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La masacre de El Charco

 

Los campesinos mixtecos habitantes de El Charco despertaron la madrugada del domingo 7 de junio de 1998 cuando oyeron una balacera en el centro del pueblo. Se asomaron desde sus casas y vieron que la escuela primaria estaba rodeada por soldados. Después oyeron que un jefe militar, por medio de un megáfono, se dirigía a los que estaban en las aulas: “¡Salgan, porque se los va a llevar la chingada. Entreguen las armas, están rodeados, no tienen escapatoria. Salgan, perros!”.

Las balas se concentraban en dos aulas de la escuela, que se localiza en lo alto de una loma. Vieron que los soldados que rodeaban el lugar disparaban desde diversos ángulos, otros desde una loma a unos 200 metros de distancia, y había también militares en el techo de los salones de clases apuntando hacia abajo.

Los niños y las mujeres lloraban aterrorizados. Todas las familias abandonaron sus hogares y huyeron hacia el monte cuando entendieron que el jefe militar que hablaba por el megáfono amenazaba con acabar con toda la población.

Los que viven más cerca alcanzaron a ver cuando los campesinos salieron de los salones de clases, y se tendieron en la cancha de basquetbol, que está en la parte central de la escuela, entre las aulas y la dirección. Y vieron que en la cancha los militares disparaban contra las personas que iban saliendo. Había ya muchos muertos y heridos.

Sabían que en la escuela se encontraban durmiendo campesinos de comunidades cercanas que habían asistido a una asamblea, en la que participó un grupo de guerrilleros “encapuchados”. Era una columna del Ejército Revolucionario del Pueblo Insurgente (ERPI).

En la escuela de El Charco hubo 11 muertos, de ellos diez indígenas y un estudiante de la UNAM; cinco heridos y había 22 detenidos.

La mayoría eran indígenas que no estaban armados que habían asistido a una asamblea para buscar mejorar la vida de las comunidades.

Cuatro años después, el ERPI informó en un comunicado que en de los once muertos uno era su capitán José, tres eran combatientes de sus filas, y siete de la población civil.

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