Va Nicolás de Jesús de artista a activista en Europa por la barbarie en Iguala
Aprovecha su estancia en París para ofrecer pláticas e informar de la lucha de los normalistas de Ayotzinapa
Carlos Navarrete
Chilpancingo
El pintor nahua Nicolás de Jesús, oriundo de Ameyaltepec, en el municipio de Eduardo Neri, estaba en París cuando se enteró de que en Iguala estudiantes de la Normal Rural Raúl Isidro Burgos de Ayotzinapa fueron atacados a balazos por policías municipales al servicio del narco. Hoy 43 de ellos están desaparecidos.
La jornada violenta en Iguala se produjo la noche del viernes 26 de septiembre; Nicolás de Jesús se enteró de ello dos días después, cuando en la ciudad de París promocionaba un libro de su autoría, editado en Alemania, en el que aborda su vida y su arte, que él mismo denomina “arte de conciencia”.
Tres noches de insomnio después, se reunió con intelectuales europeos para emprender una tarea complicada: informarle al mundo lo que sucedía en esa pequeña ciudad de un país colapsado por la delincuencia organizada y la corrupción de los partidos políticos y sus autoridades.
Tenía que difundir en las entrañas de Europa y Estados Unidos que en Iguala, municipio de la región Norte de Guerrero, hijos de campesinos, indígenas su mayoría, fueron masacrados después de botear y apoderarse de tres camiones que utilizarían para viajar a la ciudad de México y participar en una marcha en la que se conmemoraría otra masacre perpetrada contra estudiantes en 1968; la de Tlatelolco.
En una visita que realizó a la Redacción de El Sur, el artista nahua, de 54 años de edad, contó sobre la campaña de difusión que emprendió con ayuda de historiadores y activistas europeos a fin de que el asesinato de tres normalistas, un niño futbolista y dos civiles, junto a la desaparición masiva de estudiantes hiciera eco en varios países y evitar de esta forma que el gobierno mexicano ocultara la información, como sucedió en el 68 con el priista Gustavo Díaz Ordaz.
Nicolás de Jesús ha dedicado toda su vida a la pintura. Sus padres, Pablo y Petra, le contagiaron el gusto por el arte. También encontró ahí, en sus pinturas, una forma de expresar su dolor ante las injusticias.
En 1976 su padre fue ejecutado a balazos en Iguala cuando él tenía 16 años. El asesino quedó libre gracias a la complicidad de las autoridades. Desde entonces sus obras se enfocan a la crítica social y política; refleja en ellas su repudio a las injusticias contra los campesinos y la gente pobre. Utilizó su dolor para hacer conciencia.
–¿Hace de sus pinturas una crítica social?
–Siempre ha sido muy importante para mí el mensaje político y social, me gustaría que la gente despertara, porque por algo está en esa situación de desigualdad, de abuso. Está en nosotros permitirlo o no permitirlo. Creo que a través del arte me curaba de estos resentimientos, porque uno se envenena cuando le pasa algo.
Explicó que cuando se enteró de la ejecución de las seis personas en Iguala, entre ellos tres estudiantes (uno desollado vivo) y la desaparición de 43 más, asumió la responsabilidad personal de hacer algo para ayudar a la causa, sin embargo, al encontrarse lejos de su país natal le ganó la desesperación ante la impotencia causada por la distancia. No durmió durante tres noches.
En 2008, Nicolás de Jesús pintó el mural Por la libre expresión de la conciencia, en la normal de Ayotzinapa. Dos años después, realizó ahí mismo otra obra en la que se lee la frase “A la memoria de Alexis y Gabriel. Su lucha nos elevará la conciencia para lograr sentir el amor hacia la libertad del pueblo”. Se trata de los dos estudiantes ejecutados extrajudicialmente sobre la Autopista del Sol el 12 de diciembre del 2011 durante un desalojo fallido.
Tres noches más tarde de los trágicos hechos, tuvo los primeros acercamientos con historiadores y activistas europeos para abordar el caso.
Su primer contaco fue con Ivon Lebot, sociólogo e historiador francés, quien lo reunió con varios activistas europeos que reclaman el respeto a los derechos de los pueblos indígenas y que ya sabían sobre el atentado contra los estudiantes.
En esa reunión él les informó de la situación que se vivía Guerrero por los acontecimientos en Iguala la noche del 26 y madrugada del 27 de septiembre, en los que seis personas fueron ejecutadas y desaparecieron 43 normalistas.
“A mí eso me trajo algo de alivio, redactamos un escrito que ellos difundieron a través de las redes que tienen en Europa, ya con eso me sentí un poco más tranquilo porque sabía que estaba haciendo algo para ayudar”.
Posteriormente se trasladaron a Amnistía Internacional con sede en París, para hacer del conocimiento de la organización lo que acontecía en Iguala, sin embargo no fue necesario hacerlo, toda vez que ya había activistas mexicanos y extranjeros solicitando la intervención de esa institución.
El periodista Braulio Moro, quien cuenta con un espacio en Radio Francia Internacional (RFI) invitó a Nicolás de Jesús a su programa para abordar el caso Ayotzinapa.
“De esa manera hice lo que estuvo a mi alcance, difundir. Es muy bonito hablar de México desde las esferas oficiales para atender intereses del gobierno, dar una buena imagen aunque del otro lado esté pisoteando a la gente”.
El 7 de octubre visitó la Universidad de Picardie, en la ciudad de Amiens, al norte de Francia, donde se reunió con estudiantes de esa institución para hablar sobre el libro, sin embrago los jóvenes externaron su interés por conocer el caso y le manifestaron su preocupación por lo que sucedía con los normalistas de Ayotzinapa.
Durante su estancia en París también se contactó con Francisco Piña, líder de la organización de migrantes BeiSman, con sede en la ciudad de Chicago, en Estados Unidos. El activista le ofreció un espacio en su portal para difundir un texto en el que el pintor externara su sentir por el asesinato de los normalistas.
“La masacre de estudiantes normalistas de Ayotzinapa, Guerrero, confirma que México se acerca a un Estado fallido. Mientras los políticos de los tres partidos se reparten las ganancias mediáticas y electorales de los supuestos beneficios de las reformas peñistas, el país continúa desangrándose. La masacre en Ayotzinapa vuelve a poner en evidencia la relación de la clase política con el crimen organizado”, se leía en el primer párrafo del texto.
Continúa “¿Cuántos presos políticos más pondrán tras las rejas, además de los que ya están dentro? Tal es el caso de Nestora Salgado, Arturo Campos, Gonzalo Molina, entre otros. ¿Cuántos asesinados y desaparecidos más vendrán a engrosar las listas actuales? ¿Cuántos huérfanos y familias quedarán en la desolación y el dolor?”.
El pintor nahua comparó la masacre y desaparición de los normalistas con lo que sucedió en diciembre de 1997 cuando paramilitares incursionaron a la comunidad de Acteal en el municipio de Chenalhó, Chiapas, privando de la vida a 48 personas, entre ellas había niños y mujeres embarazadas.
Lo mismo con la matanza de Aguas Blancas ocurrida en junio de 1995 en el municipio de Coyuca de Benítez, en la Costa Grande de Guerrero, donde 17 campesinos pertenecientes a la Organización Campesina de la Sierra del Sur (OCSS) fueron asesinados por agentes de la policía estatal motorizada.
Los tres casos, asegura, han dejado en evidencia la represión que ejerce el Estado mexicano en contra de los movimientos sociales de campesinos e indígenas y que han motivado la intervención de organizaciones defensoras de derechos humanos de talla internacional, así como el repudio de ciudadanos de todo el mundo.
A Nicolás de Jesús se le quebró la voz más de una vez. Cuando recordó a su padre, cuando recordó a Alexis y Gabriel, cuando recordó que en Guerrero sólo los que tienen dinero acceden a la justicia. Se le quebró la voz cuando recordó que hoy hay miles de personas en las calles exigiendo la presentación con vida de 43 estudiantes desaparecidos.
A ellos los alentó a no desistir de su lucha, a continuar con su movimiento, a seguir marchando y gritando. Ellos, aseguró, han perdido el miedo.




