Jaime Salazar Adame
Trasparencias
Nada es verdad ni mentira, todo es según el color del cristal con que se mira, establece la sentencia del poeta y pensador de lo relativo, será por eso que desde que clamamos a Dios por tiempos mejores disponemos de cielos despejados y no obstante nos castiga un torrencial bíblico, aunque el azote que nos hiere es el de una información total que pretende ser política, lo cual constituye ya una reducción notable.
La perspectiva que da el tiempo nos hará conocer los pecados reales de la clase política que trata de influir más que de informar sobre la vida pública de nuestra entidad y del país en general.
Los escándalos políticos que hace un buen tiempo nos vienen amagando y entreteniendo en el Congreso local tienen que ver con la sucesión gubernamental en Guerrero, lo que sucede en el país, y que pasa necesariamente por los partidos políticos y sus principales protagonistas, léase precandidatos, candidatos, dirigentes y los adelantados para la sucesión del año 2011.
Lo antes mencionado también es en beneficio de los intereses políticos y personales de quienes, seguros de su impunidad, manejan la información y los acontecimientos a su libre conveniencia. Es el caso del alcalde que amagó con renunciar al puesto de elección que le dio el pueblo de Acapulco y que pretendió convertir en tabla de presión para disuadir una acción legal que se ventila en la Cámara de Diputados contra el jefe de Gobierno del Distrito Federal.
En tales casos el fin no justifica los medios porque tras objetivos aparentemente nobles suelen ocultarse intereses que no son nobles en absoluto al encubrir tras ellos el cálculo político, porque se trata de que la transparencia que tiene por objeto a las personas públicas sea un ejercicio de honestidad normal y cotidiano, que compete a los servidores de los tres niveles de gobierno, en quienes en la mayoría de los casos brilla por su ausencia.
Lamentablemente la mayor embestida ocasionada a la credibilidad de la política y de los políticos se ha producido a causa de la corrupción, ésta ha atacado la raíz misma de la política, poniendo en tela de juicio la decencia y, por tanto, la legitimidad de los partidos. La nuestra es una democracia representativa, es decir, una democracia de partidos, a la que la corrupción ha atacado en su crédito moral porque ha sido a través de la financiación irregular de éstos y valga decir de las precampañas políticas como aquella ha entrado a las instituciones públicas, por decir lo menos.
Las recientes sanciones para los partidos dejan muy en claro que ninguno queda libre de culpa. Se ha pretendido que las piedras caigan exclusivamente sobre un tejado, tal situación anunciaría males mayores en los escasos resultados electorales, entonces, es de esperarse que los líderes y gobernantes hayan aprendido la lección, pero lo dudo como dice una conmovedora canción.
Lo que si podemos afirmar es que nuestra sociedad globalizada ha aumentado enormemente nuestras posibilidades de elección como consumidores, porque podemos ir al supermercado a escoger entre cientos de productos o hacerlo a través de Internet por todo el globo terráqueo, pero, en sentido contrario, han ido disminuyendo las que tenemos como ciudadanos. Simplemente ahora, al interior del PRD, los electores tenemos que dar la batalla para vencer al PRI, votando por Zeferino Torreblanca, con el respeto que nos merecen Félix Salgado Macedonio y Ángel Pérez Palacios.
Todo se halla en los últimos toques para que la decisión ciudadana se confirme y arribe al escenario político más competitivo el discurso que se atreve a imaginar otra sociedad, otra distribución del poder, otro horizonte para Guerrero.




