Carlos Pérez Aguirre
Inconformidad y movilizaciones incontenibles ante corrupción e impunidad
*Estamos determinados a cambiar de una vez por todas a este país: padres de los jóvenes estudiantes desaparecidos.
Miles de personas salieron a las calles como nunca en la historia reciente del país se habían visto, y estos miles fueron representativos de todos los estratos y condiciones, mostraron su gran inconformidad y malestar ante los sucesos propiciados por los gobiernos de todos los colores y niveles, pero en especial en contra del gobierno priista del presidente Enrique Peña Nieto, al cual ya, como enorme clamor, se le exige que renuncie.
Se pudo constatar eso antier, al plantearse como una de las principales demandas de los ríos de ciudadanos. Estudiantes, médicos, obreros, maestros, profesionistas, familias enteras y miles más, que se manifestaron en casi todas las entidades de nuestro país, así como en las movilizaciones que confluyeron en la ciudad de México (tres caravanas encabezadas por los padres de los jóvenes desaparecidos de Ayotzinapa y otra del IPN), multitudinarias, ordenadas, grandiosas, demandantes, coloridas, dolidas, pero ante todo contundentes.
Pero ¿qué ha levantado tal ola de indignación y rebeldía en todo el país? Evidentemente, el catalizador, la gota que derramó la inconformidad y cordura ciudadana, sin duda, fueron los terribles asesinatos ocurridos en Iguala, así como la desaparición de los jóvenes estudiantes de la Normal Rural Raúl Isidro Burgos de Ayotzinapa. Pero adicionalmente, este estallido social de gran inconformidad corresponde a situaciones que se han acumulado y que ahora afloran por diversos lugares, y al parecer no se detendrán hasta no resolver de fondo los problemas.
¿Cuáles son estos? El primero y más importante es el que corresponde al problema de la inseguridad y sus conexiones gubernamentales de complicidad e impunidad en todo el país, como lo han estado denunciando diversas organizaciones sociales, periodistas, empresarios, defensores de derechos humanos, investigadores, y como también lo expresara ayer ante la multitud el padre de uno de los estudiantes desaparecidos, en el país hay cientos de fosas, miles de cadáveres sin nombre que esperan justicia.
La falta de garantías, algunas tan elementales como la vida, convoca en primerísimo lugar a la sociedad a movilizarse e inconformarse contra un Estado que no cumple con cuidar este básico derecho. La ciudadanía inconforme que se siente amenazada con los secuestros, extorsiones y pagos de piso, y que palpa una gran colusión y complicidad con los cuerpos de seguridad del Estado, hoy pierden su miedo y exigen seguridad, y plantea, si no pueden cumplir con esta mínima demanda, si no pueden detener la impunidad, entonces no merece dirigir, deben dejarlo en manos de alguien con interés, competencia y sin nexos delictivos. Un ejemplo de la complicidad y negligencia en el cumplimiento de sus obligaciones lo palpamos ahora en la entidad, lo observamos con el recién nombrado gobernador, el cual en vez de hacer justicia y llamar a cuentas al ex gobernador Ángel Aguirre como involucrado directo en los hechos de Iguala, prefiere adularlo y protegerlo, esa complicidad y falta de justicia subleva a la sociedad.
Hoy como ayer, el caso del presidente municipal de Iguala es emblemático, pues en vez de haberlo juzgarlo por los señalamientos de su probable participación en los asesinatos de dirigentes sociales, el gobierno de Ángel Aguirre no actuó y con ello propició los sucesos que hoy cimbran al país. Si ahora Rogelio Ortega no actúa contra el ex gobernante y su grupo de corruptos, podrían conformarse por omisión y contubernio nuevos conflictos cimentados en la impunidad, y la población demanda justicia.
Otro punto importante por el cual se salió masivamente a protestar en todos estos días, es la grosera y escandalosa corrupción, la inocultable Casa Blanca peñista pero en el ámbito local se acusa también al ex gobernador y a su familia de nepotismo, enriquecimiento y usufructo de prebendas, por lo que deben ser investigado y, en su caso castigados.
Es tal el cinismo e impunidad con que se realizan las corruptelas del poder que, de forma evidente y provocadora se ejercen nuevas agresiones y faltas de respeto al pueblo guerrerense, así la dirigencia chucha del PRD nombra al símbolo mas acabado del nepotismo y la corrupción aguirrista, a quien según trascendió en la prensa le fueron decomisados millonarios recursos que trasportaba al DF. Impunidad, falta de justicia y corrupción, tal parece ser el sello de la actual clase política; por ello, la ciudadanía masivamente protesta por esta situación que en definitiva no puede continuar.
Titishando. Mientras miles de ciudadanos marchan indignados en todo el país, el presidente Peña Nieto y su esposa hacen malabares y telenovelas para justificar el conflicto de intereses con uno de los principales beneficiarios de contratos millonarios (con recursos asignados, incluso mayores al presupuesto de la UNAM). Al parecer, el mandatario priista no convenció a nadie y la aberración seguirá punzando y será la marca de este periodo gubernamental, independientemente de su ya cuestionada duración. Dentro de la cauda de cinismo, corrupción y terror que inunda este país, la posición de Cuauhtémoc Cárdenas es, junto con las masivas manifestaciones, una bocanada de aire fresco y de esperanza. Éste pidió y lo refrendará en un debate público, la renuncia de la dirección de Los Chuchos apropiados indignamente de la conducción del PRD; su actuación ha hundido a este partido en el descrédito, cortando un instrumento que pretendía ser la conciencia que democratizara a la nación, objetivo por el cual lucharon miles de ciudadanos y vertieron su sangre varios cientos. Por su memoria y en la necesidad de contar con instrumentos organizativos que realmente respondan a los intereses de la gente, de los ciudadanos, Cárdenas demandó la remoción de esa corrompida dirección y que, como se mencionó en párrafos anteriores, en Guerrero validó una dirección estatal seriamente cuestionada.




