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Octavio Klimek Alcaraz

Reflexiones ante la tragedia

Los 36 días transcurridos desde la tragedia del pasado 26 de septiembre en Iguala han transformado la vida de mucha gente. Están las familias de las personas asesinadas esa noche; las de las personas heridas por las balas y las de los 43 estudiantes secuestrados de Ayotzinapa. También se observa una sociedad solidaria con todas las víctimas de esta locura criminal. Existe indignación y exigencia de justicia para ellas.
Ante las fuertes críticas de amplios sectores de la sociedad relacionadas con la tragedia ha pedido licencia al cargo de gobernador Ángel Aguirre. Ante la emergencia, en un proceso en el que los ciudadanos comunes y corrientes poco sabemos, se ha decidido elegir por el Congreso del Estado la propuesta de un hombre de la academia, el Dr. Rogelio Ortega, ahora ex secretario general de la Universidad Autónoma de Guerrero. La denominada “solución michoacana”, ya que en una circunstancia similar, fue el rector de la Universidad Michoacana el elegido para ser gobernador sustituto en Michoacán.
El mensaje de su elección por el Congreso es claro, se busca por su biografía de hombre comprometido y estudioso de las mejores causas de la sociedad; que el gobernador Ortega contribuya a distender y establecer puentes de comunicación con aquellos actores de la sociedad guerrerense, que hoy se encuentran movilizados por la tragedia de Ayotzinapa.
No debe soslayarse el tema de que más allá del justo reclamo de encontrar vivos a los 43 estudiantes de Ayotzinapa, y hacer justicia a las víctimas de la violencia; la ciudadanía sigue temerosa de los criminales, que asesinan personas como si fueran cucarachas. Ahora, se complica el asunto, principalmente en Chilpancingo, ante el reclamo de amplios sectores sociales que temen por sus bienes y fuentes de trabajo, ya que existen grupos dentro de las manifestaciones que le apuestan a escalar la violencia. Para ello, sabiendo que en estas circunstancias extraordinarias el uso de la fuerza pública seguramente no será empleado, han hecho acciones que están simplemente fuera de los principios de convivencia pacífica y de respeto a la legalidad. Más allá de la causa justa, esto está alejando y llevando al hartazgo a sectores importantes de la sociedad en Chilpancingo. Quienes recuerdan, por ejemplo, del movimiento de 1960 por la autonomía de la Universidad Autónoma de Guerrero saben de la solidaridad y sacrificio, incluso con la vida, de los chilpancingueños con ese movimiento. En 1960, toda la sociedad de Chilpancingo hizo causa común con los estudiantes huelguistas de la ahora Universidad Autónoma. Hoy, no se observa a la gente de los barrios tradicionales de Chilpancingo y de las principales colonias populares participando de manera masiva y directa en este movimiento, mucho menos en la toma de sus decisiones, que se entienden encabezan primordialmente maestros y estudiantes. Eso debería invitar a sus integrantes a reflexionar hasta donde cabe permitir excesos con violencia en una lucha por la justicia, que tiene su origen en la violencia y en la ausencia del estado de derecho en Guerrero, si es que están realmente interesados en sumar al pueblo de Chilpancingo en su conjunto en esta cruzada por la justicia y contra la violencia.
Por otro lado, no sé hasta dónde pueda el gobierno estatal contribuir en las tareas de seguridad pública y procuración de justicia. La realidad de Guerrero es que en amplias zonas de su territorio quienes mandan son los criminales. Sería dudoso esperar grandes resultados de una transformación en materia de seguridad en menos de un año. Pero se esperaría, por lo menos, que el gobernador Ortega envíe claras señales de voluntad política para alejarnos de los primeros lugares en el país en los niveles de violencia criminal, y para que hechos terribles, como los de Iguala, no vuelvan a suceder jamás. Obvio, esto también debe articularse con un cambio de ruta en materia de seguridad pública y de procuración de justicia en el propio gobierno federal.
Éstos son retos enormes para el gobernador Ortega. Para ello, él empieza a mandar señales de cambio con nombramientos en puestos claves de gente reconocida en la izquierda mexicana, pero también reconocidos por su formación y trayectoria en la administración pública, como por ejemplo, en la Secretaría de Educación y la de Finanzas y Administración. Hasta donde entiendo sin tomar en cuenta las presiones de las tribus perredistas, dadas al reparto de cuotas en espacios de la administración pública. Si esto sigue así, puede lograr tener un verdadero equipo de trabajo, que dé resultados concretos y además se deba a él como titular del Ejecutivo, y no a la tribu o al jefe de la misma. Esa puede ser una gran diferencia con el anterior gobernador, que repartió puestos primordialmente en función de cuotas, sin importar las necesidades y las capacidades que se tenían para la función pública. Así, se tenía de manera facciosa por el servidor público dos jefes: el gobernador y el jefe o jefes de tribu, que buscaba con dicha posición fortalecer a su tribu a través del espacio obtenido. Los malos resultados están a la vista.
Esperemos y deseemos realmente que tenga éxito en su misión como gobernador Rogelio Ortega. Aunque nadie es infalible, por las circunstancias, su margen de cometer errores es reducido. Está demasiado observado y todo se lo van a magnificar. Su paciente, el estado de Guerrero requiere cirugía mayor en el más amplio sentido y debe sobrevivir y recuperarse pronto. Su problema es el poco tiempo para hacer la cirugía requerida, la integración rápida del equipo de especialistas, las muy malas condiciones de la sala de operación, y de la sala de cuidados intensivos.

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