El maestro Antonio I. Delgado, prolífico músico guerrerense de izquierda
Lo recuerda en entrevista su hija menor Irma Delgado Astudillo
Ismael Catalán Alarcón
Antonio I. Delgado Casarrubias, educador, compositor musical y ejemplar padre de familia, nace en la levítica ciudad de Chilapa, Guerrero, el 12 de marzo de 1891. Aprende sus primeras letras con la señorita Refugio Ocampo. Su instrucción primaria la concluye en el Colegio del Sagrado Corazón. De 1907 a 1910 hace sus estudios de Latinidad y Humanidades, en el Seminario Conciliar de Chilapa; al mismo tiempo que se desempeña como organista de la catedral de la población.
Quien informa lo anterior, es la contadora pública Irma Delgado Astudillo, que es una de las siete hijas que procreó el prolífero compositor musical en los tres matrimonios que tuvo:
“Mi papá fue viudo dos veces. Su primera relación con doña Mary Molina, le dio tres hijos; con el segundo, no procrearon ninguno, pues la señora murió de parto. Con mi mamacita, que era de Tixtla, fuimos cuatro hijas. En esa época morían muchas mujeres de parto, ya que las condiciones asépticas de Chilpancingo no eran las óptimas”.
Visito a la contadora Delgado Astudillo, quien es la menor de las hijas del fecundo creador artístico, en la casa que fuera de sus padres, en una colonia tranquila de la ciudad de Chilpancingo. Se respira en ese lugar un ambiente de paz. Aunque el maestro Antonio Indalecio Delgado murió en 1963, aún se siente su presencia. Ahí están todavía los dos pianos que él y su esposa dejaron; en el mismo sitio, en el mismo orden. Sólo hay un pequeño gran detalle: Uno de los instrumentos de más de cincuenta años de antigüedad “está desafinado y no se encuentra cerca quién lo pueda reparar”.
Recuerda que en el seminario, el profesor Antonio I. Delgado aprendió latín, griego, música, armonía y composición musical; “todo eso enseñaban en ese lugar. Los sacerdotes eran muy buenos educadores. Fueron sus compañeros los también músicos guerrerenses Moisés Guevara e Isaura Polanco. Mi papá era un apasionado lector. Tenía una cultura autodidacta muy extensa”.
Siendo muy joven aún, el compositor del vals Río azul”, decide ir a la ciudad de Puebla a realizar estudios de preparatoria, pero el movimiento popular revolucionario de 1910 lo obliga a regresar. Luego, su familia emigra al poblado de Ayutla. “Él se queda en el puerto de Acapulco, donde fue director de la Banda de Música Municipal. Algo tuvo que ver con el ejército porque después lo nombraron veterano de la Revolución”.
Su estancia en la Normal de Ayotzinapa
El maestro Antonio I. Delgado y su esposa Francisca Astudillo Navarrete, junto con otros profesores fueron fundadores de la Escuela Normal Rural de Ayotzinapa. “Trabajaron en ese lugar de 1933 a 1942. Mi papá daba clases de cultura musical y de psicología; en tanto que mi madre ofrecía clases de cultura musical y era la coreógrafa de todas las actividades musicales en la institución”.
–¿Había muchos conflictos políticos en la escuela?
–Los muchachos siempre han sido inquietos. Tenían tendencias izquierdistas pero eran muy ordenados y trabajadores. Yo nací en Ayotzinapa. Mis papás tenían una casita allí, justo en el lugar donde ahora está el monumento al profesor Raúl Isidro Burgos. Él era mi padrino.
Recuerda como si fuera ayer, que uno de los alumnos distinguidos de sus padres lo fue Celedonio Serrano Martínez, quien a la larga sería uno de los más destacados hombres de letras del estado y del país.
En alguna ocasión Serrano Martínez autor del libro El cazador y sus perros, comentó a quién esto escribe a propósito del maestro Antonio I. Delgado y de una hermosa canción en especial:
Indita linda,
flor de los campos,
que vas de prisa pá tu jácal
detén el paso, y oye, amorosa,
la voz de mi alma, mi inmenso mal…
“Esta canción yo la aprendí en los inicios de mi juventud, cuando a mi vida de mozalbete campesino solía robarle pequeñas temporadas para asistir a la escuela rural de mi pueblo. Ya no recuerdo qué maestro nos enseñó; me parece que fue el profesor Domingo Adame Vega”.
“Me la enseñaron en mi rancho cuando mi vida de campesino no tenía más ilusiones que casarme con alguna mujer honrada, cultivar mi parcela ejidal y tener unas cuantas vacas. Allá nunca supe del autor. En 1933, al llegar como estudiante, fue que conocí al profesor Antonio I. Delgado que era su autor. Nos volvimos muy buenos amigos”.
Teniendo entre las manos un hermoso libro de partituras musicales originales del maestro Antonio I. Delgado, la contadora Delgado Astudillo, recuerda que por esos años los estudiantes debían disponer de tiempo completo, ya que en el turno matutino recibían las clases académicas, en tanto que la tarde la ocupaban para atender los cultivos agrícolas, la panadería o el comedor. “También la escuela era mixta y recuerdo que en diez años solo hubo una muchacha embarazada”.
–¿Su papá tuvo alguna participación política en la izquierda mexicana?
–Sí. Él era muy liberal. Recuerdo que en mi casa era lo más común que cantáramos La Internacional. Él era admirador de Lombardo Toledano; la revista que se leía en casa era El Boletín de la URSS.
Su llegada a la ciudad de México
Cuando los hijos crecen y tienen que realizar estudios superiores, la familia Delgado Astudillo se traslada a la ciudad de México. Ahí trabaja como mentor en las secundarias números 1, 5 y 12 . “Ya grande mi papá estudia la especialidad de Geografía en la Normal Superior. Tenía 55 años de edad”.
Su acervo musical incluye composiciones de géneros tan diversos como chilenas, valses, boleros, corridos y bailables, entre ellas Río Azul, Indita linda, Cajita de Olinalá, Rebozo de Chilapa, Himno al árbol, evocación Olinalá, Irma, Sombrero chilapeño, Refresquerita de iguala y Flor de campo, entre otras que superan las 250 creaciones.
En la ciudad de México, era común que “mi papá se reuniera en bohemias con los también compositores José Agustín Ramírez y Moisés Guevara”.
–¿Su papá era bohemio bebedor?
–No. Cuando él se juntaba con los amigos era de día y se tomaba sólo unas dos o tres copitas. Cuando lo hacía se volvía más cariñoso. Nunca de los nuncas recibimos un maltrato de él.




