Florentino Cruz
Voto por la paz en Colombia
(Tercera y última parte)
La violencia delincuencial. Con el auge del narcotráfico y el ingreso de impresionantes cantidades de dinero al país, fueron creándose las condiciones para la aparición de nuevas formas de violencia, éstas originariamente no vinculadas a razones políticas, pero que en el marco de las múltiples intencionalidades de diálogo, permitió en más de una ocasión que gente como Pablo Escobar enarbolando causas políticas, llegara incluso a ser representante popular suplente –Escobar asistió como parte de la delegación colombiana a la toma de posesión de Felipe González en España–; además de plantear bajo el esquema de los llamados extraditables, que en los procesos de diálogo con los grupos guerrilleros debería incorporarse a los grandes jefes del narco a la negociación, en el entendido de que ellos también eran parte del conflicto colombiano.
Una forma particular y extremadamente grave de la violencia la constituyen los llamados paramilitares; estos son una especie de federación de bandas delincuenciales, originalmente financiados por los grandes propietarios rurales y los narcotraficantes, que crearon verdaderos ejércitos para el combate y la guerra sucia contra la guerrilla, todo bajo el auspicio y respaldo del ejército colombiano.
Con la aparición de Fidel Castaño, el fenómeno del paramilitarismo adquiere una dimensión distinta: no se conforman ya con ser financiados por los ganaderos y narcotraficantes, ellos mismos pasan a eliminar a sus otrora patrones y se convierten en propietarios de enormes extensiones de tierra y ganado, además de controlar el cultivo, la transformación y la exportación de cocaína a gran escala.
La desaparición de Fidel Castaño permite que su hermano Carlos Castaño asuma la conducción y unifique bajo su mando esa especie de federación de bandidos que tiene presencia en la mayor parte del territorio colombiano, en lo que se conoce como las Autodefensas Unidas de Colombia (AUC); la presencia de los paramilitares va asociada al asesinato masivo de pobladores, al despoblamiento de grandes zonas de las cuales se apropian, al asesinato de personas relacionadas real o accidentalmente con estructuras de la guerrilla o familiares y la disputa de las zonas de mayor concentración de cultivos de narcóticos, que es ahora la base principal de su financiamiento.
En un evento poco claro Carlos Castaño renuncia a la comandancia de las AUC, generando una regionalización de las estructuras de dirección, que acuerdan hacerse responsables sólo de los actos realizados por las fuerzas bajo su mando; esto significa de nueva cuenta una dispersión que dificulta aún más la posibilidad de un entendimiento del gobierno con los paramilitares, en virtud de que hay fuerzas proclives a la búsqueda del acuerdo y otras reticentes. A lo anterior debe adicionarse la desaparición de Carlos Castaño hace pocos días, desconociéndose si se entregó al ejército o fue asesinado; además de que algunas organizaciones de las autodefensas han iniciado un proceso de concentración de sus fuerzas bajo la protección del gobierno en lo que parece ser un acuerdo limitado parecido quizá a una amnistía.
El deseable diálogo entre el ELN y el gobierno. Enorme es la cantidad de factores que influyen en la toma de decisión de los actores para iniciar un proceso de diálogo y negociación: la comprensión de las partes de la imposibilidad del triunfo militar sobre el adversario, la sensación de hartazgo y rechazo de la sociedad, los costos extremadamente elevados de continuar el conflicto, el relevo de las dirigencias que traen nuevas percepciones y referencias del origen del conflicto y su estado de cosas, la percepción por una de las partes de que en una buena negociación se puede conseguir mucho del programa estratégico, la presión internacional, la demostración evidente de que la marcha social por sí misma va abriendo espacios de naturaleza política y económica que aparecían como estratégicos en el programa máximo, los reacomodos en el bloque dominante de gobierno, la disminución de la fuerza de los militares y el acrecentamiento del poder de la institución presidencial, son algunas de las variables que hacen presencia en las regiones de agudos conflictos armados y que contribuyen a la decisión de buscar una vía alternativa a la de las armas.
Nunca se tiene con absoluta precisión el conocimiento de una situación global de una región en conflicto, ni cuáles de los factores enunciados tienen preponderancia, lo importante es que dos de los múltiples actores de la violencia en Colombia hoy tienen disposición de iniciar el camino del diálogo para encontrar acuerdos que conduzcan a la paz; una paz que necesariamente será incompleta en virtud de que quedan fuera de estos diálogos actores decisivos como las FARC y la mayoría de las fuerzas paramilitares.
La iniciativa de construir acuerdos que conduzcan a la incorporación a la vida civil de los mandos y tropas del ELN –calculadas en 4 mil hombres en armas–, significa un importante aporte a la posibilidad de paz global en Colombia; por esa razón todos los ciudadanos de vocación democrática debemos no sólo aplaudir el inicio de estos diálogos, sino tener la disposición de contribuir de forma más activa para crear un clima internacional altamente favorable al diálogo y los acuerdos.
Una tema delicado y definitivamente hasta ahora rechazado por la insurgencia revolucionaria ha sido la intención de incluir en los diálogos en igualdad de circunstancias a los grupos paramilitares, dada su autoría en miles de asesinatos en contra de la población civil, su accionar absolutamente delincuencial y su innegable participación en acciones de guerra sucia y de violación a gran escala de derechos fundamentales.
Joaquín Villalobos, ex comandante de la insurgencia salvadoreña, en opinión sobre el conflicto colombiano ha expresado que si se aspira a la construcción de la paz en Colombia, las negociaciones tienen que incluir a todos los agentes de la violencia; excluir a alguno de ellos aún con los argumentos más válidos, condena a que el proceso sea incompleto y a mantener un conflicto pequeño o latente en un principio, pero que la tierra de la cumbia y el vallenato ha demostrado que tiene los elementos para acrecentarlos de manera acelerada.
De aquí el deseo más sincero por el éxito de este incipiente proceso y la confianza de que el facilitador mexicano don Andrés Valencia muy pronto, con su esfuerzo, imparcialidad y sabiduría, deje de serlo para convertirse en un mediador estratégico con iniciativa y legitimidad suficientes para el logro exitoso de su encomienda.




