Periódico con noticias de Acapulco y Guerrero

Juan José Dávila Ibarra

 El jugoso arte de dividir

La idea genial de que ganarle a Zeferino Torreblanca pasaba por dividir y ganarle al PRD en la fase de las precandidaturas con la premisa absurda, bien promocionada y sobre publicitada de que al ser Chavarría el candidato del PRD, Héctor Astudillo finalmente será el gobernador embelesó a priístas serios. Pero pocos han reparado en las razones del por qué el senador tendría que perder o vender la gubernatura que seguramente ganará con el PRD.

La premisa absurda ha venido cuajando porque ha logrado convencer a varios de que las bases del PRI llegarán puntuales y por voluntad propia a su exterminio; que llenarán con 100 mil votos las urnas perredistas y después se sentarán a esperar a que “le lleguen al precio al senador”.

Es una fantasía hecha realidad por la inercia electorera que obstruye la visión de que en verdad sí hay priístas resentidos y también oportunistas que han urdido este plan que ha crecido más por resonancia que por los mismos chavarristas.

La culminación del absurdo nos lleva a las cuentas alegres de perresistas, aguirristas, añorvistas, lopezrosistas, universitarios y en el extremo de la locura a los renejuaristas y astudillistas (que van a pagar para que les peguen).

Usar el PRI para dividir al PRD puede extraviarle los colores, porque finalmente la sociedad guerrerense no se extravía, es constante, lo ha mantenido desde el inicio de las encuestas que marcan los mismos volúmenes estadísticos que las marchas:

1. Astudillo, del 15 al 20 por ciento. Marcha: 15 mil.

2. Zeferino   del 30 al 38 por ciento. Marcha: 35 mil.

3. Chavarría, del 5 al 7 por ciento. Marcha: 5 mil.

El Partido Revolucionario Institucional con este extravío, se divide, aunque muchos no lo vislumbren, simplemente porque cuando le quiera cobrar las facturas al senador Chavarría entenderán que para él “es mejor toda la mina que un solo diamante” y verán brincar a priístas tricolores, previamente involucrados en la trama, hacia el nuevo priísmo amarillo, porque finalmente en este juego político lo que prevalece son los intereses y las conveniencias porque ya se sabe que a algunos priístas resentidos les conviene y les deja más Armando Chavarría que Héctor Astudillo.

Quien recuerde la división de los trabajadores de la Universidad Autónoma de Guerrero en 1997 en dos bandos definidos y confrontados por la Rectoría entre Armando Chavarría y                                           José Hugo Vázquez y el desenlace final de darle la mitad de los puestos en la administración central al perdedor Armando Chavarría a cambio de la gobernabilidad en nuestra máxima casa de estudios, podrá entender lo que en esta primera fase de precandidaturas le está sucediendo y le espera al Partido de la Revolución Democrática. Si no descubre y detiene a tiempo esta locura, el resultado va a ser la división confrontada y seguramente la debacle del perredismo en Guerrero.

En la Universidad de Guerrero el divisionismo es una escuela y nos ha dejado administraciones compartidas que sólo han enriquecido a una camarilla perenne que más que gobernar con esta aparente pluralidad se han amafiado creando una patente falta de credibilidad académica para nuestra alma máter.

Porque el poder no se comparte. Las comisiones negociadoras de parapeto (Félix Figueroa, Florentino-Donoso, Carlos Álvarez) sólo están ganando y gastando tiempo. ¿Por qué negociar los puestos del gabinete si no se está dispuesto a hacerlo?; ¿hay obligación del ganador de darle chamba en el gabinete a estos maestros del chantaje que ya han repartido los puestos gubernamentales entre sus huestes?

El arma de los 100 mil votos, (la única amenaza actual del chavarrismo), es como el petate del muerto, una presión hipotética hacia la pluralidad, no hacia la democracia, es su aparente convicción de demostrar hasta ese día la fuerza ciudadana que hasta hoy no ha podido demostrarla. ¿Por qué hasta ese día?, ¿su arma secreta son los priístas resentidos que llegan a 100 mil votos, incluido el voto del señor rector?

Una realidad moral es que si tuvieran humildad Félix Salgado, Ángel Pérez y Armando Chavarría ya hubieran declinado como lo hizo Zeferino en su tiempo por Félix Salgado. En lugar de eso han insistido en maniobrar hacia una conveniente pluralidad, hacia el reparto del botín político, a colocar a sus cuadros de grillos, sin tregua, sin pudor, sin clase. Estos políticos no se han dado cuenta que la sociedad ya sabe que la   riqueza guerrerense no es un monopolio radical de hegemónicos privilegiados y sería bueno que no siguieran repartiendo Secretarías de Estado en campaña.

El estado de Guerrero merece una oportunidad de crecer con un gobernante que llegue a la silla sin compromisos con la clase política, con el narcotráfico, con los taladores de árboles y con los experimentados en la tranza. Que sea ético, franco, claro, trabajador y que gobierne para todos y no sólo para sus amigos, pero sobretodo que tenga el proyecto más ambicioso que nuestro estado urgentemente requiere: hacer limpieza profunda en las cloacas hoy llamadas “procuradurías de injusticia”.

La pluralidad ha creado en las administraciones públicas desorganización, funcionarios sin funciones, antagonismo grave en la toma de decisiones, simulación y una sociedad fragmentada.

Hay algo que quizás los políticos ortodoxos no sepan y deban de saber: a esta sociedad ya no la pueden engañar tan fácilmente.

Que los detalles de los políticos nos alumbren el camino para elegir el buen gobierno y cito solamente uno que oí personalmente de Zeferino Torreblanca, aquel que en campaña por Las Salinas, rumbo a Zihuatanejo le dijo a un pequeño empresario de dulces de coco que le pedía 50 mil pesos, no como regalo, sino como préstamo para crecer: “Voy a gestionarlo como diputado, pero no te prometo nada, soy una persona seria y no me gusta crear falsas esperanzas”.

Los pequeños detalles dicen más que toda la palabrería de que le cobré o no le cobré al senador la propaganda política de una universidad pública colapsada por los obvios desvíos de recursos. Por eso vale la pena preguntarse si Zeferino Torreblanca, por no repartir dádivas en campaña, por no querer llegar comprometido a gobernar con mañosos, por no invitar a su campaña a la clase política de siempre, por insistir en gobernar con personas capaces de administrar y no de grillar, sea la persona soberbia que dicen aquellos que no fueron invitados esta vez a seguir como siempre: en la ubre del presupuesto público.

468 ad