ella contestó el valiente insurgente: “He satisfecho el contenido de la carta de usted, porque así lo exige mi crianza, y le repito, que todo lo que no sea concerniente a la total Independencia, lo demás, lo disputaremos en el campo de batalla.”
Iturbide en otra carta fechada el 14 de febrero de 1821 lo invitó por segunda vez para que se entrevistaran en la ciudad de Chilpancingo y acordara la Independencia de México. Guerrero, un gran soldado, pero poco sagaz en el campo de la política, cayó fácilmente en la trampa tendida por el ambicioso Iturbide; así concurrió al famoso “abrazo de Judas”, es decir, al “abrazo de Acatempan” donde ambos jefes sellaron el acuerdo que más tarde se trocarían en la firma del Plan de Iguala que pondría fin a la Guerra de Independencia.
El 27 de septiembre de 1821 los ejércitos realista e insurgente agrupados en el llamado Ejército Trigarante o de las Tres garantías en número de 16 mil hombres desfilaron triunfantes en la ciudad de México.
Guerrero fue designado mariscal de campo, capitán general y jefe político superior de la provincia del Sur; puso sus armas al servicio del gobierno constituido, pero cuando Iturbide se hizo proclamar emperador de México, se distanció de él como todos los antiguos insurgentes que lucharon fielmente por la causa libertaria. Al ser lanzado el Plan de Casamata para derrocar a Iturbide, Guerrero se adhirió a él siendo derrotado por lo iturbidistas en la batalla de Almolonga resultando herido seriamente.
Después del derrocamiento y muerte de Iturbide, al terminar el período presidencial de don Guadalupe Victoria, Guerrero fue elegido presidente de la República, puesto que ocupó del 1º de abril de 1829 al 17 de diciembre del mismo año en que fue depuesto.
Se retiró al Sur y se mantuvo en armas hasta 1830. Ocupó la primar magistratura el general Anastasio Bustamante por acuerdo del Congreso de la Unión y el general Antonio Facio fue nombrado ministro de Guerra; éste en unión de los enemigos de Guerrero se puso de acuerdo con el capitán italiano Francisco Picaluga, comandante del buque sardo Colombo, para que aprovechándose la confianza y la amistad que tenía con Guerrero y mediante el pago de 50 mil pesos lo aprendieran y entregaron prisionero. Lo invitó a comer a bordo de su navío que se encontraba anclado en Acapulco y apenas había terminado de comer, el mercenario ordenó levar anclas e hizo preso a su invitado. Lo entregó al gobierno el 25 de enero de 1831 en Huatulco.
Recibido por el capitán Miguel González, Guerrero fue procesado y conducido a Oaxaca acusado del delito de rebelión; su proceso fue una farsa pues la sentencia de muerte que era lo que deseaban sus enemigos no se hizo esperar; fue fusilado en Cuilapan de León, Oaxaca, el 14 de febrero de 1831 terminando a sí la vida de este brillante caudillo de la Independencia de México. Había nacido el 9 de agosto de 1783 en Tixtla hoy de Guerrero.




