Periódico con noticias de Acapulco y Guerrero

Humberto Musacchio

Será necesario pasar del no al pro

Los priistas se tallan los ojos y no creen lo que están viendo. Se muestran incrédulos ante el rechazo juvenil a su candidato y han entrado en un periodo de angustia en el que, impotentes, presencian la caída de su abanderado en las expectativas de voto y buscan en los manuales del pasado la respuesta a los retos de esos mozalbetes que encarnan el futuro.
De poco les han servido los números de sus encuestas pagadas y cuchareadas. Se están desplomando y ni siquiera entienden por qué. Saben que algo se puede estar moviendo desde el cuarto de guerra del PAN, pero miran azorados que los mayores beneficios de todo lo que ocurre no los recibe Josefina Vázquez Mota, sino Andrés Manuel López Obrador.
Por supuesto, algo ha ido a caer en la buchaca azul, pero ciertamente es muy poco, tan poco, que hasta el candidato del Panal ha recogido más beneficios, pese al chiste que corre por ahí, atribuido al escritor Jaime Avilés, quien advierte que “si votas por dos candidatos el voto se anula, si votas por tres se anula y si votas por Quadri… ¡Se anula!”.
Por cierto, el mismo Jaime Avilés es autor de AMLO: vida privada de un hombre público (Editorial Grijalbo, 2012), libro que recoge momentos  y pensamientos definitorios del aspirante perredista, como ése en el que el tabasqueño dice: “Algunos piensan que gobernar es sentarse a dar órdenes y ya. ¡Nooo! La política es un oficio, y muy noble por cierto, siempre y cuando se practique de manera correcta, con rectitud, para servir al pueblo, no para servirse del pueblo”.
Pero volviendo al movimiento de los muchachos, los estrategas de todos los partidos están haciendo cuentas, pues los jóvenes entre 18 y 30 años representan 30.32 por ciento del total en edad de votar. Son casi la tercera parte del electorado, pero en los últimos comicios, el conglomerado que se sitúa en ese rango de edad fue el de mayor abstencionismo, lo que indica, más allá de retórica y cuentas alegres, que los partidos no logran convencer con lo que ofrecen o de plano que no tienen oferta para esos ciudadanos.
Hace seis años López Obrador y quienes participaban en su movimiento no creyeron en el triunfo de Felipe Calderón. Hoy, los universitarios no están dispuestos a aceptar la eventual victoria de Enrique Peña Nieto, a quien consideran un producto fabricado por la televisión y apoyado por los intereses más oscuros. No sólo lo ven como el candidato que representa más de lo mismo, sino que a los ojos de la chamacada él encarna la vuelta a un pretérito indeseable, el de Díaz Ordaz y Echeverría, el de Salinas y Zedillo, con todo lo que significan: Tlatelolco, 10 de Junio, guerra sucia, bombardeo de poblaciones indígenas en Chiapas, demagogia, enriquecimiento ilícito, sindicalismo charro, devaluaciones, control absoluto del voto y represión.
Ciertamente no es un tiempo que despierte nostalgias. Hoy estamos mal. Los gobiernos panistas no han sabido qué hacer para que crezca la economía, para crear empleos, para mejorar las remuneraciones y garantizar educación y salud para todos. Pero los jóvenes saben o por lo menos intuyen que la podredumbre priista no es la solución.
Pero el rotundo NO al candidato del PRI no es suficiente ni basta con dar la espalda a las elecciones, lo que significaría un gran favor para el PRI, que tiene el mayor voto duro y, por lo tanto, será el gran beneficiario del abstencionismo. Para que fructifique su esfuerzo, determinación y creatividad, los muchachos tendrán que pasar del no al pro. Es el paso siguiente, el paso necesario.

468 ad