Jaime Castrejón Diez
Medios y política
Estamos viviendo una elección muy diferente a las anteriores, y ya hace 12 años la candidatura presidencial había empezado a pelearse más en los medios que en los mítines abiertos. Había más preocupación por el mensaje televisivo que realmente por las proposiciones y proyectos para un posible gobierno.
El efecto que estamos viendo desarrollarse en las campañas a través de los medios y el famoso debate que resulto un no-debate, se trata de una práctica que tiene sus origenes en un verdadero debate que decidió formalmente una elección, el de John Kennedy y Richard Nixon en 1960. Este evento vino a transformar la forma de pelear las candidaturas, al grado que ahora aún las precandidaturas y las gubernaturas buscan su legitimación en el debate televisivo, porque es lo que más penetra en la sociedad.
Ya en 1967 Marshall McLuhan había publicado su famosa frase “el mensaje es el medio”. Esto había aparecido en 1962, primero en una introducción a uno de sus libros, pero después de 1987 empezó a verse que realmente no importaba lo que se dijera, el medio que lo transmitía era lo que le daba fuerza al contenido, es decir el poder de las estaciones que televisaran los debates y los spots venían a ser tan importantes como el mensaje mismo. Es decir, una reducción al absurdum de la política a un mensaje televisivo. Es por eso que muchos políticos y analistas consideran que el papel de los medios, especialmente la televisión se ha convertido en un verdadero factotum en la política del mundo.
Es por eso que en 1976 Bruce Herschersohn publicó un libro que se llamaba Gods of the antena (Los dioses de la antena) que analizaba la evolución que habían tenido las campañas políticas a través de los medios desde el debate de Nixon y Kennedy. Dándole un papel de mayor importancia al medio que hasta a los mismos candidatos.
En la actualidad estamos viendo que no es el debate; el debate fue de muy baja calidad, sino los medios televisivos los que empiezan a tomar una gran fuerza convirtiéndose realmente no en los portadores del mensaje, como se pensaba al principio en los sesentas, sino el medio mismo. Es por eso que empieza a haber reacciones un poco difíciles de entender como las marchas no programadas por los políticos, haciendolos a un lado y tomando nuevamente, como en tantas ocasiones, una iniciativa. Los estudiantes que en cierta forma no han vivido la evolución de la política y naturalmente que su reacción es de no comprender el porqué la política está reducida a una batalla de medios. Es por eso que han cuestionado las formas de hacer campañas sin un mensaje claro de cambio social.
Es por esta razón que los medios casi han entronizado en forma adelantada el resultado de la elección, tomando como vencedor a Enrique Peña Nieto desde dos meses antes de la elección. Esto ha despertado un sentimiento anti Peña Nieto que no va de acuerdo con lo que su campaña y sus consejeros han orientado para atraer el voto. El ser tan favorito ha despertado un sentimiento anti PRI que utiliza el argumento de que habrá una restauración automática del autoritarismo del gobierno al estilo del viejo PRI dentro de los partidos políticos y sobre todo en el Poder Legislativo. Estamos viendo ciertos anacronismos, después de las luchas de los años setentas, del 68 al fin de los 70, empezamos a ver nuevamente este deseo de ganar la calle, cuando en realidad la lucha política se está dando en los medios.
Esto significa dos cosas: uno, el agotamiento de los partidos y el usufructo de la actividad política por los medios de comunicación, especialmente los electrónicos. De esta manera estamos viendo que los partidos han llegado al fin de su utilidad. Hace algunos años, en los años fin de los 80, el Congreso de la Unión dio el poder a los partidos políticos haciendo necesario que los registros de candidaturas tenían que ser a través de esas instituciones. Este monopolio de los puestos de elección popular ha llegado a su extremo y naturalmente están condenados a sucumbir. Si los partidos han dejado de ser los instrumentos idóneos para los personajes políticos y el mensaje sigue siendo el medio, va a llegar el momento en que no habrá necesidad de precampañas políticas sino solamente un mensaje bien articulado a través de los medios para hacer que el elector automáticamente acepte las proposiciones que da el medio, más que el mensaje.
Un nuevo factor ha aparecido en esta campaña, el papel de las redes sociales, que por un lado democratizan el proceso y por otro establecen condiciones de anonimato y crean una anarquía que tampoco lleva a una sociedad democrática. Es claro que se necesita un cambio de reglas tanto para los medios como para los partidos políticos.
* Por un error de comunicación esté artículo no se publicó en la edición de ayer como correspondía. Ofrecemos disculpas al autor y a los lectores.




