Anituy Rebolledo Ayerdi
El palacio de las transas…
y los alcaldes que lo ocuparon durante el siglo XX
Venta y reventa
La primera transa se consuma con un avalúo amañado de un antiguo inmueble que hacía las veces de Casa Municipal y con cuyo producto se pretendía comprar el terreno dónde edificar, en 1888, un palacio municipal digno de Acapulco.
Una segunda se dará casi cien años más tarde. Cuando en una sospechosa venta nocturna, sin autorización por supuesto del Congreso local, la sede de los poderes municipales pase a manos de la Capama (¿lo del agua al agua?), sin conocerse el cómo, el por qué, el para qué, el cuánto y el dónde (habrían quedado los millones de la transa-acción)
Un ayuntamiento de los setenta comparará los terrenos sobre la plaza Alvarez necesarios para bajar las escalinatas del palacio municipal hasta el Zócalo. El alcalde que le siga venderá esos mismos terrenos y un tercero deberá comprarlos de nuevo para ejecutar obra, frinalmente. Hoy mismo la historia se repite pero al revés. El ayuntamiento de López Rosas le compra ahora mismo el palacio municipal a la Capama sin conocerse tampoco ninguno de los porqués arriba subrayados.
Alcalde mayor
El virrey don Antonio de Mendoza designa a don Pedro Pacheco como primer Alcalde Mayor de Acapulco, el 12 de marzo de 1550, con haberes anuales de cien pesos en “oro corriente”. Junto con él se nombra al señor Juan de Castroverde para portar la “vara de justicia”, encargado por tanto de ejecutar los mandamientos de la primera autoridad. Ambos se instalan en un inmueble de adobe y teja habilitado como Casa Municipal y cuya localización actual podrían ser las oficinas del Registro Público de la Propiedad.
La parroquia de nuestra Señora de los Reyes (hoy de la Soledad), cuando se construya en 1851, será el eje de la traza acapulqueña. Formará con la Casa Municipal y la plaza de Armas (hoy Alvarez) el primer cuadrante de Acapulco. No otra cosa que un villorrio formado escasamente por el espacio descrito y dos barrios. El de La Poza, al que se llega por el callejón Salsipuedes (hoy calle de la Quebrada), y el de El Rincón (hoy de La Playa).
Medio siglo más tarde, sobre una loma localizada atrás de la parroquia, se construye un convento franciscano para formar misioneros destinados al Oriente. Funcionará hasta el estallido de la revolución de independencia, tocándole al cura Morelos habilitarlo como hospital durante sus beligerantes visitas al puerto.
Don Antonio Pintos
Aquél espacio ruinoso se presenta para don Antonio Pintos Sierra como ideal para edificar el palacio municipal demandado por la modernidad. Ha sido nombrado alcalde de Acapulco por acuerdo del propio presidente Porfirio Díaz y ello hace que se faciliten mucho las cosas. Su primera decisión será vender la Casa Municipal para obtener recursos con los cuales iniciar su obra magna, ordenando para ello los avalúos pertinentes.
Los peritos José María Guadarrama y Maximino Cruz se acogen a una opción de la convocatoria sobre un avalúo único. Tres mil pesos cerrados, vale para ellos la vieja casona.
Pintos Sierra tenía para entonces en sus manos la anuencia del gobernador Francisco O. Arce para consumar la operación. El mismo personaje que construye ingeniosamente el compuesto Arcelia con su apellido y el nombre Celia de su esposa, con el que bautiza un municipio de la entidad.
Los “servicios de inteligencia” del señor presidente municipal, en realidad vendedoras de gollorías, caimitos y charamuscas, le llevan muy temprano la voz de la calle. “Que el avalúo está inflado”. “Que el jacalón no vale arriba de 850 pesos”. Y más.
Preocupado, el presidente municipal acordará un nuevo peritaje pero ahora lo exige muydetallado.
Otra transa
Los nuevos peritos empiezan por las medidas y colindancias de la casona: 13.5 varas por el lado oriente (edificio Pintos); 19.5 por el poniente (costado de la parroquia) y 48.5 varas de fondo. El valor del predio, considerando sobre todo su ubicación privilegiada, alcanzará finalmente los dos mil 150 pesos , con lo cual quedará evidenciada la transa.
Con todo y la rebaja de 850 pesos, ¿quién disponía en Acapulco de una cantidad semejante que no fueran las tres casas españolas? Vendrá una puja transada (por supuesto) para que una de ellas –B. Fernández y Cía.–, se quede con la Casa Municipal por 3 mil 400 pesos.
Chivos
El coronel José María Lopetegui y el ingeniero F. Loyo, son víctimas del sarcasmo de sus amigos por haber aceptado lotes del Ayuntamiento para poblar el cerro de La Quebrada. La casita del primero está a la altura de la hoy Administración Fiscal y la del segundo por el actual hotel El Faro. Allí conviven con alimañas e incluso con jaguares.
–¿Qué, me ves cara de chivo, cabrón?– será una respuesta común frente a la oferta de terrenos en aquél u otro despoblado.
Incluso, 25 años más tarde Carlos Barnard soportará risas burlonas cuando baje al mercado montado en un pollino pardo. Así, mientras los acapulqueños se mofan de su fingida excentricidad, el visionario tamaulipeco se apoderará día a día de La Quebrada para colgar de ella su famoso hotel El Mirador.
Nuevo palacio
Alguien calculó mal o quien sabe que pasó pero el terreno para el nuevo palacio municipal nomás no dá (¿transa?). Será pues necesario adquirir dos lotes más sobre la calle Independencia. Pertenecen a doña Elisa Sutter de Link y a don Guillermo Balboa, quienes piden mil 800 pesos por los dos. ¿Con qué ojos, divina tuerta? El síndico Ignacio Fernández se encargará de conseguir la suma con las casas B. Fernández y Cía. y Uruñuela y Cía. Los vendedores, gente toda decencia, no objetarán cuando reciban viles billetes de banco en lugar de monedas de plata, según estaba convenido. Una transa menor.
El alcalde Pintos Sierra consuma finalmente su proyecto y Acapulco recibe el nuevo siglo con un flamante Palacio Municipal . Un caserón de adobe con techumbre de teja de dos aguas y largos corredores exteriores con columnas dóricas, jardines al frente y amplio patio interior. Será centro de la vida política, social y económica de Acapulco por más de medio siglo.
Los alcaldes
Allí despacharán los cabildos encabezados por los siguientes presidentes municipales constitucionales y algunos no tanto. Estos: Antonio Pintos Sierra, Antonio Butrón Ríos, Nicolás Uruñuela, J. de Jesús Nieto, Samuel Muñúzuri, Gilberto J. Martínez, Rosendo Pintos Lacunza, Juan H. Luz, Juan R. Escudero, Eduardo Herrera, Jesús A. Leyva, Heriberto Tapia, Miguel Barrera, Manuel López López, Angel P. Olea, Enrique Lobato, Nicolás Reyes, Carlos E. Adame, Efrén Villalvazo y Eduardo Estrada. Agustín Flores, Baltasar Hernández Juárez, Domingo Cuevas, José Flores Díaz, Vicente Peralta y Elpidio Rosales (todos ellos con mandato de únicamente un año).
Cubrirán periodos de dos años: Enrique Lobato, José Ventura Neri, Alfonso Miranda, Antonio del Valle Garzón e Ismael Valverde. Este habilitará como palacio municipal un mercado construido por él mismo (hoy Capama), una vez que el viejo caserón se declare inhabitable por los sismos. Allí, también, Donato Miranda Fonseca, Efrén Villalvazo y Luis Martínez Cabañas.
Mario Romero Lopetegui (el primero de tres años) Jorge Joseph Piedra, Alfonso Villalvazo, Canuto Nogueda Radilla, Ricardo Morlet Sutter, Martín Heredia Merckley e Israel Nogueda Otero.
Este último levantará sobre aquel primer palacio de adobe y teja uno redondo y modernista (1969) y ahí despacharán su interino Antonio Trani Zapata, Israel Hernández Ramos, Ismael Andraca Navarrete, sustituido a su muerte por Virgilio Gómez Moharro, Febronio Díaz Figueroa, Amín Zarur Ménez, Alfonso Argudín Alcaraz, Israel Soberanis Nogueda cuya trienio concluirá también Gómez Moharro.
¿Aún hay más?
El alcalde Trani Zapata adquirirá de un banco y particulares los terrenos del Zócalo (hoy Servicios Públicos Municipales y Registro Público de la Propiedad), para poder bajar las escalinatas de palacio hasta el Zócalo.
El almirante Alfonso Argudín intentará consolidar el proyecto inicial del arquitecto Emilio Pineda Gómezcaña, consistente en dos torres para oficinas en la parte posterior del redondel. Adquirirá para ello las casas aledañas convirtiendo los espacios en estacionamiento cuando no pueda consumarlo.
–¡No la chingues! –estalla el Almirante cuando un funcionario le informa que deberán comprarse también los terrenos del Zócalo. –¡Que no te quieran ver la cara de pendejo, esos ya los pagó Toño Trani, él mismo me lo dijo! –precisa contundente el jefe naval.
Es verdad, señor, pero los vendió el Ayuntamiento de Gómez Moharro.
–¡Vive Dios! –exclama el marino aferrándose al respaldo del sillón presidencial como si tratara del timón de su barco. –Ni modo, hay que comprarlos de nuevo, –ordenará cuando se le acomode la sangre en el cuerpo.
En su segundo interinato, supliendo esta vez a Israel Soberanis, Gómez Moharro construirá un nuevo palacio municipal en terrenos transados al Parque Papagayo. Allí despacharán René Juárez Cisneros, Antonio Pizá Soberanis, Rogelio de la O Almazán, Juan Salgado Tenorio, Manuel Añorve Baños, Ana María Castilleja Mendieta, Zeferino Torreblanca Galindo y hoy Alberto Lopez Rosas.
Más transas en el próximo palacio municipal.




