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La Casa que Canta sólo tiene 28 suites y una residencia privada

Es un hotel de categoría Especial que cobra de 615 a 745 dólares por una noche

La Casa que Canta es un hotel de categoría Especial, tan exclusivo que sólo cuenta con 28 suites, una residencia privada, y no acepta familias con menores de 16 años.

Hospedarse en este hotel –que tiene su principal nicho de mercado en el turismo extranjero y en particular en el segmento de las lunas de miel– cuesta hasta 615 dólares por noche en la Master Suite con alberca en el interior de la habitación, equivalentes a casi 7 mil pesos.

En el penthouse de la residencia privada El Murmullo, el huésped tendrá que pagar 745 dólares por una noche, según se anuncia en Internet, en cuya página ya destaca el reconocimiento que le hicieron los lectores de Travel + Leisure, la revista especializada muy conocida en el sector turístico del mundo.

Además de la Master Suite, existen las habitaciones Suite terraza, Grand suite, y la Special Master Suite.

De acuerdo con la información que difunde en Internet, todas las habitaciones de La Casa que Canta tienen vista al mar. Ubicado en el Camino Escénico a playa La Ropa, cuenta con dos albercas, una de agua salada.

Tiene un exclusivo restaurante, que durante la mayor parte del día es sólo para los huéspedes, y se abre al público en general después de las 6 de la tarde.

Hay un Centro de Bienestar –como llama el hotel a su Spa– donde se ofrecen masajes y tratamientos corporales. Además, cuenta con una galería de artesanías de diversos estados del país.

El hotel está construido con materiales distintivos de la costa, como el adobe, la terracota y la palapa. Una característica del hotel es que en casi toda su construcción destaca el palo de Brasil. Incluso en algunas áreas del hotel el piso es de esta madera.

Además de que se distingue por su privacidad, La Casa que Canta ofrece un concepto para parejas “como que muy romántico”, dijo para El Sur la gerente de Reservaciones y Ventas, Luisa Sánchez.

Sobre la exclusividad del hotel, existen comentarios en el sentido de que incluso es necesario hacer una reservación hasta con un año de anticipación. Al respecto, la ejecutiva de la hospedería precisó que aunque no es una política, así ocurre debido al número de habitaciones con las que cuentan.

“Antes teníamos 24 habitaciones, entonces era más apretado, pero para nosotros la temporada alta es de diciembre a mediados de marzo”, cuando llega a Zihuatanejo el turismo extranjero, indicó.

Una restricción que sí es política en La Casa que Canta, es que no se acepta a menores de 16 años. Además de que esto se hace para cuidar el concepto de la privacidad y lo romántico, aceptar niños “sería peligroso” porque todas las suites están sobre un acantilado que da hacia el mar, explicó la gerente de Reservaciones.

 

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